Yaviza en fiestas
Junto al gran Chucunaque, la Yaviza negra, india y campesina, estuvo de fiesta
LINA VEGA ABAD
lvega@prensa.com
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Cortesía de Olga Robles-PNUD
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Las niñas emberá-wounaan, ataviadas con sus
coloridas parumas y otros adornos, esperan el turno para mostrar el
arte de sus danzas. |
El bamboleo de San Francisco Javier -el santo patrón de Yaviza- a su paso por las estrechas calles del poblado, marcó uno de los hitos más importantes de las fiestas patronales celebradas el pasado viernes 12 de marzo, en el más alejado de los pueblos darienitas al que puede aún llegarse por carretera.
El rítmico paso y las sonoras melodías de los que cargaban
el anda del santo, así como el de todos los que marchaban detrás -incluyendo
al párroco, los misioneros y las monjas- constituía un maravilloso ejemplo
del sincretismo religioso que caracteriza la América negra.
Y justamente eso es Yaviza; pero no solo: Allí conviven desde hace 500 años, las comunidades negras e indígenas que comparten la aventura -no siempre fácil- de vivir junto y de la naturaleza, el abandono y la pobreza.
Pero nada de eso cuenta durante estos días de fiesta. El pueblo es un hervidero de gente venida de todos los pueblos de Darién y, por supuesto, de darienitas que viven principalmente en la ciudad de Panamá, con la nostalgia permanente de la tierra donde nacieron.
El bunde y el bullerengue llenan el ambiente de fiesta, y los vivos colores del último modelo de paruma (falda de colores que usan las indias emberá wounaan) fueron parte del especial sabor de estas fiestas.
El camino
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Los visitantes de la feria es-
cogen entre variados produc-
tos surgidos de las manos y
la creatividad de la gente de
Darién. |
Antes incluso de abandonar la provincia de Panamá, pero ya lejos de la ciudad, la presencia de la policía es notable. No son pocos los retenes a lo largo del camino, donde se precisa enseñar los documentos de identificación.
En una pequeña casa que sirve de oficina junto al Puente Bayano, un amable funcionario de la Dirección de Migración anota los nombres y las nacionalidades de quienes se adentran en la remota provincia.
"¿A dónde se dirige? ¿Va para las fiestas?", preguntaban algunos de los muchos policías apostados a lo largo de la ruta.
La carretera asfaltada hasta el poblado de Agua Fría es, quizás, la evidencia más palpable del tan publicitado Programa de Desarrollo Sostenible de Darién, ejecutado por el gobierno nacional con un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Pero a partir de allí y hasta Yaviza, la carretera aún es de tierra, aunque el programa incluye su asfaltado hasta esa población. La presencia de una que otra maquinaria, parece testimoniar que los trabajos continúan.
La polvareda que se levanta al paso de los carros y camiones es típica de estos meses veraniegos. Y, a lo largo de la ruta, la evidencia de un paisaje muy especial: a ratos hermoso por la extraordinaria naturaleza y otras desolador, frente a la terrible evidencia de la deforestación.
Y, cada cierto tramo, el paso de camiones cargados de enormes tucas de madera, dan triste testimonio del saqueo que no parece tener límite.
Fiestas y autogestión
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| La música y los bailes del
Festival del Bunde y el Bullerengue llenaron de
alegría la noche darienita. |
Por segundo año consecutivo, la fiesta tiene un componente adicional: una feria agropecuaria, cultural, artesanal y ecoturística. Se trata del palpable resultado del trabajo que vienen ejecutando los encargados de otro programa de desarrollo que tiene a Darién como destino: el Proyecto de Desarrollo Rural Sostenible de Darién (MIDA-PRODARIEN),
administrado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD).
Este año, la feria constituye un notable ejemplo de los avances en el fortalecimiento de las capacidades de organización y autogestión de los darienitas, como eje central de todo el proyecto.
Un paseo por el recinto ferial, ubicado a la entrada del pueblo, permitía constatar las posibilidades que tiene la gente cuando se organiza. Una tarima para el espectáculo -que no solo incluyó el bunde y bullerengue de la población negra, o los bailes de las mujeres emberá wounaan, sino también bailes congos y santeños, homenajes y variadas diversiones- constituía un destacado elemento de la feria.
Además, los puestos de quienes se animaron y decidieron participar pagando un alquiler, ofrecían una notable variedad de ofertas: hermosas artesanías hechas en tagua, madera de cocobolo y las típicas cestas de tejidas con chunga, una palma cada vez más difícil de encontrar; los más ricos patacones del país, junto a un delicioso pollo asado; jugo de caña directo del trapiche; un bar con cerveza de barril; juegos para niños y adultos y, para quien se animara, los tatuajes temporales con jagua.
"La recaudación del primer día fue de 300 dólares", contaba con entusiasmo Olga Robles, coordinadora de la oficina del PNUD en Darién.
No es para menos, a 25 centavos la entrada por persona, la recaudación constituía todo un éxito.
Pero más importante aún, el arduo trabajo de organización recayó íntegramente en la gente de la comunidad.
"La intención es que se fortalezca la capacidad de la gente de manera que, cuando el proyecto termine, puedan continuar con estas actividades para beneficio de todos", contó a La Prensa, Hermel López, director del proyecto MIDA-PRODARIEN.
Y en estos días preelectorales, la política fue también protagonista de la fiesta. El paseo de la bandera por las calles del pueblo, tuvo al Partido Revolucionario Democrático (PRD) y su abanderada, Balbina Herrera, como protagonista. Sin embargo, la falta de espontaneidad, evidenciaba que la práctica nada tenía que ver con las tradiciones darienitas.
Tampoco faltó la reina -Conchita I- que paseó su juventud y alegría por las calles, al mejor estilo carnavalero.
La noche no podía terminar sin la oportunidad para el baile. Y, la oferta era amplia: desde la música típica interiorana -apetecida sobre todo por la población campesina que desde hace ya años vive en Darién- hasta la más popular cumbia.
Al final, la fiesta se metió de lleno en cada casa de Yaviza; brotó de cada rincón del pueblo y llenó de música y alegría por algunas horas, la dura vida de quienes cada día se enfrentan con la pobreza y la marginación, en esta tierra de la desigualdad.
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