Panamá, 12 de marzo de 2004
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Sociales
Horóscopo
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

De promesas electorales a la decepción permanente

Después del 2 de mayo las promesas electorales no tardarán en desvanecerse con la misma velocidad con que fueron pronunciadas

Pedro Rivera Ramos
pedrorivera58@hotmail.com

El pasado lunes 2 de febrero, los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá protagonizaron ante las cámaras de televisión lo que con gran eufemismo la cadena organizadora llamó "el debate del pueblo". Dos horas transcurridas de supuesta confrontación electoral, solo sirvieron para despejar el único veredicto popular posible: ni hubo debate ni hubo pueblo, salvo que con relación al pueblo se quiera identificar a todos aquellos conspicuos miembros de los partidos representados, que estuvieron cómodamente sentados frente a los candidatos. A este "debate" le tejieron, aprovechando el inmenso alcance y poder de los medios de comunicación, expectativas tan desmesuradas y fáciles de comprobar si nos remitimos a sus pobres resultados y su escaso impacto. Lo acontecido parece tener mucha semejanza con ciertas peleas de boxeo profesional que suelen ser publicitadas como "el combate del siglo o del milenio", sin embargo, al concluirse el pleito, la percepción entre los aficionados discurre entre el fiasco, la estafa y la decepción.

El "debate del pueblo" demostró, una vez más, que es evidente que nuestros partidos políticos están inmersos en una crisis de credibilidad que se profundiza con velocidad asombrosa. Resulta frecuente ver en nuestro medio, sin el menor asomo de análisis, la reproducción por parte de los políticos profesionales de formas y conductas políticas propias de otras latitudes, y muy ligadas, estrechamente, a la crisis o desgaste que padece la democracia representativa en gran parte del planeta. Junto al discurso vacío, insustancial, sin mensaje creíble o saturado de promesas fantasiosas, prevalece la estrategia electoral basada en conceptos mercadológicos y diseñada por consultores foráneos, siempre empeñados en el renombrado "manejo de imagen", e identificando a los electores o votantes como "clientes" y a las propuestas de los candidatos como sus "ofertas".

Hoy los candidatos a la Presidencia de la República quieren hacernos creer que la corrupción es un fenómeno generado por los gobiernos y las personas que lo ejercen y que, en la eventualidad de que ellos sean beneficiados por la aceptación popular, tal problema será erradicado. En ese sentido, parecen sugerir que la impopularidad del actual gobierno, de Alejandro Toledo en Perú o la reciente insurrección popular en Bolivia, nacen exclusivamente de su traición a las aspiraciones de las grandes mayorías de estos países. Ocultan así, deliberadamente o no, que la corrupción, así como el desempleo, la delincuencia, la pobreza y otros males sociales que aquejan a nuestra población, son concomitantes al propio sistema económico-social que los sustenta y genera. Desconocen, o pretenden desconocer, que en la actualidad asistimos a la génesis de una crisis innegable de las formas tradicionales de participación política a través de los partidos, donde ser tránsfuga hoy es casi una virtud y no una acción repudiable. Por ello, vienen irrumpiendo cada vez con mayor fuerza movimientos alternativos y de participación ciudadana que ponen al descubierto el deterioro evidente de la democracia representativa y del orden neoliberal que se cree y creía eterno.

Las donaciones a las campañas electorales, muy común aquí como en otros países que pretenden ser ejemplos de honestidad gubernamental en el hemisferio, resultan la prueba más contundente de que la corrupción es un rasgo intrínseco del sistema político vigente, y de que las promesas electorales de los candidatos a la Presidencia -en el sentido de combatirla o eliminarla una vez accedan a la máxima magistratura del país- son simple y llanamente una decepción anticipada o un preludio de una decepción más. Ya veremos nuevamente las sospechas o las certezas que levantan; nombres, empresas o sociedades registradas como donantes en el partido político vencedor, y vinculados luego a licitaciones, obras o exoneraciones inauditas.

Vivimos en un mundo donde en muchas ocasiones lo falso, la quimera, lo insustancial, se nos presenta como lo verdadero, lo real y lo esencial. El reino de lo aparente, alcanzando categoría de existencia. Eso explica por qué, cuando se trata de promover un disco musical, ya no es tan importante la letra de las canciones modernas que contiene y sí los movimientos provocativos del cuerpo, la escenografía deslumbrante y el vestuario ligero de jóvenes sexys que dejan poco a la imaginación. También puede explicarnos el porqué de los mensajes insulsos o las promesas engañosas que a diario repiten los políticos, como si fueran verdades eternas. Es que sencillamente no hay límites cuando se trata de captar votos, sobre todo, entre los desprevenidos. Solo esto puede ayudarnos a comprender cómo alguien, en su sano juicio y sin temor a la ridiculez, cae como fulminado ante la mano "santa" de un pastor evangélico.

Estoy casi seguro de que después del 2 de mayo, con independencia de quién resulte vencedor en los comicios para presidente, las promesas electorales de campaña no tardarán en desvanecerse con la misma velocidad con que fueron pronunciadas. Pero de lo que sí estoy completamente seguro es de que ninguno de los candidatos actuales variaría un ápice con la transformación neoliberal que está en marcha en nuestro país, y que amenaza, en el futuro cercano, con desencadenar grandes conflictos sociales.

El autor es ingeniero agrónomo y profesor en la Facultad de Ciencias Agropecuarias - Universidad de Panamá

Además en opinión

. Espíritu emprendedor: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. Civilistas, cuidado nos gana el PRD: Jorge Gamboa A.
. De promesas electorales a la decepción permanente: Pedro Rivera Ramos
. Tribunal Electoral: ayer no, hoy sí: René Hernández González





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá