'Un viejo que muere es una biblioteca que arde'
La salvación de la Caja de Seguro Social es mucho más que reformar y salvar una institución del Estado
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Con este título inicia uno de los capítulos que más me impresionó del último libro de Felipe González, titulado Memorias del futuro. Se puede estar a favor o en contra de las políticas de Felipe González, pero lo que no se puede discutir es su contribución, junto a otros políticos de lujo de signos ideológicos adversos, en la construcción de la España moderna.
Según González, José María Maravall le expuso esta frase al discutirse la Ley de Pensiones: "La dignidad de una sociedad se mide por el trato que da a sus ancianos".
Esto plantea el problema no solo en términos económicos, sino en los culturales y éticos. La jubilación es el "refugio de autonomía en la soledad".
Hay otras sociedades (básicamente asiáticas y africanas) que no tienen las condiciones para asegurar una pensión, pero que a cambio dan todo lo demás a sus mayores: los escuchan y respetan, pues reconocen que están llenos de experiencia y sabiduría, y los tratan realmente como lo que son: una especie de "biblioteca viva".
Durante un viaje que hice al Japón invitado por el gobierno (siendo presidente de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá), encontré que todos los de la contraparte japonesa tenían entre 80 y 90 y pico de años. Eran viejos, venerables y venerados, y totalmente activos. Por el contrario, en nuestros países -como escribe González- en muchos casos "jubilación" es lo contrario a júbilo. Significa más bien apartamiento de la sociedad, con frecuencia de la familia...aislamiento y espera. Significa pérdida de conciencia de utilidad para los demás, angustia porque lo que se aprendió durante toda la vida se convierte en algo que lo acompaña pero que nadie recibe, porque no se aprecia. La jubilación se convierte en espera sin esperanza. La vejez se entiende como enfermedad, no como madurez. Demasiadas veces "viejo" y "estorbo" significan la misma cosa y el efecto psicológico es devastador; además, ¡cuánto capital humano desperdiciamos por nuestra ceguera cultural y ética!
Tenemos la obligación ética de ser solidarios...de mantener lo que nuestros padres y abuelos hicieron cuando crearon la Caja de Seguro Social.
Ahora le toca a esta generación reformar la Caja de Seguro Social para lograr su viabilidad frente a las vidas que son más largas gracias a los avances en la medicina, pero manteniendo nuestra ética y valores solidarios.
Sin duda la reforma requerirá de actos de valentía de liderazgo político, que seguramente incluirán cosas tan difíciles como la igualdad de género, el aumento de las edades de inicio de la jubilación, la modernización radical de la estructura y costo de la institución, la liberalización de sus métodos de inversión, el aumento de cuotas en la forma más justa posible, y la autonomía legítima de su administración.
La salvación de la Caja de Seguro Social es mucho más que reformar y salvar una institución del Estado.
Será la mejor señal de la clase de sociedad que somos hoy, y cuáles los niveles de dignidad humana, valores y ética dentro de ella. Esta no será una lucha de balboas y centavos; será mucho más...y tendrá que ser muy pronto.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
. Respeto y diversidad
política: Flor Ortega
. 'Un viejo que
muere es una biblioteca que arde': I. Roberto Eisenmann, Jr.
. Juicio, discernimiento,
razonamiento: Jacinto López Alemán
. La otra cara de
San Felipe: Milton Castillo A.
|