Una bomba de tiempo
En Panamá, solamente el neurocirujano Anastasio Ameijeiras maneja la nueva técnica de embolizar aneurismas. Hasta el momento, ha tratado alrededor de 110 casos con esta técnica
ANA MATILDE ICAZA
aicaza@prensa.com
|
LA PRENSA/Geovanni Hernández
|
 |
|
Isaac Garley
|
Imagínese que lo acaban de tirar al mar, indefenso, con los conocimientos básicos de natación, y como su suerte está cada día peor queda rodeado de tiburones. La manera de prevenirlo... nula, las probabilidades que salga con vida... pocas.
Esta es la situación en la que muchos se encuentran al sufrir de un aneurisma intracraneal.
En los países desarrollados, se dice que un 20% de los pacientes que sufren de este mal arterial mueren y no hay manera de prevenirlo.
¿Qué es un aneurisma?
Según el neurocirujano Carlos Briceño, un aneurisma es la dilatación de una arteria cerebral que se vuelve como un globito o saquito propenso a romperse.
Desafortunadamente, según Briceño, hay un 50% de pacientes que ni siquiera llegan al hospital y fallecen tan pronto se rompe el coágulo.
Muchas veces ocurre que el paciente y el médico demoran en detectar el problema, ya que "es muy difícil saber que una persona está sufriendo de un aneurisma", señaló el especialista.
"Uno está normal, y de repente, sientes el dolor de cabeza más fuerte que hayas sufrido en tu vida", añadió.
Esta condición no discrimina sexo ni edad, pero es más frecuente en personas de 40 y 50 años de edad.
Las frases "sentí como un bombazo en la cabeza", "un intenso", "súbito", "de repente" y "rigidez en la nuca", pueden servir de advertencia.
El estado del paciente depende del tamaño del coágulo. De acuerdo con su condición, el afectado puede llegar caminando cual Pedro por su casa al hospital, mientras que otros quedan en estado de coma.
¿Cómo tratar un aneurisma?
Inicialmente, para trabajar un aneurisma en el cerebro había que abrirlo para entonces rebuscar el problema y arreglarlo mediante unas grapas metálicas.
Esta cirugía, además de lo dolorosa que es, tiende a ser de alto riesgo, más en aquellos que presentan enfermedades alternas.
Pero existe una nueva técnica que se implementa en Panamá desde 1999. Se trata de unos
coils
, que son como unos alambres de platino que se meten por la ingle (mediante la aorta y la carótida) hasta llegar al cerebro. Una vez el
coil
llegue al aneurisma, un generador de corriente lo rompe de manera que este se enrolle dentro del saquito.
En Panamá solamente Almeijeira maneja este tratamiento, confirmó Briceño.
Vivieron para contarlo
Ani Motta tenía 39 años cuando ocurrió.
"Una tarde de un día normal, salí de mi oficina a las 5:00 p.m. y me fui con una amiga a tomarme un refresco.
"Hablábamos de cosas normales cuando le dije a mi amiga, 'no me siento muy bien'. '¿Qué te pasa?', preguntó.
"Entonces sentí un calambre en las piernas y me dieron náuseas... sabía que quería pararme de la silla pero no podía.
"Después de las náuseas me dio un dolor de cabeza que vino desde la nuca. Dice mi amiga que me puse muy blanca y vomité. Ella llamó a un doctor que estaba cerca y este me dio una inyección de Grabol.
"Me vinieron a buscar, y pude caminar hasta el carro.
"Recuerdo ver que me traían una vasija plástica para que yo vomitara... y de allí no recuerdo más".
Motta fue hospitalizada unos días antes de la operación, de los que no recuerda nada, a pesar de que se comunicaba con coherencia.
"Me abrieron la cabeza con un
drill
y me pusieron un
clip
", continuó.
Luego de la operación notó que una parte de su cabeza se hundió un poco más que el resto. Con el tiempo, esta tomó su forma original.
Para Isaac Garley ocurrió el 28 de marzo de 2001.
"La noche del 26 empecé a sentir una jaqueca y fui al médico. Este me mandó unas pastillas (de esas baratas) pensando que tenía una migraña.
Esperé que hiciera efecto pero empeoré. Al día siguiente, el dolor era más intenso y me recetaron pastillas más fuertes. Llegué a mi casa, me acosté y no supe más de mí.
Mi señora recurrió a los vecinos, quienes pensaron que estaba muerto.
No fue hasta el 15 de mayo cuando volví a tener conciencia.
Desperté amarrado a la cama; era un paciente intranquilo, pues salía de una etapa muy mala en mi vida", dijo.
Garley solía consumir drogas como el
crack
antes del suceso. Durante su recuperación, logró rehabilitarse.
 |
| Ani Motta |
"No creo que yo haya estado propenso al aneurisma por el consumo de drogas, pero agradezco en cierta forma que haya pasado", agregó.
Garley es paciente del neurocirujano Anastasio Ameijeiras, quien lo operó utilizando la técnica del alambrado.
La prevalencia de aneurismas intracraneales en autopsias
panameñas está alrededor de 2%y 4%.
A nivel mundial, se dice que de todos los pacientes que
sufren de un aneurisma 1/3 vuelven a su estado normal, 1/3 quedan con algún
grado de incapacidad y 1/3 mueren.
Entre un 80% y 85% de los pacientes que sufren de un
aneurisma no presentan síntomas sino hasta que el coágulo se rompe y ocurre
la hemorragia.
El 15% de los pacientes que presentan síntomas tienen
un aneurisma gigante y sienten que algo les está comprimiendo el cerebro.
En algunos casos se les paraliza el movimiento de los ojos.
Fuente: Anastasio Ameijeiras, neurocirujano.
Además en revista
.
Una bomba de tiempo
.
CON EL CAFE
.
SUPISTE...
.
TIERRAMERICA
.
TEC 'A LA CARTE'
.
CONVERSACION CON UN 'CROMAGNON'
|