Panamá, 2 de febrero de 2004

 
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¡ Peloteros a la brava!

HARMODIO ARROCHA JR.
harrocha@prensa.com

El cuadro dramático que vive en carne propia el técnico Aníbal Reluz en el campo de concentración del equipo mayor de Panamá Oeste, es un cuadro patético que refleja crudamente la realidad del sufrido deportista panameño abandonado a su suerte.

¡Qué pena!, o quizás, lo más adecuado es ¡qué desgracia!, jamás pensé que ya no podría ocurrir algo peor.

Las condiciones inhumanas y los problemas económicos que rodean el entrenamiento de la preselección mayor del Oeste son terriblemente frustrantes.

No sé si Reluz hace bien en someter a estos peloteros, que muchas veces llegan con hambre y sueño, a un campo de entrenamiento que únicamente pueden utilizar cerca de la medianoche.

La tropa del Oeste entrena en un cuadro de fútbol (El Matuna) cuyo uso está limitado y luego de una larga espera ingresa casi a medianoche al terreno del Justino Salinas después de que los juveniles terminan su faena.

Reluz, al frente de una tropa devastada por los problemas económicos, reaccionó ayer indignado por los problemas que rodean a los jugadores y aseguró que si tiene que empeñarse para llevar al equipo al torneo nacional, lo va a hacer.

Peloteros a la brava

Veamos el crudo perfil de los peloteros del Oeste.

Doce de los 24 jugadores que tienen asegurado un cupo en el roster oficial, trabajan en la construcción y solo disponen de tres a cuatro horas para dormir.

Muchos de ellos llegan al entrenamiento solo con un almuerzo y muchas veces un parco desayuno.

Los jugadores de las localidades de Chame y San Carlos viven de tirar bloques en una construcción y de hacer fundación.

Otros simplemente no tienen trabajo y reciben apoyo de los técnicos para cumplir con las prácticas.

El campo corto del equipo que fue uno de los titulares en 2003, es un jugador que tira de 800 a mil 200 cajas diarias en la Cervecería Barú-Panamá.

Hay dos jugadores que tienen que levantarse a las 5:00 a.m. para trabajar en la construcción y llegan a su casa a la 1:00 a.m. del día siguiente.

El grueso de los jugadores es concentrado a las 10:00 p.m., a la hora que termina de jugar el equipo juvenil y salen del Justino Salinas faltando un cuarto para las doce de la noche.

Un pelotero que reside en una comunidad del Valle de Antón, en San Carlos, recibe una sesión de entrenamiento especial, debido a que solo duerme tres horas para luego levantarse a trabajar en la construcción.

Esto no es todo. El cuerpo técnico no tiene nada asegurado en cuanto a sus honorarios y por los vientos que soplan, su estabilidad en la conducción del equipo dependerá de una colecta que ya puso en práctica el piloto Reluz.






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