Panameños del siglo XX en el siglo XXI
Hay miles de ejemplos de conductas y paradigmas en Panamá, en los que prima la búsqueda del camino corto y fácil a costa de los derechos y libertades de terceros
Eduardo Espino L.
eduardo25@cwp.net.pa
El 1 de enero de 2019 cumplen mayoría de edad y, por ende, son ciudadanos formales, salvo disposición en contrario, los panameños nacidos en 2001, es decir en este nuevo siglo recién iniciado.
¿Qué quiere decir esto en términos demográficos y sociológicos? Que quienes estarán empezando a tomar las riendas de la sociedad panameña de ese entonces son hijos de la internet, de los celulares, de las ondas satelitales de consumo cotidiano y quién sabe de qué otros novedosos artificios tecnológicos que definitivamente cambiaron nuestras vidas y marcan una era totalmente inédita. Son personas que antes de llegar a su edad adulta, vieron como normal el cambio acelerado de la tecnología informática y su inclusión como herramienta común de uso cotidiano. Esto obviamente está ocurriendo en todo el mundo y a diferentes velocidades y estilos.
El Panamá de hoy da tumbos en su camino a adaptarse a nuevas realidades que son irreversibles en períodos prolongados de tiempo; a pesar de utópicos violentos y fanáticos y de despistados que se oponen a la globalización, los llamados globofóbicos. Oponerse a la era que vivimos es como oponerse al agua tibia o a la televisión o al Renacimiento en su momento. Es un olímpico surrealismo politiquero, creador en varias partes del mundo del fundamentalismo suave o light.
Si en países avanzados está costando asimilar la nueva época, incluso a los supuestos inventores de la misma, en Panamá el precio es mayor a pesar de que algunos creamos en "cogerlo suave" y sentarse a pensar de la misma manera o resistirse a lo nuevo "jugando vivo" con un papel de víctima pasiva de una conspiración internacional. En el siglo XXI no solo ha evolucionado la manera o los métodos de encarar los problemas del presente y el futuro inmediato, sino también las preguntas que hay que hacerse para luego reformar paradigmas. Las asimetrías económicas no se nivelan pensando y haciendo más de lo mismo: estatismo paternal, monopolios y concentración de poder político, o seguir creyendo dogmáticamente que lo bueno para Estados Unidos es malo para Panamá.
En nuestro ambiente de "vivolandia tropical" tenemos muchas carencias que nos ponen contra la pared ante los grandes retos pendientes, que no se enfrentaron a tiempo y hoy afloran con mayor rudeza y crudeza. En pocas palabras, con varias décadas perdidas, en especial los 21 años de dictadura, los políticos criollos nos hicieron creer a la generación del siglo XX, o a parte de ella (los hijos predilectos de la revolución o la partidocracia), que habíamos dado el gran salto.
En el Panamá de hoy, hay un traslape de prácticas arraigadas del quehacer político y actitudes del siglo pasado, incluso del antepasado, de afrontar las necesidades actuales de la población restringiendo la libertad para encontrar soluciones viables.
Encontrar una empleada de servicio doméstico es una proeza parecida a ganarse la lotería, y se dice que "no hay empleo"; prefieren ganar cero a ganar 100 ó 150 por mes porque el bus "no me deja enfrente de la casa", o no puede hablar indefinidamente por teléfono. Buscar a un plomero o a un electricista es una odisea: si se encuentra es incumplido; o si es cumplido, es deshonesto. O el protagonismo pandillero de grupos de estudiantes universitarios fracasados que no dejan estudiar al resto. O la indefensión de los consumidores ante las empresas del cartel privado de la luz y el teléfono; o la falta de trabajadores que hablen inglés a pesar de haber convivido con EU por más de un siglo.
Hace unas semanas observaba en TV a dos jóvenes abogadas cuyas edades sumaban menos que la edad de uno de los otros panelistas que defendía a capa y espada el statu quo de la Zona Libre en relación al proyecto de la Zona Económica Especial de Howard. Hay miles de ejemplos de conductas y paradigmas en Panamá, en los que prima la búsqueda del camino corto y fácil a costa de los derechos y libertades de terceros.
Creemos que crecimiento económico es la panacea y no tenemos un concepto -y mucho menos una praxis- de lo que es el desarrollo humano. Ante un panorama así y una ciudadanía desmotivada es poco lo que podemos lograr para adentrarnos en los vericuetos de una era de incertidumbres. Habrá que esperar quizás a que los nuevos panameños nacidos en el siglo XXI lo hagan.
El autor es médico y licenciado en derecho, amigo de la Fundación Libertad (www.fundacionlibertad.org.pa)
Además en opinión
.
El código da Vinci: Xavier Sáez-Llorens
.
¿Costumbre de la violencia?: Hernán A. De León Batista
.
A la Sala Penal: Roberto Arosemena Jaén
.
Panameños del siglo XX en el siglo XXI: Eduardo Espino L.
|