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Una angustia permanente
El desempleo se ha convertido en una de las
mayores angustias de los panameños. El problema no es
exclusivo de San Miguelito
JOSE ARCIA
jarcia@prensa.com
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| El Valle de Urracá es uno de los sectores golpeados por
el desempleo en el distrito de San Miguelito. |
Diversos son los problemas que afronta el distrito
de San Miguelito, con una población de 293 mil 745 habitantes, según
el censo del 2000 de la Contraloría General de la República.
Dividido en nueve corregimientos, este distrito, con una extensión
territorial de 50 km2, tiene entre sus grandes problemas sociales
el desempleo y la falta de centros de empleos, lo que ha constituido
al distrito en una ciudad dormitorio.
La población económicamente activa (15 años
en adelante) de San Miguelito es de 155 mil 649, de acuerdo con
una encuesta de hogar de la Contraloría en agosto del 2003.
De este total, 130 mil 270 personas manifestaron tener un empleo
y 25 mil 379 dijeron estar desocupadas.
El problema se torna gris. De las 130 mil
200 personas que trabajaron la semana pasada, solo 70 dijeron
tener trabajo fijo. En otras
palabras no tienen un trabajo permanente. Viven de los llamados “camarones” o
del empleo informal.
Del total de la población económicamente
activa (155 mil 649), 88 mil 721 son del sexo masculino y 66
mil 928 del
sexo femenino.
Las que más sufren
Las mujeres son las más agobiadas por el desempleo, al presentar
la cifra más alta en comparación con la de los hombres.
De acuerdo con la encuesta, del total de las
66 mil 928 mujeres económicamente activas, 53 mil 500 indicaron estar ocupadas,
pero con la triste situación de que ninguna tiene trabajo
fijo.
Los hombres no han tenido suerte para conseguir
un trabajo permanente. Solo 70 hombres de la población económicamente activa —88
mil 721— manifestó tener un trabajo fijo. Un total
de 76 mil 700 indicó haber trabajado la semana anterior
o forman parte de la economía informal.
En cuanto a la población desocupada,
la cifra de las mujeres es de 13 mil 428, mientras que la de
los hombre es de 11 mil 951.
Los desempleados
En la comunidad de El Valle de Urracá, del recientemente
creado corregimiento Arnulfo Arias, se palpan estas cifras y las
consecuencias de este problema. Además, moradores cuentan
su vía crucis para conseguir un empleo o de lo contrario
hacer hasta lo imposible para conseguir “algo para la paila”.
Brigilio Caisán, de origen emberá, se vino para
Panamá hace siete años con la esperanza de conseguir
un empleo. Al principio la situación fue difícil,
luego de cinco años consiguió un empleo en el Ministerio
de Educación, de celador, allí laboró por
espacio de dos años.
Caisán confiesa pertenecer al partido MOLIRENA y que estaba
contento con su trabajo, pero las contrariedades de la política
hicieron que lo perdiera.
Según Caisán, a raíz de la polémica
pública protagonizada entre Jesús “Maco” Rosas
y Arturo Vallarino en las elecciones a lo interno del partido quedó sin
empleo.
El trabajo lo conseguí, dijo, porque “inscribí 150
personas al partido y Vallarino me nombró”, pero cuando
el colectivo cambió de presidente quedé desempleado.
Los camarones
Tiene cinco meses de estar desempleado y desde
entonces se dedica a hacer “camarones” para conseguir
algo de dinero.
Caisán no realiza una actividad específica, a veces “me
dedico a la artesanías y a trabajos de construcción,
pero todos eventuales y por poco tiempo”.
Caisán vive con sus esposa, Doris Chocha, y sus seis hijos,
el mayor tiene 19 años, quien también está desempleado.
Su esposa está inscrita en el partido Cambio Democrático,
tiene un trabajo de aseadora en la alcaldía y a veces lo
tiene que hacer en la sede del colectivo por el mismo sueldo y
no le pagan seguro social, denunció Caisán.
“Hay semanas que me gano 40 dólares, pero a veces
que quedo hasta tres semanas que no sale ningún trabajo”,
señala.
A raíz de que se quedó sin trabajo le cortaron la
luz eléctrica al no pagarla.
Caisán también se quejó por la carencia de
los servicios sociales como el agua. El pasado miércoles,
tenían 20 días que no le llegaba el líquido.
Luis Camargo también “camaronea” para sobrevivir,
ya que no ha conseguido trabajo; él se dedica a hacer reparaciones
domésticas. Al llegar a la vivienda de Caisán llevaba
una pieza de lavadora que acababa de arreglar y que se prestaba
a instalarla y así cobrar su mano de obra, que no es mucho
porque su cliente está en la misma situación que él:
desempleado.
Camargo tiene tres años de estar sin
trabajo formal, por lo que trata de conseguir algo para reparar.
Trabajó dos años en la alcaldía de este distrito
por contrato en los primeros 16 meses y luego obtuvo la permanencia
y ocho meses después fue despedido.
Dijo que su despido se dio luego de que le
reclamó a las
autoridades alcaldicias el pago de sus cuotas obrero patronales,
ya que cuando iba a la Caja de Seguro Social no lo atendían
porque el Municipio no reportaba las cuotas.
Con el poco dinero que consigue tiene que
ahorrar algo para la educación de sus dos niños que cursan la educación
básica y la media.
Vivir en el desempleo
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| Israel Rodríguez |
Los niños y jóvenes cobran 25 centavos
por llevar un cubo de agua desde la pluma comunitaria, loma arriba,
hasta
alguna vivienda en la cima del cerro. Eso es cuando llega el agua...
Mientras tanto, un macumbero se mueve entre
las casas para vender algunas ramitas para el baño de la buena suerte. El anciano
emberá no le compra nada, no porque no crea en el milagro
que le ofrecen sino porque le falta el otro milagro: no tiene plata
ni agua... El macumbero se va en silencio. Israel Rodrígues
es testigo de esta escena y de muchas situaciones más.
El es presidente del Comité de Trabajo de la Comunidad
Altos de la Torre Emberá. Rodríguez labora como guardia
de seguridad.
Cuenta que el desempleo es “alto” y tiene sus raíces
en la falta de educación o una mano de obra calificada,
sostuvo.
Si a una persona con estudios se le hace difícil conseguir
un empleo, a estos moradores que no tienen una preparación
profesional se le hace más difícil.
Con el desempleo también se presentan otros problemas sociales
como la delincuencia y la desnutrición.
Por el problema del desempleo se ha aumentado
la delincuencia en el sector. Una persona que no tiene trabajo
y con hijos y una
esposa hace lo que sea para conseguir algo de dinero y en esa situación
se encuentran muchos moradores.
Una residencia que queda sola en horas de
la noche es propensa a que los delincuentes ingresen y se roben
lo poco que tiene su
dueño. Esto no solo es una actitud de un delincuente común
sino también de una persona desesperada por conseguir algo
de dinero y comprar la comida para su familia.
En este sector hay muchos niños desnutridos producto del
desempleo. Si sus padres no trabajan, cómo pueden conseguir
la comida para estos infantes.
Cuando un niño se enferma y si sus padres no tienen dinero
para llevarlo al hospital cómo se hace, solo ver que tu
hijo sufre y sin poder hacer nada por la falta de dinero. Si logras
llevarlo al médico cómo hacer para comprar los medicamentos
cuando solo has podido conseguir para el pasaje.
Entonces vemos que el desempleo influye directamente
en la salud pública de los moradores, concluyó Rodríguez.
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