Raíces: La arteria principal de la ciudad
Harry Castro Stanziola
Fotos: Todos los derechos reservados de Ricardo López Arias
revista@prensa.com
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Se trata de otro tramo muy concurrido en esos
tiempos de nuestra ya en parte descrita Avenida
Central. La calle más
cercana que aquí la atraviesa es la Avenida A. A la derecha se ve el edifico
de "La Concordia" en esos tiempos con su bar. Más
adelante quedó la compañía Peikard, al fondo el City Bank y varias farmacias.
A nuestra izquierda, en la planta baja del edificio que se ve, quedaron en un
tiempo
almacenes de materiales de construcción, al inicio del señor Layons o de la
familia Duque después. Pasando la calle
estaba la popular refresquería fundada por Mijalitzianos. Arriba del edificio,
los
consultorios de los odontólogos Alemán.
Le seguía la primera sede propia de la
Lotería y al fondo la mansión de la familia Arias Feraud y la Iglesia de la Merced.
En
la plaza de Arango, que aquí no se ve, pero que estaba muy cerca, se jugaba casualmente
la lotería los domingos, de
manera que para ese día aumentaba el
número de ciudadanos que llegaban has-
ta allí
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Las fotografías que les entregamos hoy no son tan arcaicas como las que generalmente acostumbramos ofrecerles. Ya que tal parece que fueron tomadas en las últimas etapas de la productiva vida de Carlos Endara, nuestro fotógrafo
oficial.
Los automóviles que en las tomas se ven son como de costumbre
la mejor guía para poder afirmar qué tan antiguo es el material.
La antigua Avenida Central que es la que aparece aquí, ya para entonces era conocida con ese nombre, así como el de la Avenida 7ª también y, francamente no sabemos por qué. Ojalá hubiesen existido siete avenidas en la mayor parte del área de la capital. La Avenida Central, según la última de las nomenclaturas, termina en la esquina en donde quedaba el edificio conocido como el Casino, que ya desapareció.
Casi que fue una lástima que lo derribaran, pues aun cuando no era una joya arquitectónica, sí fue bastante la historia de la vida común y diaria que atestiguó.
La arteria citadina tuvo desde sus inicios muy variados nombres. Así cuando se funda la nueva ciudad de Panamá en 1673 aparece en los primitivos planos con el nombre de Calle de San Antonio la parte correspondiente al este y como de Córdoba la situada en el oeste.
Para 1850 la actual Avenida Central lleva dos nombres: Calle de las Monjas (al este), y Calle de la Merced, al oeste.
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Aquí tenemos el tramo
de la actual Avenida Central, así se llamaba cuando la fotografía
fue tomada y que corresponde al trayecto que pasa frente al
parque de Santa Ana. En determinados momentos ese cuadro tuvo
un comercio muy solicitado, y la parte superior de, por ejemplo,
la primera casa que se ve a nuestra derecha, estaba copada
de oficinas de profesionales del derecho, de la medicina o
de la odontología, sin contar las sedes de algunas organizaciones
políticas también. Se ve también el elegante y bien surtido
Bazar Francés, de la Compañía Heurtematte. Entrar en él era
un verdadero placer por lo amplio, cómodo y fresco, además
de la fina mercancía para caballeros y damas que allí se ofrecía.
Más adelante quedaban almacenes como la archifamosa sedería
La Luna y otras más. El edificio que sobresale, el más alto,
era el conocido como La Pollera (por sus adornos exteriores)
y era propiedad del señor Herbruger. A nuestra mano izquierda
vemos a unos militares provistos de defensas cefálicas contra
el sol; el popular quiosco de Santa Ana, y al fondo, lo que
en ese tiempo era ya la Casa Zaldo. Si los militares que vemos
hubieran cruzado la calle, habrían hallado mucha sombra, ya
que los almacenes tenían corredores cubiertos, o sino coberturas
a manera de toldas contra el inclemente sol.
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Para 1906 aparece por primera vez el nombre de Avenida Central,
que también estaba formada por trayectos con otros nombres, así: carrera de Ricaurte entre las actuales calles 2ª a 5ª, y Bolívar de la calle 7ª a la 10ª. En lo que se refiere al curso posterior los nombres de la calle eran: de la Constitución,
y de la Calzada.
Tal como se ve y ya lo hemos dicho en otras ocasiones el cambiar de nombre a las calles, avenidas, aeropuertos, estadios o gimnasios ha sido un recurso por lo menos de muy mala educación, cuando esos lugares ya tenían nombres de personas o de países. Sin embargo, eso ha sido muy del agrado de ciertos políticos que no desaprovechan cualquier ocasión para ganarse las simpatías y los favores de aquellos a quienes quieren agradar.
Los datos de los nombres de las calles que se han expuesto más arriba fueron consignados por el historiador Juan Antonio Susto en un artículo que tituló "Nomenclatura de las calles de la ciudad" y que apareció en la revista
Lotería
en 1947.
La Avenida Central todavía parece que la van a hacer cambiar. No sé si le añadirán o reemplazarán más nombres, si seguirá siendo en parte peatonal o no. Si será de una o dos vías, si es que la vuelven a transformar.
Lo que sí se puede afirmar es que continuará llena de avisos de baratillos, de nombres de los almacenes que no dejan ver la arquitectura de las casas y de algunas atrocidades más.
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