Aeropuerto de Tocumen o cosas rarísimas
¿Cómo es posible que en vez de tener un letrero que diga orgullosamente "Bienvenido a Panamá", lo que tenemos es un aviso de cuidado con la fiebre aftosa?
Carlos Costa Recuero
Dos cosas rarísimas presencié la noche de mi llegada a nuestro aeropuerto de Tocumen; quizá más muestras de la caricatura en la que se ha convertido el aeropuerto de Tocumen.
A saber, una son los letreros con mensajes alarmantes que es lo primero que se ve a la llegada a Panamá. Es un letrero de advertencia tanto para los que llegan a nuestro país, como para los pasajeros en conexión. No se ha terminado de salir de la manga, cuando justo enfrente hay un letrero que proclama algo muy parecido a esto: "asegúrese de pisar la alfombra pues de esa manera combatimos la fiebre aftosa".
¿Qué clase de locura es esa? ¿Será algún chiste o algún juego mental para animar a los cansados viajeros? Ojalá...pero sospecho que no lo es. Lo que sí es, es un letrero que alarma sin razón.
Los turistas que llegan a Panamá -o quien sea que pase por Tocumen- pensarán que aquí los panameños tenemos fiebre aftosa a tutiplén, ¿o no? Y que además tenemos fiebre aftosa hasta en las zapatillas o en las alfombras, a tal punto que nos preocupamos por colocar letreros de advertencia en cada puerta de nuestra terminal aérea.
Además, ¿qué hacer para evitar contraer esa terrible enfermedad? Pues el letrero recomienda caminar sobre la alfombra (¿?). Que alguien me explique, porque esto parece ser demasiado avanzado.
¿Cómo es posible que en vez de tener un letrero que diga orgullosamente "Bienvenido a Panamá", lo que tenemos es un aviso de cuidado con la fiebre aftosa? Estamos de cabeza. Esos letreros, no importa a quién se le ocurrió, hay que quitarlos.
Ningún aeropuerto en nuestra América Latina tiene esos letreros. Y nosotros, ¿por qué tenemos que tenerlos y para espantar a quién?
Los panameños vivimos en una tierra sana con la que nos ha bendecido Dios, en la que no tenemos pestes exóticas de esas que en estos tiempos pululan por otras tierras. Ergo, nuestros turistas no tienen por qué ser alarmados con letreros de ese tipo, letreros locos sin ton ni son.
Por favor, señores que están a cargo de Tocumen, remuevan esos letreros de nuestras puertas de Tocumen.
Lo segundo rarísimo es esa bandada de talingos, o como sea que se llamen esos pajarracos tinaqueros que sobrevuelan el estacionamiento de nuestro aeropuerto internacional, emitiendo sonidos espeluznantes que más bien evocan el filme clásico de horror del cineasta Alfred Hitchcock, The Birds.
Los pajarracos del estacionamiento de Tocumen no son pajarillos preciosos de colores que revolotean alegres y silvantes por nuestros azules cielos panameños... No, son pajarracos de basura feos. Feos a más no poder. Hasta parecen demoníacos. Son de los pajarracos que merodean los crematorios. ¿Esos tendrán enfermedades? Por favor... y ojo con cualquier caca volante que os pueda caer en el coco. Y sobre los carros, ni se diga, los pintan de blanco. No sé si a todas horas la situación es igual, pero a las 6:30 de la tarde los pajarracos estaban alborotados.
Tal parece que en el aeropuerto de Tocumen se ven cosas muy raras: letreros fuera de lógica o pajarracos dantescos. Por ello, pensándolo bien, estoy de acuerdo con el escrito "La farsa del turismo en Panamá: aeropuertos y red vial", de Jaime E. Figueroa Navarro, quien nos habla de la paupérrima situación en nuestro aeropuerto internacional, el cual, como sugiere el autor, parece más bien un aeropuerto tribal de algún poblado recóndito del Africa.
Luego de alarmarme con los letreros de fiebre aftosa para dar la bienvenida a Panamá, y de escapar milagrosamente la arremetida de los pajarracos fantasmales, creo que Figueroa Navarro tiene toda la razón: la situación en nuestro querido aeropuerto de Tocumen es una farsa. Y yo añadiría, una tragicomedia.
El autor es empresario
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