Perspectiva
Impulsos suicidas
Estados Unidos no singularizó a los ciudadanos de Brasil para ficharlos, sino que los incluyó en una larga lista de países, 150, que requieren de visado para ingresar a EU; Brasil sí apartó a los estadounidenses para darles un trato diferente
Sergio Muñoz Bata
sergio.munoz@latimes.com
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| La funcionaria Mary Armbrust toma los datos
de un viajero, según el nuevo sistema de migración US-VISIT system,
que incluye huellas dactilares y foto, en el aeropuerto internacional
Hartsfield Jackson, en Atlanta, EU. Las huellas digitales y la foto
del viajero se muestran en el monitor y son verificadas porteriormente
mediante una base de datos.
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Al reaccionar de manera atolondrada al incremento en las medidas de seguridad en aeropuertos estadounidenses, un juez brasileño ha puesto a su país en un serio predicamento.
La excelencia del servicio exterior brasileño, de merecida
fama como el más profesional de América Latina, ha sufrido un serio descalabro
gracias al activismo desmesurado de un camorrista juez brasileño.
Respondiendo de manera impulsiva al incremento en las medidas de seguridad en los aeropuertos estadounidenses, el juez del estado de Mato Grosso, Sebastiao da Silva, ordenó a las autoridades migratorias brasileñas improvisar un sistema de fichaje de los viajeros estadounidenses que visitan Río de Janeiro, fotografiándoles y tomándoles sus huellas dactilares.
La prisa y la deficiente tecnología brasileña hicieron que, por cumplir con las medidas del juez, los trámites de entrada de los estadounidenses a Brasil se dilataran más de nueve horas. Esto después de un viaje que toma más de 10 horas de vuelo y tres horas de espera en aeropuertos estadounidenses.
La controversia empezó la primera semana del nuevo año, cuando la Secretaría de Seguridad Interior inauguró un sistema de fichaje para extranjeros que visitan Estados Unidos. Según este, los ciudadanos de 150 países que requieren de un visado para internarse en territorio nacional serán registrados con fotos y huellas dactilares electrónicas. Los extranjeros provenientes de 27 países que no requieren de un visado para ingresar a Estados Unidos están exentos.
El nuevo programa tiene una doble finalidad. En primer lugar, reforzar la amenazada seguridad nacional en tiempos de terrorismo; el otro, fortalecer un sistema de inmigración tan deficiente que permite que unos 10 millones de personas vivan y trabajen en el país sin tener el obligado permiso migratorio para hacerlo.
Las nuevas medidas han creado una enorme controversia y varias agrupaciones defensoras de los derechos civiles las han visto como una invasión al derecho a la privacidad de las personas. Temen que la sombra ominosa del Big Brother que George Orwell predijo vigilaría a la sociedad a partir de 1984, finalmente se haya materializado. Otro temor es que otros países sigan el ejemplo de Brasil e intenten reciprocar fichando a los estadounidenses que visitan su país. También es evidente que el sistema tiene muchas limitaciones, pues hasta la fecha se ha identificado a varios terroristas ingleses y ningún brasileño o mexicano, y los británicos no serán fichados.
Reconozco que es difícil vencer el impulso de responder de la misma forma a la arrogancia del poderío militar, económico y diplomático estadounidense, tan ampliamente evidenciada el año pasado. El problema, como bien lo ilustra la desmesurada respuesta brasileña, es que la sinonimia que Brasil pretende establecer en este caso no existe. Estados Unidos no singularizó a los ciudadanos de Brasil para ficharlos, sino que están en una larga lista de países, 150, que requieren de visado para ingresar a EU; Brasil sí apartó a los estadounidenses para darles un trato diferente. Brasil no ha sufrido un ataque como el que EU vivió el 11 de septiembre de 2001.
Brasil no vive bajo la amenaza de bandas de terroristas arropados en el fanatismo religioso. Brasil no tiene el problema migratorio que Estados Unidos tiene con las personas que ingresan al país con un visado temporal, y luego permanecen en él indefinidamente.
En la postura brasileña hay también problemas de índole práctico. Si lo que espera el Gobierno brasileño es que el Gobierno estadounidense reaccione de manera timorata y modifique las medidas de seguridad para exceptuar a los ciudadanos brasileños, yo diría que las acciones del juez Da Silva, en vez de ayudarles, han complicado más la gestión. Si antes de la reacción excesiva era poco probable que EU cediera, ahora es imposible.
En la actualidad, unos 600 mil estadounidenses visitan Brasil anualmente y si continúan los actos hostiles contra ellos es difícil concebir que habrá muchos dispuestos a viajar a Brasil en el futuro. Una disminución del flujo de estadounidenses a Brasil tendría repercusiones catastróficas para el turismo, los negocios y las inversiones estadounidenses en el gigante del sur.
Algunos legisladores del partido de los trabajadores de Brasil han anunciado su intención de formular una propuesta que aglutine a los países del Mercosur en una respuesta conjunta a las medidas estadounidenses. Si la propuesta llegara a tener éxito, su gestión conduciría a sus respectivos países a un precipicio sin fondo. En tiempos de emergencia debe prevalecer la razón y la comprensión.
El autor es miembro del consejo editorial de Los Angeles Times
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