El beso de las vacas locas
Ganaderos de Brasil esperan que la crisis
de las "vacas locas" que sufre Estados Unidos les represente mayores entradas económicas.
Brasil es el segundo mayor exportador de carne.
Mario Castro Arenas
mosaico@prensa.com
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| El ganado de la granja Angus Herr's del condado
Chester en Pennsylvania es alimentado con una mezcla que incluye
los desechos de la cercana fábrica
de comida chatarra Herr's. |
Como en los tiempos pavorosos de la Inglaterra de fines
de siglo, en estas fábricas los trabajadores no marcan tarjeta de entrada ni de salida. Bajo la luz implacable de los tubos de neón, las obreras trabajan amontonadas en pequeños cubículos a lo largo de 24 horas, todos los días de la semana, sin recibir salario ni atención médica. Su trabajo consiste en comer a toda hora y en engordar hasta que sus carnes alcancen una flácida
inconsistencia.
En imágenes de pesadilla que no alcanzaron a narrar Charles Dickens ni George Orwell, las granjas ganaderas de producción intensiva de Estados Unidos y los países industrializados grafican en el siglo XXI un modelo de producción alucinante, procreador del mal de las vacas locas, fiebre aftosa y otras calamidades genéticas y microbianas.
Calificado por los ganaderos tradicionales como un modelo demencial de producción ganadera, las granjas de los países industrializados se han convertido en fábricas de producir carne. Un ganadero español sostiene que la granja moderna pavimenta el camino de las epidemias. Amontonamos miles de animales genéticamente uniformes en bodegas poco higiénicas generando una virtual orgía para los microbios. Reciclamos el estiércol de los animales y los desperdicios de un establecimiento como alimento. Procesamos la carne a una alocada velocidad en presencia de sangre, heces y otras posibles fuentes de contagio. La ironía es que este modelo de producción alimenticia, diseñado para colocar las ganancias económicas por delante de la buena salud animal, no tiene ningún sentido económico a largo plazo. El mal de la vaca loca costó a Gran Bretaña más de mil millones de dólares. "El precio de la fiebre aftosa probablemente será igualmente devastador" afirman los investigadores Brian Haiweil y Dani Nierenberg del Instituto Worldwatch de Washington, que estudiaron los efectos sociales y ecológicos de la producción alimenticia.
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| Ganaderos de Brasil esperan que la crisis
de las "vacas locas" que sufre Estados Unidos les represente mayores
entradas económicas. Brasil es el segundo mayor exportador de carne. |
Aseveran los investigadores norteamericanos que las montañas de estiércol que generan las granjas fábricas contaminan el aire y el agua, alteran nuestros ecosistemas y crean atmósferas enfermizas en las comunidades rurales. El abuso de antibióticos ha creado nuevas formas de microbios resistentes a las medicinas, incluyendo la salmonela, E.coli y camplyobacteria. Recientes estudios revelan que los animales de las granjas fábricas de Estados Unidos consumen alrededor de diez veces más la cantidad de antibióticos
que consumen los humanos.
De acuerdo con los expertos que critican las granjas fábricas, el caso de Estados Unidos es el ejemplo extremo de la reconversión que se viene operando en la ganadería. Hasta la década de los sesenta, existieron granjas de 50 vacas. Pero en las décadas siguientes se multiplicaron centros ganaderos de más de mil animales, y a veces con explotaciones de entre 16 mil y 20 mil cabezas. En Texas hay explotaciones que superan las 30 mil cabezas de ganado. Son fábricas gigantescas de producción de carne, grasas, leche, en las que los animales apenas pueden moverse, hacinados en instalaciones donde son alimentados a toda velocidad con piensos de dudosa calidad para abaratar al máximo los costos. Allí, sin tregua ni descanso, las vacas son atiborradas de hormonas y antibióticos, provocándoles un estrés continuo que debilita sus defensas inmunológicas.
La OMS, la FAO y la Comisión Europea vienen alertando hace tiempo a los Estados sobre el desencadenamiento de riesgos para la salud humana derivados de la producción intensiva de carne, leche, grasas y sus múltiples derivados industriales. Preocupa el aumento de enfermedades típicas del ganado, como tuberculosis y brucelosis bovina, cada vez más difíciles de tratar por la aparición de cepas bacterianas resistentes a los antibióticos.
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| Ultimas investigaciones rastrean la temida
posibilidad de que no solamente la carne, sino también la leche,
sea portadora de la temible enfermedad. |
Pero la reaparición de la Encefalopatía Espongiforme Bovina( EEB) en una vaca de una granja de Washington ha exhumado el debate sobre los riesgos de contagio a seres humanos. Como sucedió en Inglaterra, donde el gobierno conservador presidido por John Maior presionó a ciertos científicos para que no revelaran los alcances del contagio en humanos, autoridades del Departamento de Agricultura de Estados Unidos han tratado de ocultar la realidad de las fábricas de carne, acusando a granjeros de Canadá como exportadores de la vaca contagiada. La revista médica
The Lancet
recogió estudios acerca de diez casos de Creutzfeldt-Jakob atípicos detectados en personas jóvenes. Por esa época, los especialistas más calificados en patología animal y transmisión de enfermedades animales al hombre declararon que, en definitiva, permitían sospechar que el mal de las vacas locas en menores de 60 años se puede multiplicar en los próximos años. De acuerdo con los científicos ingleses, el mal se puede adquirir por dos vías: por transmisión de padres a hijos y la cadena de descendientes y por contagio al comer carne infectada. El agente responsable es una proteína de un grupo denominado Prión. Los priones son proteínas normales en mamíferos y aves, y supuestamente están relacionados con los mecanismos del sueño. Al parecer, se produce un defecto en la conformación espacial de estas proteínas, que determina su pliegue en forma anormal. Esto conlleva a la precipitación de los priones defectuosos sobre las membranas de las células nerviosas, produciendo la muerte por acumulación.
Ultimas investigaciones rastrean la temida posibilidad de que no solamente la carne, sino también la leche, sea portadora de la temible enfermedad. La leche es ingrediente constitutivo en la producción industrial de lápices labiales, dentífricos y otros artículos de consumo masivo.
Bajo esas circunstancias, el beso de una mujer que usa lápiz labial podría ser un beso mortal. O una inocente pasta dental podría ocasionar que en un lapso entre dos y ocho años aparezca poco a poco una dolencia con las características de la enfermedad de Alzheimer, esto es, una progresiva degeneración genética que lleve a la catatonia y a la locura. Por ahora, son hipótesis que se manejan en los gabinetes científicos.
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