Panamá, 10 de enero de 2004

 
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Sobran huecos y faltan señales

La ciudad de Panamá es rica en huecos y pobre en señales de tránsito. El asunto ha llegado a niveles graves

Herasto Reyes
hreyes@prensa.com

La avenida Simón Bolívar (Transístmica) no escapa de los huecos, que ya son elementos comunes en las distintas calles de la Ciudad Capital. En la vía Tumba Muerto hay un hueco para cada llanta. El asunto es cada vez más grave.

El tema no es para nada novedoso, los reporteros gráficos los han retratado todos, pero las autoridades correspondientes se hacen de la vista gorda y no ven el sinnúmero de huecos que hay en las calles de la ciudad de Panamá. No los ven o no los quieren ver.

Todas las calles, desde importantes avenidas como la Vía España, la Transístmica o la avenida Balboa, hasta las calles de las barriadas populares, están pobladas de huecos. En muchos casos insalvables, profundos, extensos, traicioneros, no hay forma de escapar de ellos.

Por ejemplo, en la calle principal de Pedregal hay unos huecos insalvables, si el conductor de un vehículo trata de esquivarlo, de seguro que corre el peligro de chocar con el carro que en sentido contrario viene por el carril que el primero usó para esquivar el hueco, si frena de pronto para no caer en el zanjón, el carro que viene atrás igualmente le puede pegar.

Se produce el choque, ¿quién lo paga? Aquí no hay ley de protección o de seguridad de los conductores, todo correrá por cuenta propia.

Las calles de alto tráfico no tienen hombros ni aceras, si por casualidad el carro cae en uno de estos vacíos laterales se le destrampa todo y además tendrá que pagar una grúa para sacar su vehículo de la orilla de la calle. Esta situación afecta de manera directa a los peatones, que no tienen por dónde caminar de manera segura.

Los conductores tienen que sortear los huecos aun a riesgo de pegarle a otro carro.

La falta de señalización es otro dolor de cabeza. Se supone que marcar una línea blanca en los bordes de la calle y una interrumpida entre dos carriles, es una forma de indicarle al chofer cuáles son los márgenes de la vía. Pero en un gran número de calles no hay líneas blancas.

Un ejemplo es la carretera de cuatro carriles que va hacia el aeropuerto de Tocumen. Eso es una trampa, desde San Miguelito para adelante. En la noche aquello es una suerte del acierto. El conductor tiene las luces de los carros que viajan en sentido inverso en su contra, las luminarias públicas no existen o están una aquí y la otra no se sabe dónde.

La falta de señalización y de luminarias deja por noche a uno o dos vehículos zampados en la zanja divisoria de los carriles. Tampoco aquí se miden las razones del accidente y el dueño del vehículo tendrá que cubrir este descuido negligente de las autoridades.

Ese es el problema, reconocido por choferes particulares, de carros comerciales, taxistas y buseros, y por los peatones, que ven el peligro cuando se transita a ciegas y sin protección alguna.

“Tener carro en esta ciudad es carísimo, porque cada vez que cae en un hueco se dañan los amortiguadores o se desinflan las llantas”, se quejan los conductores.

El Ministerio de Obras Pública (MOP) se ha limitado a decir que “se está haciendo todo lo posible para remediar esta situación en todas las calles asfaltadas de la capital”. En enero del 2002, Víctor Juliao dejó de ser ministro del MOP, en ese periodo se ejecutaron 45 obras, cuyo costo ascendió a 62 millones de dólares, pero las calles del área metropolitana quedaron en pésimo estado.

Con la renuncia de Juliao, el actual ministro, Eduardo Quirós, asumió la responsabilidad del MOP. No obstante, poco se ha avanzado en la solución de este problema.

Cuando no es un hueco en la losa de las calles, son los desniveles de las bocas de las alcantarillas.

En la avenida de los Mártires, dos motociclistas se ven obligados a sortear los huecos antes que los traicionen. Hay huecos oficialmente construidos. Reparan una calle y por no subir al nuevo nivel, el hueco queda más profundo.

 






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