Panamá, 9 de enero de 2004
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Justicia o intenciones subliminales

Los dos contendores están posicionados en esquinas de un tinglado, en el cual parece que desean que el árbitro sea el pueblo y no los tribunales

Anel González
anelpsi@hotmail.com

En las últimas semanas las pantallas de los televisores, la primera plana de todos los diarios y las emisoras de radio no han cesado de presentar ni de exponer una trama de un drama, que abstraído del contexto político, no tendría ni merecería mayor atención. La lid entre Pérez y Weeden ya empieza a perder, lo que en publicidad, se denomima el primer impacto sensorial, pasando a traslucir veladamente otra de las invisibles intenciones.

Y es que hay una serie de factores que van, poco a poco, bajando el perfil de entrada de lo que el Sr. contralor ha querido exponer a la comunidad nacional, como una información que, a renglón seguido, habría de producir efectos nocivos, por triangulación, en el candidato del PRD. Si esta fuese una de las intenciones, las estadísticas de más de una encuesta dicen que ese disparo no ha dado en el blanco. En absoluta independencia de la verdad o de la falsedad de las acusaciones que el contralor le imputa al ex presidente Pérez o de la reacción de éste, la imagen del primero se deteriora a la simple percepción del más humilde ciudadano; aunque a decir verdad, la del ex presidente no ha quedado precisamente bien parada. Los dos contendores están posicionados en esquinas de un tinglado, en el cual parece que desean que el árbitro sea el pueblo y no los tribunales, pese a que uno y otro han procedido por la vía de las instancias judiciales.

Mas al examinar esta situación, no nos queda más que intentar mirar bajo el icerberg. Lo primero que hay que develar es el móvil de la lid. Toda lid tiene un motivo que, de no darse, hay una imposibilidad insalvable que la torna una ilusión. En el ánimo de Weeden, ¿cuál es el móvil de su decisión? Si su ánimo hubiese sido, o fuese, el que por haber descubierto una belleza del ex presidente mientras este ejercía el mando se justificara llevarlo al banquillo, entonces su proceder contradice su ánimo. En este caso estaríamos frente a una condición de dicotomía entre la voluntad y la conducta. Porque aquí viene bien el dicho que reza "en guerra avisada no muere soldado", por lo que no le encuentro sentido que el contralor haya lanzado al éter las pruebas que ha debido presentar antes que nada y únicamente ante las instancias legales correspondientes. Hasta donde sé, él es de profesión abogado, de modo que su proceder, en este tan importante caso, parece que se podría malograr por aquello del debido proceso que él mismo habría esperado que se le siguiera al ex presidente Pérez. Me pregunto si propalar a los cuatro vientos la abundancia de evidencias comunicadas y publicadas, ¿podrá contribuir a sentar en el banquillo, en forma definitiva, al ex presidente? O soy tan inocente como para pensar que el Sr. contralor habrá querido alertar al ex presidente Pérez. O si el proceder de Weeden se enmarca en lo que yo denominaría, la triangulación del proceso, tirando el anzuelo a la palestra pública, en el que el ex presidente es la carnada y el partido bajo el cual logró su presidencia y su actual candidato devendrían los peces que en verdad quiere atrapar.

Ya pasados e idos son los tiempos en que al pueblo se le embarcaba o se le confundía con este tipo de lances de guerra de baja intensidad. ¿Busca el Sr Weeden que al ex presidente se le haga una especie de juicio público, en un tribunal abierto o popular? Si esto es lo que se pretende, las reglas de este tipo de juicio no están consensuadas, por tanto dicha expectativa no pasaría de ser una ilusión, deviniendo en un acto signado por el más puro oportunismo. Si el propósito es que se le siga una investigación y se lleve a juicio, en estricto derecho, el procedimiento de Weeden parece no ajustarse a los debidos procesos y normativa, como ya lo he indicado. ¿Desconocería el Sr. contralor que al ex presidente Pérez lo ampara la inmunidad del PARLACEN? Entonces la pregunta es, ¿qué es lo que pretende el Sr. contralor? Por ahora me parece que este affaire es por lo menos una comidilla del menú a devorar en los cafés y bares del país, pese a que la Corte Suprema de Justicia ha emitido criterio en relación con el contrato de PECC. Pero este fallo no hace mella ni cambia el meollo del cotejo Weeden-Pérez.

Desde la perspectiva del ex presidente, la trama hasta ahora se presenta en tres tiempos. El primero estuvo marcado por el más impenetrable hermetismo, que no así imperturbabilidad, mientras que el Sr. Weeden lograba el asedio de los medios y parecía, a los ojos de muchos, haber asestado un jab a la mandíbula, del cual el ex presidente no podría reponerse. Pero mientras el más amurallado silencio parecía imperar, el ex presidente Pérez pasa a un segundo acto. Con sus declaraciones públicas, a puerta cerrada, asesta un primer golpe al Sr. contralor, que ya al responder pareció haber perdido el marco de poder y convicción que animaron sus primeras acusaciones públicas, mientras que el Sr. Pérez acude, en derecho, a la Corte Suprema, y gana terreno en cuanto a la acción primeramente interpuesta por el contralor, debido a lo improcedente de la cautelación, a no decir más del amparo de la inmunidad conferida por el PARLACEN.

En este marco de acciones, el tercer momento adquiere mayor dramatismo, dado que a la par del levantamiento de la cautelación, el ex presidente pasa a dominar la escena y amenaza con sentar en banquillo a quien lo desea sentar a él. El giro paradojal baja las apuestas. Ahora el Sr. contralor ha de defenderse de las acusaciones que vienen a coronar los eventos en este aparente encuentro de dos poderes, que como lo percibimos no de ningún modo desigual. Mientras, paradójicamente, la Corte Suprema tendrá que emitir nuevo criterio debido al recurso de reconsideración que interpondrá la DRP, en relación con el levantamiento de la cautelación de los fondos del señor Pérez, y sus abogados examinan el fallo sobre PECC para interponer la reconsideración del caso. Entre tanto hay que resolver, en la práctica, el problema de a quién le corresponde prestar el servicio de mantenimiento de las boyas y faros del país, porque es obvio que ahora el Gobierno no puede atenderlo, asunto que tendrá que ser dirimido provisionalmente por el Consejo de Gabinete o por la Sra. presidenta.

Pese a todos los ribetes de la verdad que parecen aflorar en esta lid, y por el giro a favor de uno de los contendientes, queda en el ambiente la interrogante de por qué el Sr. contralor esperó tanto tiempo para hacer público un problema que afectaba severamente al tesoro nacional y por qué él está demorando, en exceso, la investigación que esperamos muchos panameños para conocer la verdad sobre la millonaria y desproporcionada equiparación que se hizo a favor de la Panama Ports Company, porque oteamos bellezas en ese asunto y sería muy bueno conocer si las hubo antes que concluya este período presidencial.

El autor es psicólogo industrial y docente universitario

Además en opinión

. PARLACEN: sello público de ladrones: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. Nuestra vocación nacionalista: Paulino Romero C.
. Héroes olvidados del IN del 9 de enero: Honorio Bernal R.
. Justicia o intenciones subliminales: Anel González





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