Panamá, 5 de enero de 2004
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Diabetes tipo 2, algo de qué preocuparse

NEW YORK, USA (NYT) —Mucha gente parece pensar que no tiene que preocuparse acerca de una enfermedad que puede prevenirse y que, al menos al principio, no tiene consecuencias serias y puede ser tratada.

Una de estas enfermedades era la llamada diabetes de adulto. Hay dos cosas que están mal en este razonamiento: en primer lugar, este mal sí tiene muy graves consecuencias pese a la disponibilidad de numerosas terapias con medicinas y, segundo, ya ha dejado de ser una enfermedad que ocurre casi exclusivamente en adultos.

De forma que su nombre ha cambiado a diabetes tipo 2 para distinguirla de la diabetes, mucho menos común, llamada diabetes tipo 1, que casi siempre se inicia en la infancia o adolescencia y tiene un origen diferente. Dado que tantos estadounidenses comen demasiado y se mueven muy poco, la nación se encuentra azotada por una epidemia de diabetes tipo 2 que ha llegado incluso a los años de la infancia.

La diabetes es un desorden de la regulación de la azúcar en la sangre. En ambos casos, la glucosa se acumula en la sangre hasta llegar a niveles dañinos y se trasmite a la orina. Usted quizá oiga a gente con diabetes decir que tienen “azúcar en la sangre” o “la enfermedad del azúcar”. Las células especializadas en el páncreas producen la hormona insulina, que tiene la tarea de desplazar la glucosa en la sangre hacia células donde puede ser usada para energía, o bien almacenada para satisfacer futuras necesidades de energía.

En la diabetes tipo 1, que es una forma de mal auto inmune, esas células no producen volúmenes adecuados de insulina. Pero en la diabetes tipo 2, aunque el cuerpo típicamente produce suficiente insulina en un principio, las células sanguíneas son resistentes a su acción. A medida que se elevan los niveles de glucosa en la sangre, el páncreas se ve obligado a trabajar tiempo extra para producir aun más insulina. A la larga, las células pancreáticas pueden desgastarse, causando una insuficiencia de insulina que es parecida a la diabetes tipo 1.

Todo lo que usted come puede convertirse, a la larga o a la corta, en glucosa. Pero los carbohidratos (los azúcares simples como la sucrosa de azúcar de mesa, el jarabe de maíz, la miel, etcétera) y los almidones refinados como el pan blanco y las galletas son más rápidamente convertidos en glucosa, causando un acelerado aumento en la azúcar en la sangre que exige una acción inmediata de la insulina. Comer alimentos azucarados y otros carbohidratos simples no causa diabetes, pero una vez que el mal se presenta es necesario limitar -pero no eliminar- el consumo de tales alimentos.

La diabetes tipo 2 ha dejado de ser un mal benigno. Puede resultar y frecuentemente resulta en enfermedades debilitantes que ponen en peligro la vida. Ambos tipos de diabetes aumentan en gran escala los riesgos de que una persona contraiga males cardiacos, apoplejía, falla renal y ceguera, así como males circulatorios que puede concluir en amputaciones. Los expertos calculan que este mal y sus consecuencias pueden significar unos 100 millones de dólares al año en gastos médicos.

Unos 17 millones de estadounidenses padecen de diabetes (más de 90% de ellos de tipo 2), de los cuales una tercera parte no está conscientes de su mal y de sus potencialmente serias consecuencias.


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