El miedo
Nosotros tenemos la obligación ciudadana de perder el miedo, denunciar a los ladrones y llamarlos por su nombre: "¡ladrones y criminales!"
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Si tomamos prestados algunos de los conceptos emitidos por Antonio Colomer Viadel en su libro El retorno de Ulises y los aplicamos a nuestro país, tendremos que la historia de nuestros hombres y mujeres es la historia de nuestros miedos y de los beneficiarios de estos. Tenemos miedo a lo desconocido, al padre, al maestro o al marido brutal, al jefe(a) autoritario(a) y despótico(a). Tenemos miedo al dolor, a la humillación y al menosprecio; miedo al castigo, al hambre, a la pobreza, a la muerte (incluso, a veces, a la vida), a la amenaza de un enemigo real o a veces imaginario. Tenemos miedo a los que ofrecen defendernos del enemigo, miedo incluso a nuestros temores que nos hacen cómplices de seres a quienes no tenemos el coraje de llamar ¡ladrones! ... ¡criminales! cuando actúan como tales. ¡Cuánta cobardía existe en ese voltear el rostro hacia otro lado para no ser testigo de alguna ignominia!
Tenemos miedo a la soledad, a la incomprensión, a expresar sentimientos, ideas, creencias.
Aprender a resistir y exorcizar esos miedos -lo que nos hace padecerlos y también provocarlos- es la finalidad superior de la que debe ser una educación para la libertad solidaria...para ser activo partícipe de esa comunidad de los libres a la que todos aspiramos.
Durante la dictadura, el poder del autócrata era realmente la suma de nuestros miedos. Ya vimos a un Noriega renacuajo, y a un Sadam Husein viviendo como un ratón; en ambos casos el poderoso huyó y se entregó sin disparar un tiro. Sin duda, su poder era simplemente la suma de nuestros miedos.
Hoy en democracia los ladrones de ayer, de hoy y de mañana que ponen el sistema en peligro para servirse, lo hacen aprovechando nuestros miedos. Un empresario me decía un día "me piden una coima grandísima; si no les entrego el dinero me trancan todo mi negocio". Yo le recomendé dominar su miedo, rechazar la coima y denunciarlos ... y que así vería cómo huirían.
"Pero"...a lo que le contesté: "ningún pero; yo tengo 45 años de vida empresarial haciendo esto y funciona, y nunca he pagado una coima". Guardó silencio, me agradeció y temblando se despidió. Nunca más supe del asunto y siento que no dominó su miedo y fue a pagar, convirtiéndose en activo cómplice, tan corrupto como el que le pidió la coima.
Los ciudadanos tenemos que consolidar ese efectivo tejido asociativo que está en formación con la Visión 2020, para de esta manera afrontar todos juntos la acción cancerosa y destructora de los ladrones de leva y corbata. Estos -que tienen la osadía de servirse de los tesoros públicos en países como el nuestro, con una enorme población pobre y vulnerable que a diario recibe la respuesta típica por parte de todo funcionario inepto y deshonesto: "no se puede resolver tu problema porque no hay plata"- salen de sus puestos con enormes patrimonios no justificados, tranquilos porque saben que los que vienen, pensando en su propia salida, los protegerán por el código de silencio de la mafia partidaria... no importa cuál sea el color de su bandera.
Los ciudadanos tenemos que perder el miedo, corretearlos para que tengan que huir en un mundo cada día más pequeño y peligroso para los ladrones. Que el miedo sea solo el de ellos, los sinvergüenzas que hoy confiesan públicamente ser ladrones de fondos públicos al solicitar la inmunidad de esa colección de inmundos llamada Parlacen. Tenemos que lograr -trasladando el miedo a los ladrones- que el costo de robar sea mucho mayor que el beneficio, para que los que vengan opten por la honradez en el servicio público.
Nosotros, usted y yo, tenemos la obligación ciudadana de perder el miedo, denunciar a los ladrones y llamarlos por su nombre: "¡ladrones y criminales!".
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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