La mafia partidaria y el código de silencio
Gritemos a los cuatro vientos que desde hoy cualquiera que acepte o aspire al Parlacen está confesando públicamente: “Yo soy ladrón(a) de fondos públicos”
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Pretender que las soluciones que necesita nuestra nación provengan de los partidos políticos mayoritarios, es una quimera.
Ellos se disputan el gobierno, pero frente al peligro de que quede al descubierto la macro corrupción cierran filas al estilo mafia. “Hoy por ti, mañana por mí”...porque pareciera que las cúpulas dominantes están siempre repartiéndose la piñata que es para ellos el Tesoro de la República... y frente a este crimen cometido por ambos bandos, rige el código de silencio habitual en todas las mafias.
Lo más seguro es que piensen y hablen así: “¿qué tiene de malo que un director de una institución pública privatice sin licitación, y sin compensación al Estado, un servicio público de la institución que dirige y lo asigne a una sociedad anónima que es suya y de su subdirector... y del ocupante de palacio?”. Se preguntarán que cuál es el problema, si eso les parece que lo hace todo el mundo cuando se le presenta la oportunidad. Y qué tiene de malo mentir en su declaración pública de bienes, si de pública no tiene nada, si “eso lo hacen todos”. Además, no entenderán que no se puede seguir de director de campaña del potencial candidato ganador ya que en gran medida lo financió con lo que considera es su honestísimo patrimonio ganado con “el sudor de su frente”.
Pero se arrebató el contralor. “¡¿Qué le pasa a él?! –dirán– ¿quién le dijo que ese puesto es para controlarnos a nosotros?...está loco ese tipo. Hay que sacarlo ¡‘desde ya’!”. “Este tipo es un peligro para todos de lado y lado. Hay que convocar a una reunión de los consiglieri de todos los lados. ¡A cobrar todos los favores a los que nombramos en Procuraduría, en Corte Suprema y todos los demás de gobierno y de oposición!”. “Todos juntos frente al peligro común. Este tipo piensa que vive en Suiza; ¿qué le pasa a él?...¿ah?...¿ah?”. “No sabe que tenemos inmunidad Parlacen; hoy nosotros, mañana ellos”. “Oye –pregunta un tarado del grupo– y ese Parlacen ¿qué vaina es?”. “No preguntes; sirve para la inmunidad y para seguir cobrando sin hacer nada”.
“Oye –pregunta otro tarado (a los mafiosos no se les conoce por su inteligencia, sino por sus músculos–, pero ¿qué va a decir la gente?...volverán con lo del pacto MaMi”.
“No te preocupes, aquí los escándalos duran hasta el fin de semana y entonces todos olvidan”. “¡Hey! –replica el tarado– en Venezuela los partidos, por estas vainas, ya no existen; tengamos cuidado”. “Aquí falta mucho y cuando se dé el problema, allá los que vienen atrás que arreen. Nosotros ya podremos vivir en París o Madrid con nuestros Mercedes y olvidarnos de esta vaina”.
Así imagino yo las conversaciones de los mafiosos partidarios.
Y nosotros los ciudadanos, ¿qué? ¿Vamos a seguir votando por las “nuevas” caras de la misma mafia?
¿Vamos a seguir permitiendo que Panamá sea miembro de la guarida de ladrones llamada Parlacen... o vamos a exigir que tal como lo hizo Costa Rica hace tiempo, Panamá se salga ya? Mientras esto se logre, gritemos a los cuatro vientos que desde hoy cualquiera que acepte o aspire al Parlacen está confesando públicamente: “Yo soy ladrón(a) de fondos públicos” ... y llevemos la cuenta de quiénes son.
¿Vamos a volver a permitir que castiguen al denunciante (en esta ocasión nada menos que el contralor general de la República) para que se vuelvan a reír los mafiosos?
¿Vamos a seguir con esa rabia contenida que sufrimos todos para que más adelante –cuando ya sea tarde– haga explosión?
¿Vamos a seguir permitiendo esa concentración de poder patológico y abusivo de la partidocracia mafiosa que se burla de la ciudadanía todos los días?
¿Vamos a continuar teniéndole miedo al movimiento constituyente porque puede provocar inestabilidad a este maravilloso sistema de mafias anquilosadas, cancerosas y destructivas?
Aquí el único peligro que hay es el peligro de no hacer nada.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
•
La mafia partidaria y el código de silencio: I. Roberto Eisenmann, Jr.
•
Digamos no a la reelección: Daniel Atencio
•
Los legisladores, las matemáticas y la constituyente: Mario Alvarado
•
Miguel J. Moreno, Jr.: Kevin Harrington
|