
Con la frente en alto
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
Los recuerdos que me quedan de los diez días
que estuve en Emiratos Arabes Unidos son bastante gratos. Una
experiencia inolvidable en todos los aspectos. Fui afortunado
por haber acompañado al seleccionado nacional a su primer Mundial
de Fútbol Juvenil.
Durante nuestra permanencia en ese bello
lugar nos dedicamos a informar, de una manera profesional, como
corresponde, de todos los pormenores del torneo, particularmente
de lo que acontecía en el grupo de Panamá. En ningún momento
fuimos a hacerle relaciones públicas a la selección ni a la federación,
como me contaron que dijo un “colega” de manera atrevida e irresponsable
a través de un programa de televisión. Lo repito, fui afortunado.
Haber estado en el primer mundial de fútbol donde Panamá participaba,
me llenó de mucho regocijo. Fue honroso.
La Prensa fue el diario que sirvió de referencia
a muchos aficionados. Durante nuestra cobertura no escondimos
nada. En los tres partidos fuimos claros. Los muchachos jugaron
mal. Solo el portero y la defensa se pueden rescatar en esta
aventura.
En este diario nunca perdimos nuestra perspectiva
ni antes ni mucho menos durante el torneo. Lo sabíamos, Panamá era
el más débil del grupo, pero también dijimos y lo sostenemos
que el simple hecho de haber clasificado al Mundial era ya toda
una proeza. El torneo iba a servirle de experiencia a los muchachos,
en él se iba a aprender. Siento que hubo gente que no le agradó cuando
lo escribí en este mismo espacio.
Muchos no se convencieron. Me contaron que
en algunos medios le cayeron a patadas a los muchachos. No sé por
qué, si son los medios los que tienen la tarea de orientar a
la opinión pública. Pienso que teníamos que mirar más allá de
nuestra narices, pues un mundial es otro mundo.
Por fortuna la política de este medio es
otra. Siempre estuvimos con la selección, desde que se inició el
proceso. Asistimos a los entrenamientos en el lugar que fuera.
Estuvimos con ellos en una gira por Colombia, estábamos claros
que avanzar a la siguiente ronda era una ilusión. Pero tampoco
pensábamos en ganar el Mundial. Nunca les pedimos a los muchachos
más allá de su capacidad.
Reconozco que me sentía impotente en Emiratos
viendo cómo los muchachos caían frente a sus tres rivales. Pude
ver en el lugar de los hechos lo que no se puede apreciar a través
de un televisor. Los movimientos en la cancha y las intimidades
mismas de los partidos ponían en claro la realidad de nuestro
fútbol. Veía que nos falta mucho por aprender.
Pero al mismo tiempo me ponía a pensar que
lo que hicieron los muchachos era algo extraordinario. Haber
clasificado a un Mundial cuando aquí ni siquiera existe un torneo
profesional ni clubes de fútbol, créanme, es muy loable.
Panamá no podía llegar más allá aunque la
dirigiera el mejor técnico del mundo. No podemos aspirar a muchas
cosas con un seleccionado que no estuvo bien preparado en su
etapa final. Además, era mucha la diferencia física entre los
nuestros y los otros países, excepto el de los Emiratos.
Sin embargo pienso que los muchachos hicieron
su parte, perdieron por la mínima diferencia e hicieron mejor
presentación que algunas de las grandes potencias que invirtieron
enormes sumas de dinero y que también tuvieron que irse en el
primer round.
Los panameños deben sentirse satisfechos
con esta generación de jugadores que defendió con orgullo los
colores patrios. Salieron con la frente en alto.
Es una muestra más de que cuando se planifica
como se hizo con esta Sub 20 se pueden alcanzar logros significativos.
Que haya gente que opine lo contrario son
otros veinte pesos. Este es un país libre en el que todos pueden
decir lo que les dé la gana.
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