Panamá, 14 de diciembre de 2003

 
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Con la frente en alto

CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com

Los recuerdos que me quedan de los diez días que estuve en Emiratos Arabes Unidos son bastante gratos. Una experiencia inolvidable en todos los aspectos. Fui afortunado por haber acompañado al seleccionado nacional a su primer Mundial de Fútbol Juvenil.

Durante nuestra permanencia en ese bello lugar nos dedicamos a informar, de una manera profesional, como corresponde, de todos los pormenores del torneo, particularmente de lo que acontecía en el grupo de Panamá. En ningún momento fuimos a hacerle relaciones públicas a la selección ni a la federación, como me contaron que dijo un “colega” de manera atrevida e irresponsable a través de un programa de televisión. Lo repito, fui afortunado. Haber estado en el primer mundial de fútbol donde Panamá participaba, me llenó de mucho regocijo. Fue honroso.

La Prensa fue el diario que sirvió de referencia a muchos aficionados. Durante nuestra cobertura no escondimos nada. En los tres partidos fuimos claros. Los muchachos jugaron mal. Solo el portero y la defensa se pueden rescatar en esta aventura.

En este diario nunca perdimos nuestra perspectiva ni antes ni mucho menos durante el torneo. Lo sabíamos, Panamá era el más débil del grupo, pero también dijimos y lo sostenemos que el simple hecho de haber clasificado al Mundial era ya toda una proeza. El torneo iba a servirle de experiencia a los muchachos, en él se iba a aprender. Siento que hubo gente que no le agradó cuando lo escribí en este mismo espacio.

Muchos no se convencieron. Me contaron que en algunos medios le cayeron a patadas a los muchachos. No sé por qué, si son los medios los que tienen la tarea de orientar a la opinión pública. Pienso que teníamos que mirar más allá de nuestra narices, pues un mundial es otro mundo.

Por fortuna la política de este medio es otra. Siempre estuvimos con la selección, desde que se inició el proceso. Asistimos a los entrenamientos en el lugar que fuera. Estuvimos con ellos en una gira por Colombia, estábamos claros que avanzar a la siguiente ronda era una ilusión. Pero tampoco pensábamos en ganar el Mundial. Nunca les pedimos a los muchachos más allá de su capacidad.

Reconozco que me sentía impotente en Emiratos viendo cómo los muchachos caían frente a sus tres rivales. Pude ver en el lugar de los hechos lo que no se puede apreciar a través de un televisor. Los movimientos en la cancha y las intimidades mismas de los partidos ponían en claro la realidad de nuestro fútbol. Veía que nos falta mucho por aprender.

Pero al mismo tiempo me ponía a pensar que lo que hicieron los muchachos era algo extraordinario. Haber clasificado a un Mundial cuando aquí ni siquiera existe un torneo profesional ni clubes de fútbol, créanme, es muy loable.

Panamá no podía llegar más allá aunque la dirigiera el mejor técnico del mundo. No podemos aspirar a muchas cosas con un seleccionado que no estuvo bien preparado en su etapa final. Además, era mucha la diferencia física entre los nuestros y los otros países, excepto el de los Emiratos.

Sin embargo pienso que los muchachos hicieron su parte, perdieron por la mínima diferencia e hicieron mejor presentación que algunas de las grandes potencias que invirtieron enormes sumas de dinero y que también tuvieron que irse en el primer round.

Los panameños deben sentirse satisfechos con esta generación de jugadores que defendió con orgullo los colores patrios. Salieron con la frente en alto.

Es una muestra más de que cuando se planifica como se hizo con esta Sub 20 se pueden alcanzar logros significativos.

Que haya gente que opine lo contrario son otros veinte pesos. Este es un país libre en el que todos pueden decir lo que les dé la gana.

 






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