Panamá, 14 de diciembre de 2003
 
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Sociedad: Amuletos para una mirada malévola

“Matiasma”, “malocchio”, mal de ojo. Por todo el Mediterráneo, desde España hasta Turquía, y luego a Latinoamérica, la creencia sobre el mal de ojo continúa viva en el siglo XXI

Sofia Kalormakis de Kosmas
skosmas@prensa.com

El ojo protector
Llega la Navidad y con ella, el derroche de regalos, comidas, bebidas y felicidad. Pero hasta la Providencia y la buena suerte pueden convertirse en un problema, sobre todo si causan la admiración, envidia o recelo de los que nos rodean y producen un efecto negativo, como el “mal de ojo”. Entonces no es difícil entender por qué existen ciertos amuletos que a través de la historia ofrecen protección contra el mal y potencian la buena suerte. La tradición panameña dicta que cuando a un niño lo “ojean”, una cintita roja en la muñeca ahuyenta el mal. Bueno, he aquí amuletos populares en otras culturas que han llegado hasta a nuestros lares.

La mano de Fátima:

Es un amuleto marroquí, de origen islámico y lo representa una mano con los dedos extendidos. Cada uno de los dedos representa una virtud: fe, caridad, ayuno, oración, peregrinación. Suele llevar también una piedra en forma de ojo de color azul o verde, que se sitúa en la parte superior de la palma. A menudo el ojo incrustado en el medio, simboliza el observante ojo de Dios o desvía la mirada penetrante del “ojo maldito” o “mal del ojo”.

Supuestamente, la mano de Fátima protege contra las enfermedades y atrae la buena suerte.

El Jamsa:

Esta mano-amuleto, conocida entre otros pueblos como “la mano de Miriam”, “la mano de Fátima” (hija de Mahoma) y “la mano de María”, representa la mano de Dios y ha sido largamente utilizada en las culturas mediterráneas.

Este es un amuleto bastante frecuente entre los judíos orientales, cuyo significado y origen se pierde en las nebulosas de los pueblos preisraelitas. Ocasionalmente, las jamsas judías tienen un sexto dedo y como la mano de Fátima, aleja todo lo mano, protege el hogar y sobre todo los bebés.

El espejo de Bagua:

Ahora que el arte del feng shui está de moda, este espejito se ha vuelto muy popular. Representa un conjunto de signos tradicionales de la antigua China que conforman una figura de ocho trigramas. Estas confluyen en el espejo convexo, en su parte central, otorgando poder y energía necesaria para quienes necesitan beneficios espirituales y materiales. El funcionamiento correcto para llegar a los efectos positivos y energéticos dependerá de la ubicación y el espacio correcto de la colocación del espejo Bagua.

El ojo protector

Para los griegos, el matiasma está asociado con el efecto que la envidia, la venganza y el odio, o en algunos casos, una gran admiración causan sobre las personas, sobre todo en los niños pequeños. De acuerdo con la creencia, la persona bajo ese efecto experimenta un cansancio repentino, dolor de cabeza, una fiebre necia y una sensación de letargo.

Además, su vida normal se complica y los problemas afloran de la noche a la mañana.

Un experto lo describe en la siguiente manera:“el velocísimo circuito del mal de ojo funciona de tal forma que la persona reconoce (conscientemente o no) en otro lo que siente que le está faltando (realmente o imaginariamente). Sufre por ese sentimiento de carencia. Al sentirse desprotegido, la persona elige no empeñarse por mejorar en lo personal (consiguiendo algo parecido a lo que el prójimo tiene). Si no que, instantáneamente desea (a sabiendas o no) el perjuicio del otro. Y esto le afecta, pues estamos todos vinculados espiritualmente”, concluye.

Existen diferentes versiones sobre dónde nace este amuleto en forma de un ojito azul, aunque se sospecha que se originó en el Oriente Medio y, luego, se extendió al resto del mundo.

Afortunadamente, como dice el refrán, por todo lo malo, algo bueno vendrá, si se está protegido.

Este amuleto en forma de ojo que los hebreos llaman ain hará , se supone previene esa energía negativa y dañina.

Y cada quien tiene su propio remedio. Para algunos, basta con un rezo bíblico especial (llamado baskanía , en griego) realizado vía telefónica por su madre, especialmente en el caso de los hijos varones. Otros colocan unas gotas de aceite de oliva en un vaso de agua y lo observan disolverse frente al “enfermo”, indicado una recuperación.

De acuerdo con esta tradición, los bebés son aún más susceptibles. Por ello, cuando alguien elogia a un niño efusivamente, madres y abuelas gesticulan “escupir” sobre el infante para ahuyentar el mal.

Pero la historia no yace en la idolatría, ya que también tiene una versión religiosa.

Detrás de cada pecado, hay un demonio y según la Iglesia, la envidia es un instrumento para alejar al hombre de Dios.

En el caso de la Iglesia Ortodoxa, la persona afligida por la envidia de otro encuentra protección en los rezos del cura, también con la oración de la baskanía . La persona se persigna tres veces mientras el cura, quien también siente las penas del afectado, lee las oraciones.

Se dice que las personas que comulgan y rezan con frecuencia son menos susceptibles a los efectos del mal de ojo.

Y aunque la mayoría de las culturas del Mediterráneo comparten esta creencia, el amuleto del ojo no es el símbolo oficial de protección contra este mal. Por el contrario, la Ortodoxia considera la Cruz como el mayor resguardo. El “ojo” es considerado paganismo, idolatría, y la Iglesia no lo acepta.

Pero mientras existan las supersticiones habrá motivos para que el hombre advierta su propia fragilidad.


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