Panamá, 14 de diciembre de 2003
 
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Los señores del té

Marilina Vergara P.
revista@prensa.com
Autor: Hella S. Haasse
Género: Novela

La autora Hella S. Haasse (1918) prepara esta novela con diversas intenciones: para contarnos la historia del hijo de una familia de productores de té que se forja su propia riqueza y para describir la cultura de los habitantes de Java (Indonesia), que en el siglo XIX era colonia holandesa, entre otras más.

Aunque nos resulten lejanos la historia de Holanda y de los territorios que colonizaron, en este caso las Indias Orientales, y más remoto aún nos suene el relato de un cultivador de té, la narración va acompañada por valiosa información de la época, pues está basada —según la autora— en unas cartas que la Fundación del Archivo Familiar y del Té de las Indias puso a su disposición. Claro, ella se encargó de seleccionar el material que finalmente incluyó y le dio el giro literario a la historia.

También está el lado de la moral de los personajes. En el año en que Rudolf Kerhoven llega a Java, la historia de Indonesia señala el cultivo obligatorio al que la administración colonial neerlandesa obligaba a los indígenas. La autora, al narrar la saga de este personaje no menciona estos “trabajos obligatorios” porque, al parecer, el joven ingeniero Kerhoven prefería actuar según las tradiciones de su familia: contribuyendo con el progreso social y la educación del pueblo.

Aunque un familiar con aires de empresario materialista le haya tratado de imponer la idea de que el desarrollo del país solo era posible a través de la producción de capital: “Tarde o temprano el gobierno se dará cuenta de que la gente de Java tiene un concepto del dinero muy distinto del de los occidentales. El ahorro y la inversión, por ejemplo, les son totalmente ajenos. Los campesinos se contentan con tener suficiente que comer y con mantener a un par de cabras y algún buey”. Y quizás como este tío pensaban los otros holandeses que, por aquella época, llegaron a esas tierras.

Kerhoven era la excepción. Creía en el trabajo. Su filosofía al momento de cultivar el té era la de tratar al indígena con respeto. Este texto es una dignificación al trabajo y a la perseverancia.


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