Panamá, 14 de diciembre de 2003
 
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Martinelli, el anti-candidato

Para fortalecer la relación con Estados Unidos, Martinelli se pronunció a favor de una nueva presencia militar estadounidense, pero en el marco de un FOL

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

WASHINGTON, D.C. –Ricardo Martinelli estuvo en Washington esta semana y me dejó con la impresión de que es el Ross Perot de la política panameña.

En la campaña presidencial de 1992 en Estados Unidos, yo describí a Perot como el anti-candidato de la contienda (ver columna del 15 de abril, 1992) por ser una figura cuyo atractivo principal consistía precisamente en no ser un político profesional.

Como recordarán, Perot adoptó el perfil de un hombre rico cuya campaña era motivada puramente por amor patriótico, y que no permitiría que las pequeñeces de la política tradicional le impidieran hablar con franqueza. Eso le pareció refrescante a muchos votantes estadounidenses que estaban descontentos con la oferta de partidos tradicionales (Bill Clinton por los demócratas y George Bush padre por los republicanos).

En una extensa entrevista el viernes, Martinelli me pareció cortado con el mismo patrón que Perot. “Yo soy mal político. Soy el peor político que te puedes imaginar”, me dijo él mismo, muerto de risa, al hacer una serie de afirmaciones que un candidato tradicional no se hubiera permitido. (Ver artículo hoy en Planas). Pero “estoy aprendiendo”, agregó, tildando la campana actual de “a crash course in Politics 101”.

Ante eso, no pude menos que preguntarle qué es lo que lo ha motivado a buscar la presidencia. Martinelli respondió que había tomado la decisión cuando su hijo, al graduarse el año pasado de una universidad en Estados Unidos, le dijo que no quería regresar a Panamá y que todos sus amigos pensaban igual. El problema básico, expuso Martinelli, es que “el país está corrupto” de principio a fin y eso tiene que cambiar. Hablamos del problema de brain drain (fuga de cerebros) cuando la gente joven, con talento, no ve futuro en Panamá, y de la corrupción galopante que está acabando con el país.

“Yo no puedo darme el lujo de mirar a un lado. Por eso estoy corriendo”, dijo Martinelli.

“Pero Ricardo”, le comenté suavemente, “te va muy mal en las encuestas”.

Las encuestas “están compradas ... y las de tu diario están totalmente compradas”, respondió Martinelli. Dijo que sus reuniones en Washington le habían revelado que en ningún país latinoamericano se puede creer en las encuestas y agregó esto: “En un país como Panamá, donde hay corrupción en todos los entes del Estado ... y en la empresa privada, tú me vas a decir que las compañías encuestadoras son las únicas impolutas, madres de Calcuta?”.

Sin embargo, después de insistirle un poquito, Martinelli confesó que tiene sus encuestas privadas y que estas lo ponen “como en 10%”.

“Eso es suficiente para darte ánimo de seguir adelante?”, pregunté.

“Todo el ánimo”, contestó Martinelli, asegurando no solamente que continuará “hasta el último día” de esta contienda, sino también que el día 3 de mayo comenzará su campaña para el 2009.

En cuanto a temas sustantivos, Martinelli –como Perot– reveló un enfoque empresarial y conservador, muy parecido al enfoque de George W. Bush en Estados Unidos y muy en sintonía con la filosofía de los republicanos. El tema del que más hablamos fue la relación entre Panamá y Estados Unidos, y Martinelli criticó el manejo que el gobierno de Moscoso ha dado a esta materia. Dijo que “Panamá ha ido perdiendo importancia geoestratégica en Estados Unidos ... y por eso el rol de los embajadores tiene que ser más proactivo”. Martinelli opinó que los embajadores tienen que conocer los pormenores [ins and outs] del funcionamiento interno de cada país y tienen que convertirse en promotores verdaderos de todo lo panameño.

Para fortalecer la relación con Estados Unidos, Martinelli se pronunció a favor de una nueva presencia militar estadounidense, pero en el marco de un FOL [forward operating location] limitado solo a operaciones anti-drogas y anti-terrorismo. Martinelli observó, sin embargo, que “los estadounidenses no tienen ningún interés” en regresar a Panamá. De paso, Martinelli comentó que él estuvo “totalmente de acuerdo” con que Panamá apoyara a Washington en la guerra contra Irak. Martinelli también agregó que le gustaría ver que cualquier ejército de militares estadounidenses en el istmo, estuviera acompañado de un ejército de inversionistas y otro de profesores de inglés.

Dado su corte empresarial, no es de sorprenderse que Martinelli opine que “todos ganamos” con el tratado de libre comercio que Panamá va a negociar con Estados Unidos. Con la red de libre comercio que se está creando en Centroamérica y la República Dominicana, opinó, Panamá no podía quedarse por fuera.

La autora es corresponsal de La Prensa

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