La penosa ley de clonación panameña
LA recién aprobada ley de clonación suscita comentarios a favor y en contra
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
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| Xavier Sáez-Llorens |
Hace un par de semanas, Panamá se adelantó a muchos países industrializados y tercermundistas al aprobar una ley sobre la clonación, la cual básicamente aniquila todo tipo de experimentación con células pre-embrionarias. Este proyecto solo espera ser sancionado por la presidenta para formar parte de nuestra obsoleta y militarista Constitución. Como es costumbre en nuestra política criolla, el anteproyecto no fue discutido en el marco de un consenso nacional de expertos, ya que no fueron invitados ni consultados destacados profesionales en genética, biología molecular, bioética e investigación científica. De hecho, es un documento de breve y precario contenido técnico, simplista, vacío
e indigno de pertenecer a una sociedad que pretende ser culta e inteligente.
La ley en cuestión solo responde a concepciones religiosas emanadas del Vaticano, a pesar de que la clonación representa, además, un tema de profundas aristas éticas, morales, filosóficas, científicas, sociales, legales y humanas. Al no tomar en cuenta todas estas ramificaciones, la susodicha ley se convierte automáticamente en un vergonzoso y medieval documento. Fuentes de entero crédito me han comentado que el anteproyecto fue promovido por individuos de extrema convicción religiosa, por emisarios del brazo elitista, ultra-derechista y franquista de la Iglesia católica —llámese Opus Dei— y por damas, económicamente acomodadas, que utilizan los gritos para neutralizar la razón. Estas solventes señoras, en lugar de utilizar su ocioso tiempo en agitar sus neuronas para competir en el bingo, tomar té o disfrutar chismes sociales, se inmiscuyen en tópicos complejos diametralmente distantes de sus actividades cotidianas.
Varios aspectos de este tema merecen una profunda reflexión de toda la sociedad. La clonación por sí misma no es antiética, sino el momento, la forma y el fondo en que ésta se ejecuta. Si hablamos, por ejemplo, de la clonación reproductiva, la técnica podría entenderse como la última opción que posee una mujer infértil para llegar a ser madre. En este contexto, a esta mujer le asiste todo el derecho para lograr este loable y necesario fin. El problema actual es que todavía el procedimiento ofrece más riesgos que beneficios, tanto para la potencial madre como para el potencial producto. Clonaciones en animales han sido asociadas a anomalías genéticas, inmunológicas y biológicas importantes que requieren ser corregidas antes de que el procedimiento reproductivo pueda ser catalogado seguro en humanos. Muchas sociedades civilizadas —evidentemente mucho más que la nuestra— solo han elaborado decretos o reglamentaciones jurídicas para evitar la clonación reproductiva hasta tanto se realicen más investigaciones que reduzcan considerablemente los riesgos. Es más, hace solo un mes, y a pesar del cabildeo papal, la ONU realizó una votación entre todos sus países miembros y la decisión final fue establecer un periodo de moratoria en la clonación hasta tanto haya mayor seguridad y se conozca mejor el alcance y consecuencias de este avance científico. Nuestros legisladores, por el contrario, han optado por desconocer las directrices de la ONU en esta materia.
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| Según el Dr. Vega en el proceso de clonación animal reproductiva
se han encontrado muchos defectos congenitos |
La clonación terapéutica es sin duda un procedimiento científico de avanzada que ofrece esperanzas de curación a millones de personas que padecen enfermedades crónicas miserables e irreversibles. Los científicos que entienden esta técnica saben perfectamente que la utilización de células pluripotenciales de otros tejidos —médula ósea, cordón umbilical, órganos hematopoyéticos—, no ofrece todavía las innumerables ventajas otorgadas por las incipientes células pre-embrionarias. Además, la investigación con estas células puede generar conocimientos que expliquen las causas para que 30-50% de las fecundaciones tempranas acaben en abortos espontáneos. Desde un punto de vista humano y ético, no existe razón alguna para prohibir tajantemente este tipo de clonación. Es más, algunos países con profunda influencia cristiana han emitido incluso decretos que, bajo criterios ético-legales estrictos, apoyan este tipo de investigación con los cigotos congelados que quedan desperdiciados en las clínicas de fertilización in vitro, óvulos que de otra manera llenarían los basureros de dichas instituciones. Recientemente, los asesores de Bush, personaje idolatrado por los propulsores de la ley, han recomendado imitar la moratoria y propiciar el uso de células congeladas para la investigación.
Exhorto, aunque dudo tenga éxito, a la presidenta Moscoso a vetar esta ley y no sancionarla. Que lo haga, al menos, para no dar la espalda a lo planteado por la comunidad mundial. Esta ley castra a notables investigadores científicos, cada vez más numerosos en nuestro país, interfiere con el progreso tecnológico de la ciencia y coloca a Panamá en la vitrina del hazmerreír internacional. No me canso de repetir que la ética religiosa no debe estar por encima de la ética humana. La ética religiosa favorece a la persona creyente, la ética humana beneficia a toda la sociedad.
No me opongo al avance científico
La ley que prohíbe la clonación fue propuesta hace
varios años por Víctor Méndez Fábrega, pero la versión que se acaba de
aprobar tiene muchas modificaciones y su principal propulsor es el legislador
José Luis Fábrega.
Dicha Ley 47, en su Artículo 1, "prohíbe toda forma
de promoción, financiamiento, donación, así como el uso de fondos públicos
o privados para inversión en experimentación, investigación y desarrollo
de toda forma de clonación humana", que define como "la creación de
un embrión que sea réplica biológica de un ser humano, a partir de
la estructura de su ADN".
A pesar de ser categórica, José Luis Fábrega considera
que la ley "no se opone al avance científico, sino que evita que en
Panamá se establezca un centro de este tipo, so pretexto del fomento
de empleos bien remunerados". Fábrega considera que, de otro modo, "estaríamos
dando el aval para que en Panamá se pudieran crear seres humanos mutados.
Y agrega que incluso uno de los creadores de Dolly hizo un llamado
a través del USA Today pidiendo que pararan los ensayos, porque
la humanidad no está preparada para la clonación humana".
Fábrega asegura que ve el tema desde un punto de vista
práctico, no religioso, y aclara que la ley no prohíbe la clonación
de animales y bacterias. Asimismo, en su Artículo 2, permite "la reproducción
de tejidos para la reparación de órganos con fines terapéuticos de
prevención y cura de enfermedades, a partir del cordón umbilical del
recién nacido o cualquier técnica o método científico que se desarrolle...".
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Clonación reproductiva no, clonación terapéutica sí
El ginecólogo Dr. Mario Vega comenta con relación a
esta ley que la propia ciencia está en contra de la clonación humana
reproductiva, porque en el proceso de clonación animal reproductiva
se han encontrado muchos defectos congénitos. “No se justifica que
en una era en que los médicos estamos tratando de prevenir defectos
congénitos, hagamos experimentación produciendo defectos congénitos”.
Por otro lado, el Dr. Vega está a favor de la clonación
humana terapéutica (que también queda prohibida en virtud de la Ley
47). Según explica, la clonación terapéutica es la que permite producir
embriones que tendrían una vida de apenas unos días y de los cuales
se extraerían stem cels , que a su vez servirían para tratar
diferentes enfermedades, incluyendo el Alzheimer.
“Esto está apenas en una etapa de investigación”, explica
Mario Vega, quien considera que “la Ley 47 bloquea el desarrollo de
la ciencia”.
“Los mismos legisladores que están promoviéndola pueden
el día de mañana necesitar un tratamiento y en virtud de esta ley van
a limitarlo a las personas que tienen la capacidad económica para recibir
un tratamiento en el extranjero, un tratamiento que aquí estamos prohibiendo...
por temores infundados.” |
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