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Cartas del lector
Obra abandonada
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| Los moradores de la comunidad de Nueva Libia,
del corregimiento de Las Cumbres, denunciaron que la vía principal
de la comunidad
está en pésimo estado. El problema fue que el Ministerio de Obras Públicas (MOP)
inició los trabajos de reparación, pero los suspendió y ahora la vía está en
peores condiciones. Los residentes llevan más de cinco meses en esta situación,
que empeora con las lluvias. |
Réplica
8 de diciembre de 2003
El diario La Prensa publicó el 7 de diciembre en primera
plana una nota que alude a una lesión patrimonial cometida
en perjuicio del Estado por un monto de 13 millones de dólares.
Se presenta un listado de personas investigadas
y dentro de este listado, en el número 18, figura el nombre de mi señora
madre, Ennia Mercedes Arosemena de Altamiranda. De haber sido más
acucioso el periodista que enlodó el buen nombre de mi madre,
hubiese averiguado que la firma de mi madre fue falsificada, hecho
que consta en el expediente, puesto que mi madre, una humilde maestra
jubilada, vive de su modesta jubilación y de la ayuda que
le brindamos sus hijos, todos profesionales, graduados gracias
a los esfuerzos de una madre cristiana y abnegada.
¿Cómo se podrá reparar una reputación
dañada por una noticia tendenciosa? La noticia es una infamia
y le ha hecho daño a una señora de iglesia, que no
tiene nada que ver con desfalcos al Estado.
Como funcionario, jamás valoré el principio de presunción
de inocencia, hasta que uno de mis seres más queridos, mi
queridísima madre, es víctima de periodistas que
creen que investigar y encontrar la verdad implica tirar lodo sobre
la reputación ajena.
Si van a publicar una noticia, publíquenla
completa y no a medias.
Ojalá que sean tan acuciosos cuando les toque investigar
a las personas acaudaladas, cuyos intereses su diario representa,
así como lo han sido con una humilde maestra.
Por último, les informo que pueden descontarme, a mí y
a mi familia, del número de sus lectores.
Hermelo Altamiranda Arosemena
Si yo fuera presidente
Se dice que en Panamá todos somos
expertos en decir a los demás cómo deben hacer las
cosas para que funcionen bien. Esto es más marcado cuando
se trata de problemas nacionales que, por mandato constitucional,
deben ser resueltos por los gobernantes
de turno.
Los problemas que requieren
de mayor atención, en mi opinión,
son: el desempleo, la inseguridad jurídica, la violencia
familiar, el transporte público, el tránsito vehicular,
el irrespeto a las leyes, la deshonestidad, la falta de amor a
la patria, la falta de respeto a los adultos y a los padres.
Deseo hacer un ejercicio mental y me arriesgo
a recomendar a todos los políticos aspirantes a puestos de elección popular
que hagan otro tanto: pensar como si estuviéramos en posición
de poder cumplir, cómo solucionaríamos los problemas
que afectan en forma directa o indirecta a nuestros conciudadanos.
Como existen diversos ministerios, cada uno
con tareas claramente prefijadas, nombraría encargados de dirigirlos, a hombres
y mujeres, que cumplan con los requisitos mínimos de honestidad,
experiencia, responsabilidad; si los encuentro dentro de mi conglomerado
político, de ahí saldrán, de lo contrario,
los escogería entre los panameños, políticos
o no, que reúnan los requisitos de honorabilidad comprobada.
En la primera reunión de gabinete, les solicitaría
un estudio concienzudo de las debilidades y fortalezas de su respectivo
ministerio, el cual deberá concluirse dentro de un plazo
de 60 días calendarios.
Por supuesto que en dicho diagnóstico cada uno deberá presentar
sus recomendaciones por escrito, sustentando su viabilidad para
llevarlo a buen término.
Así, al presentarse las debilidades en el sistema educativo,
en programas, sistemas, aulas, instalaciones, etc. un grupo de
personas talentosas analizando y haciendo recomendaciones, que
facilitaría su factible solución.
En Gobierno y Justicia, recomendaría coordinar con el jefe
de la Policía y con el director del Tránsito las
actividades de control, de manera que los agentes del tránsito
vehicular obliguen con su presencia física el respeto a
las leyes de circulación, evitando la anarquía actual.
De igual forma, la Policía con una presencia física
profesional controlaría el tráfico de drogas y armas
en todo el territorio nacional.
Los magistrados de la Corte Suprema de Justicia
y los jueces en general serían escogidos entre los más idóneos,
sin tomar en consideración su afiliación política,
si la hubiese.
El cuerpo diplomático sería seleccionado entre los
estudiosos de la disciplina y personas honorables que levanten
el lustre de nuestra relación internacional.
Logrado el propósito de brindar seguridad jurídica
y paz social en el ámbito nacional, podremos aspirar a las
inversiones locales y extranjeras, que absorberán, en gran
medida, la alta tasa de desempleo, eliminando uno de los factores
principales de los vicios, miserias, violencia familiar y comunal.
El transporte público no puede seguir administrándose
como si fuera un botín político, el sistema instituido
no funciona, no importa los préstamos impagados, ni las
facilidades crediticias, ni las canonjías dispensadas a
sus dirigentes y propietarios de cupos, el servicio es pésimo,
inseguro e incómodo, y el sistema de palancas sin salario
no hace más que añadir un factor de peligro a usuarios
y peatones.
Si en los programas de educación se incluyeran, como existían
en tiempos de nuestros abuelos, las materias de civismo, educación
para el hogar, buenas costumbres, respeto a los símbolos
patrios, respeto a los mayores, a las leyes y reglamentos y, sobre
todo, respeto a la honestidad, muchas de las lacras sociales no
existirían.
Hay que rescatar el temor a la sanción moral que, en tiempos
pasados, era más temible que la legal.
Esto es lo que yo pondría en práctica, si fuera
presidente en Panamá.
Edgardo Lasso Valdés
¡Gracias, muchachos!
Creo que no hay que ser un lego
en materia deportiva para expresar los sentimientos encontrados
que vivimos
al ver nuestro hermoso
pabellón nacional ondeando orgulloso y majestuoso en tierras
extranjeras y sobre todo llenarnos los ojos de lágrimas
al cantar nuestro himno nacional, a toda voz, cuando era interpretado
en la antesala de los partidos en Dubai. Creo que pudiésemos
resumir todo en “sentirse orgullosos de ser panameños”.
El camino no fue fácil, pero a pesar de las adversidades,
y de algunos talibanes y agoreros nacionales, nuestro equipo, el
equipo de todos, logró aquello por lo que se había
estado luchando tantos años: clasificar a una cita mundialista.
Independientemente del resultado de los partidos,
considero, en mi humilde opinión, que se hizo una labor extraordinaria
y jugamos de tú a tú con equipos plagados de profesionales
y con mayor preparación, que no amedrentaron en ningún
momento a los nuestros, que sacaron la casta y el amor por la camiseta,
y que obtuvieron mejores resultados que otros debutantes en mundiales
(por ejemplo, los 10 goles del novato El Salvador en la Copa del
Mundo de 1982 en España).
El gol de Gunn, en el partido con el país anfitrión,
nos hizo gritar de alegría y soñar con la siguiente
fase, pero sobre todo nos hizo sentirnos orgullosos de nuestro
equipo y de nuestro país, es un gol histórico que
quedará marcado indeleble en nuestra memoria para reproducirlo
a aquellos que en un momento dado sufran de amnesia conveniente
y que solo se dan a la tarea de criticar sin aportar nada al fútbol
nacional.
El papel de Gary Stempel es meritorio y extraordinario,
ya que con su labor, con su proceso, le ha dado una nueva fisonomía
al fútbol nacional, dejando de ser, a nivel regional, la
cenicienta de CONCAF para convertirse en un equipo con identidad
propia y que se ha ganado el respeto de los restantes países
del área.
Irving I. Domínguez Bonilla
Un mal ejemplo
9 de diciembre de 2003
En la última edición de la revista “Ellas” (
La Prensa ), en página entera apareció un anuncio
de quienes, asumo, venden zapatos. Digo lo anterior, ya que el
anuncio principal es el de dos jóvenes teniendo una relación
sexual, ella montada y arañando las espaldas del muchacho
bajo el lema “tú sabes dejar marcas”. Tal como
le pedí a la Defensora del Lector de La Prensa , espero
no tener que ver más anuncios como el anterior, ya que considero
que ofende al lector, da muy mal ejemplo a la juventud y demuestra
falta de imaginación del publicista.
Ya este tema fue abordado
con anterioridad en La Prensa con un anuncio parecido a este
del mismo producto,
aparentemente no caló,
por los resultados de hoy.
De igual manera, este anuncio
está diseminado por nuestra
ciudad en las paradas de transporte público y áreas
aledañas. Noté que más de dos de estos anuncios
están en la Vía Israel, en el área de las
escuelas y ya alguien con iniciativa propia pinto uno de negro.
Supuestamente, según me informan, hay autorregulación
de parte de los medios, ya que no existe una Junta de Censura.
Ramón Arias
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