Panamá, 26 de noviembre de 2003
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Buen comer

Cafetería y Restaurante Don Blas

Aristologa
Especial para La Prensa

revista@prensa.com

LA PRENSA/Bernardino Freire
Un restaurante para el primer café del día o la segunda cerveza de la tarde.
Lo único que no tiene este restaurante con pinta de Manolo (el de Vía Argentina), es el nombre. Pero bueno, Manolo Caracol no tiene pinta pero sí nombre, así que el argumento se cancela.

De todas formas, vale para saber de qué tipo de establecimiento se trata: de esos que conocen el paladar popular, que hacen emparedados decentes: siete pulgadas de pierna con mozarella por tres y pico, muy sabrosito, además de otros emparedados pifiosos de embutidos importados y jamón serrano, amén de unas pizzas que no probamos.

Es de esos donde tanto te tomas el primer café de la mañana, como la segunda cerveza de la tarde, como el último trago de la noche. Las cervezas, regio. Traen tapas. Debí tener muchísima hambre porque las salchichitas en salsa me supieron a gloria, al igual que las almejitas y a mí el hot dog jamás me transporta a la gloria, por más escatológica que ande.

La tortilla de patatas llegó calentita a la mesa, en porción individual, que fue suficiente para RDT, quien no es gran amante de los mariscos, ya que el segundo tentempié que ordenamos fue un salpicón de mariscos. Este me decepcionó, porque el mote de “salpicón” (estaba esperando algo caldoso, rico) se aplicó a una ensalada de lechuga iceberg con un aderezo totalmente olvidable a base de mayonesa. Los mariscos (pulpo, calamar, camarones, etc.) estuvieron recién salteados, fresquísimos, eso sí.

Otra entrada pedida fueron unos champiñones a la vinagreta: de textura desdeñable (léase de lata), gustó el punto de vinagre, pero nada más. No valen los cuatro dólares, pero con gusto los pagamos por un simple plato de palmitos con jamón, una entrada nada complicada pero que sí que cae muy bien, especialmente con un buen toque de pimienta y otro, discreto, de salsa Golf.

Pedimos un churrasco al ajillo, haciendo énfasis en el término medio. Por supuesto, llegó chancletudo y duro, sin muchos vestigios del ajillo. Pedí una guabina rebozada. Cuando llegó a la mesa, parecía del Paleológico, porque o era un ictiosaurio cualquiera o me dieron el equivalente acuático del gato por liebre, ya que una guabina no alcanza las proporciones de estas sábanas de pescado: estuvo muy sabroso el peje, muy generosa la porción, pero no me gustó la apatía, por lo más, o falta de comunicación, por lo menos, de la cocina con la salonera y de la salonera con el cliente. Por supuesto, que cuando me trajeron la cuenta, lo que decía era “corvina”. ¿Por qué no escuchan bien?

En cuanto a las pastas, probadas posteriormente, corrimos mejor suerte. Los canelones de pollo con salsa bechamela y mozarella derretido estuvieron delicaditos y con muy buen precio, y la lasaña, al estilo tradicional, ese sin mucho queso, me encantó. La pasta bien hecha, la salsa excelentemente condimentada, con sus verduras y hierbas como se debe, la carne suavecita y gustosa, la bechamel discreta, y tiras de jamón enjaretando el conjunto: francamente me gustó mucho, aunque a los amantes del mozarella tal vez los defraude.

Entre los postres, el tiramisú es de helado, pero sabroso. La casata con sus helados de fresa y chocolate (como de película cubana) es de tamaño generoso y el cheesecake de fresa estuvo esponjoso y ligero. Pedimos una sangría normalita, a 13 dólares. El servicio es lento, y no hay acceso a discapacitados. Dixit.

Calificación: **
Presupuesto: $$
Dirección: Avenida Uruguay y Calle 49, Bella Vista
Horario: de lunes a domingo, de 6:00 a.m. a 12:00 medianoche
Teléfono: 263-6586
Acceso a discapacitados: No
Aceptan: Visa, Mastercard, Clave, American Express
Recomendamos: Lasaña de carne (4.50 dólares), corvina rebozada
Relación costo-calidad: Canelones (4.50 dólares)


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