La política es una forma de amar
Política es hacer que todos los grupos sociales, políticos, cívicos que conforman el Estado, vivan en armonía
José A. González Pinilla
bladygon@hotmail.com
¡No me interesa la política! Así respondía para cambiar de asunto cada vez que discutían mis compañeros de la universidad sobre el tema más aburrido que conocía. Sin embargo, en ciertos momentos “metía mi cuchara” para no quedar fuera de la conversación.
Mis compañeros eran más hábiles para estas cosas. Pero como la política es loca y a cualquiera le toca, llegó el día que entré a militar dentro de un colectivo estudiantil. En aquella ocasión perdimos, y renuncié. Pero aprendí lo esencial: prometer cosas que en verdad nunca se cumplirían.
Me di cuenta de que en todas las esferas de los grupos políticos se promete vagamente. Y los aspirantes hacen lo imposible por llegar a comandar los centros estudiantiles, lugares más anhelados principalmente por los viejos activistas que ahí se pueden encontrar, quienes utilizan a los estudiantes más nuevos para sus fines. Hago la salvedad de que en todo grupo político, no importa cuál, siempre hay gente con visión amplia y productiva, mas no de mediocridad y conformismo.
Después de esas experiencias, hago una comparación con la política nacional, y deduzco que es la misma cosa. Este año que viene (2004) votaré por primera vez en un torneo electoral de suma importancia nacional. Será una nueva experiencia tanto para mí como para los demás jóvenes que en estos últimos cuatro años han entrado en el padrón electoral.
Las ofertas políticas están a la orden del día. La fiebre electoral está por todas partes. La compra de votos ya se hace sentir. Y nosotros, los jóvenes, estamos tentados a participar en las grandes actividades que realizan los candidatos a cargos públicos.
Lástima me da cuando les pregunto a mis amigas y amigos por quién votarán y me responden sin fundamento. No sé si ellos y ellas ven televisión o leen periódicos. Y si lo hacen, creo que ignoran los desastres que provocan los grandes protagonistas políticos. Los políticos confunden la politiquería con la verdadera política. Engañan al pueblo con subterfugios y patrañas para su bien personal, y no para que prospere la verdadera política que busca el bien común.
Como dijo en una ocasión, cuando estuvo de visita en Panamá, el cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: “La política es una forma de amar, es el arte de hacer posible lo deseable”. A partir de ahí he comprendido que la política va más allá de un voto.
Es más que escoger a un candidato porque me dio una bolsa de comida o un techo que necesitaba desde hace más de 10 años. La política es hacer que todos los grupos sociales, políticos, cívicos que conforman el Estado, vivan en armonía. Entendí que la mayoría de los aspirantes a cargos públicos no tienen vocación para semejante tarea.
No soporto ver el cinismo y la doble moral de estas personas que solo en tiempo de campaña se solidarizan con el pueblo.
Estoy consciente de que como ciudadano debo de participar con mi voto. De modo que debo elegir al que mejor propuesta tenga.
En estos momentos los cuatro candidatos presidenciales están armando sus programas, pero me pregunto: ¿quién verdaderamente cumplirá con él? ¿Quién continuará los proyectos beneficiosos para el pobre, que aún no han sido terminados por el actual gobierno? A propósito, cuando empieza un gobierno, empieza todo de nuevo. No hay continuidad para los verdaderos proyectos que promocionan la vida humana.
El autor es estudiante de periodismo
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