CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
Lo he escuchado entre algunos colegas
y aficionados, que Gary Stempel es un técnico que está enamorado –futbolísticamente
hablando– de algunos de sus jugadores y que ese hecho imposibilitó que
otros hubieran sido tomados en cuenta para el Mundial Juvenil
de Fútbol de los Emiratos Arabes Unidos.
A mí me parece, como siempre lo he dicho,
que esa es una de las principales virtudes que tienen todos
los técnicos del mundo. Se encariñan –en términos deportivos – con
los jugadores. Stempel es uno más de ellos. No es de otro
planeta.
Encariñarse o tenerle confianza a un
jugador no es más que creer en él aunque lo ponga a jugar
con los ojos vendados. Pienso que Stempel convocó ayer para
el Mundial al equipo que es, el mismo con el que ha convivido
desde hace dos años y al que conoce como la palma de su mano.
No hay nadie más.
Hace unas semanas, algunos medios hicieron
un escándalo durante la realización de un cuadrangular internacional,
porque Stempel no le había dado oportunidad de mostrarse
en la cancha al jugador chiricano Elías Ortega. Pude hablar
por teléfono con el jugador, al que hay que reconocerle las
condiciones que tiene en sus pies, sin embargo, me di cuenta
de que en la cabeza no tenía nada. Me dio la impresión de
que es un joven muy inmaduro al que lamentablemente algunos
lo inflaron demasiado.
En una ocasión durante sus entrenamientos
me dijo –Ortega– que Stempel le había gritado, intentando
enseñarle la manera de llevar el balón con los pies. Ortega
dijo haberse sentido incómodo y ofendido. Quedé pasmado cuando
me comentó que cómo era posible que Stempel le fuera a enseñar
a manejar un balón cuando él venía del Independiente Medellín.
Después me hicieron otros comentarios de lo que había sido
su actitud infantil en la concentración. Lo peor de todo
fue que Stempel lo había mandado a buscar.
Tal vez Ortega fue un jugador que despertó muchas
expectativas, pero su inmadurez lo traicionó al extremo de
creerse un profesional cuando aún está en pañales.
Este drama me parece una copia, guardando
las proporciones, de lo que le pasó al técnico brasileño
Felipe Scolari, cuando no le dio la gana convocar a Romario
en el pasado Mundial de Corea-Japón. Todo un país se le vino
encima, no obstante, el técnico se escudó diciendo que lo
que a él le importaba en el equipo era la disciplina. No
quería que una fruta podrida le dañara al resto. Finalmente
se salió con la suyas.
Por eso tomé la convocatoria de ayer
sin mayores sobresaltos, reconociendo que Stempel es quien
decide. La comparto, excepto con la del portero Josep Calderón,
a quien no he visto jugar –solo por la televisión contra
Argentina – ni tengo nada en su contra, pero me parece que
Stempel debió incluir a todos los 18 que lo clasificaron
en el Premundial de hace un año. Aníbal Orozco, portero suplente
en aquella oportunidad, formó parte de esa camada.
No había mayores expectativas por conocer
a los que iban al Mundial. Todos sabíamos que eran los mismos
del Premundial, más otros dos, que en este caso fueron Hanamell
Hill y Angel Lombardo.
Pienso que como técnico, Stempel es
un entrenador más, que tiene sus virtudes y defectos, y como
al resto de sus colegas, se lo critica por su sistema de
juego, su insistencia por mantenerse con un mismo plantel
y otras facetas que la vemos a diario en selecciones de otros
países.
Stempel debe darse por satisfecho porque
este grupo de jugadores siempre le ha respondido con su sistema
de juego que lo clasificó al Mundial y que va a utilizar
próximamente en los Emiratos.
¿Qué más puede pedir un técnico que
no sea orden, disciplina, responsabilidad y aplicación en
la cancha?