![]() Panamá, 22 de noviembre de 2003 |
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Y ello no es de extrañar, ya que según datos difundidos por la Asociación Panameña para la Prevención y Tratamiento de la Obesidad, el 55% de los panameños y panameñas presenta sobrepeso que, con un leve descuido, se pudría convertir en obesidad. La obesidad es considerada un factor de riesgo determinante en las principales causas de muerte por contribuir a la aparición de la diabetes, la presión arterial, los infartos, derrames y hasta el cáncer. Para comprobar si el temor por la obesidad y la búsqueda de una mejor calidad de vida ha tenido efecto en el comportamiento alimenticio de los panameños, uno de los caminos que nos puede dar pistas certeras es el análisis del consumo aparente o la disponibilidad de alimentos con que cuenta el consumidor en la actualidad. En este sentido, nos mostramos partidarios del método promovido por el doctor Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, quien considera que para conocer las tendencias de la economía, no basta la fría mirada macroeconómica, sino que también es necesario seguirle la pista, por ejemplo, al consumo de madera para puertas, al volumen de desechos sólidos que se acumulan en los rellenos sanitarios, a la variación de los créditos al consumo, al proceso de quiebras empresariales, etc. Hojas de balance
Una de estas fuentes que nos permiten inferir cambios en los hábitos de consumo, la constituyen las hojas de balance de alimentos. Este es un instrumento que permite determinar el consumo aparente en el ámbito nacional de cada alimento. Constituye un cuadro general que refleja la composición y conformación del abastecimiento de alimentos a escala nacional en un período de referencia. La información se presenta en cantidades per cápita, resultantes de dividir la cantidad total anual disponible de cada alimento entre la población del país en el año estudiado; así, las unidades que se obtienen generalmente son kilogramos per cápita/año, o kilogramos per cápita/día, asumiendo un consumo constante a lo largo del año (Becker y Helsing, 1991). Este método aporta el consumo medio aparente en el ámbito nacional, y no indica ni el consumo en distintos segmentos de la población (edad, sexo), ni en distintas zonas geográficas del país. Sin embargo, puede ser de gran utilidad para comparar la disponibilidad de alimentos entre distintos países o para describir las tendencias del consumo alimentario de un país a lo largo del tiempo. Las hojas anuales de balance alimentario como instrumento de evaluación del consumo de alimentos, no sustituyen otros instrumentos más directos, como son la Encuesta de Niveles de Vida o la Encuesta de Ingresos y Gastos de consumo de los hogares, que se realizan cada cinco o 10 años. Sin embargo, estas encuestas no se realizan con más frecuencia debido a los altos costos que implica su aplicación. No obstante, la utilidad de las mismas en comparación con el consumo aparente de determinados alimentos entre distintos países, o en un mismo país a lo largo del tiempo, puede ser muy elevada, por lo cual su utilización en estudios económicos o de correlación está justificada. Evolución del consumo alimenticio
En el consumo de alimentos se da la existencia de los denominados bienes sustitutos, es decir, un producto de consumo que sustituye a otro por factores tales como precio, calidad o preferencia. Ejemplo de ello es la carne de res, que tiene como sustituto el pollo y los mariscos; el arroz, que tiene como sustituto la papa, los macarrones y el plátano. También están los bienes complementarios, que ayudan a completar los alimentos principales. Entre estos tenemos las legumbres, verduras, vegetales secos y las frutas. El análisis del consumo aparente nos indica que el consumo de carne de res se ha mantenido prácticamente igual en este último decenio, mientras que el consumo de carne de gallina aumentó durante la década a una tasa media de 37% por año. El consumo de carne porcina se incrementó a razón de 10% promedio anual para el período de análisis, mientras que el de camarones también tuvo un comportamiento positivo del orden del 9% promedio anual. Sin embargo, el consumo de pescado decreció en un 32% respecto al año 1990. En lo que respecta a los granos y tubérculos, el arroz ha mostrado un comportamiento negativo en la última década, reduciéndose su consumo en un 16% respecto a 1990. Su contrapartida ha sido la papa, la cual ha visto incrementar su consumo en 62%; y el ñame, en 21% para el mismo período. En el ámbito de los cultivos permanentes, se observó una disminución del consumo de banano del orden -7% promedio anual. No obstante, se incrementó sensiblemente el consumo promedio anual de la papaya (29%), el melón (9%) y el mango (7%). En cuanto a legumbres y hortalizas, la lechuga vio incrementar su consumo a un promedio anual de un 11%, la cebolla a 10% y el repollo a 6%, mientras que el consumo del tomate tuvo un comportamiento negativo (–0.4%). En la tabla siguiente presentamos el suministro de alimentos por habitantes de algunos de estos productos para los años 1990, 1995 y 2000. Los datos analizados nos indican una tendencia de la población a consumir menos arroz y papa y más ñame y plátano. También se vislumbra la orientación del consumidor a consumir más gallina y menos carne de res y pescado fresco. Por el lado de las legumbres y verduras, la preferencia del consumidor se orienta hacia la cebolla, la lechuga y el chayote en reemplazo del repollo y el tomate. Las frutas también muestran cambios en el comportamiento del consumidor desde el guineo hacia la piña y la papaya. El autor es profesor y economista.
• Inconformidad
en licitación de compra de energía de Elektra
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