Despolitizando el debate sobre derechos humanos
Un dominio apropiado de los derechos humanos protegerá y extenderá derechos individuales, esencialmente derechos concernientes a la propiedad privada
Christopher Lingle
clingle@ufm.edu.gt
Mientras la dignidad de los derechos humanos está siendo destruida en el mundo entero, algunos intentos para frenar estos abusos están mal encaminados. De manera contraproducente, los más ardientes promotores de los llamados derechos humanos están realmente promoviendo el concepto legal que basa las conductas que ellos desean terminar.
Así, los derechos humanos son referidos usualmente como derechos colectivos o derechos de grupo. De la misma manera, los gobernantes muchas veces se enfrascan en promesas populistas definiendo derechos basados en características económicas y sociales. En estas dos instancias, el intento de construir un sistema de derechos de grupos está fraguado de peligros.
Basar los derechos humanos en derechos sociales “fundamentales” está condenado a traducirse en la forma de resultados negativos en las políticas sociales. Mientras que unos grupos se benefician, otros, necesariamente, tienen que perder. Así, las libertades individuales, en la forma de derechos de propiedad y libertades de intercambio, serán reducidas, y otras libertades también serán amenazadas.
Al Ignorar el rol fundamental de los derechos individuales, proponentes de los derechos grupales, se promociona la destrucción de la justicia bajo el dominio de las leyes. Un ejemplo: el imperio de los derechos de grupos sobre los derechos individuales fue lo que estuvo detrás de las injusticias del apartheid en Africa del sur y genocidios en otras partes del mundo.
Referirse a los derechos sociales o colectivos o de grupo, esconde el hecho de que asignar aquellos derechos necesariamente precisa otorgamiento de poderes que requieren para tales efectos la acción o ayuda de “otros”. Al activar derechos grupales, otros individuos son perjudicados porque se establecen obligaciones involuntarias sobre ellos.
La imposición de obligaciones para cubrir derechos grupales restringirá la libertad de escoger y de acción de otros no incluidos en el grupo. Los seres humanos entonces se convierten en objetos o servidores de la comunidad, en lugar de ser valorados como individuos únicos. Mientras que la asignación y aplicación de derechos individuales lleva a sistemas de coordinación y cooperación, los derechos humanos colectivos llevan al conflicto y por lo tanto requieren coerción.
Este contexto colectivista de los derechos humanos como derechos de grupos viola el requerimiento de “generalidad” en la jurisprudencia contenido en los imperativos categóricos de Kant. Un sistema kantiano de justicia surge cuando los derechos son aplicados de forma general sin particularidades y preferencias arbitrarias para individuos o grupos.
Un dominio apropiado de los derechos humanos protegerá y extenderá derechos individuales, esencialmente derechos concernientes a la propiedad privada. Lo que se busca es la escogencia de un sistema que sirva como un medio para conseguir y medir la justicia social. Por un lado, los derechos de propiedad son necesarios para proteger la mayoría de los derechos civiles. Y por el otro lado, estos mismos derechos serán la forma más efectiva para inspirar el esfuerzo individual que llevará a la prosperidad general de la comunidad.
Alternativamente, el enfoque por los derechos sociales o comunitarios está expuesto a la dependencia de una determinación política de la posición económica (ingreso o riqueza) de los individuos en la comunidad. Politizando esos resultados para promover un sentido “especial” de justicia social, crea más oportunidades para que grupos de intereses particulares o elites de poder exploten a otros grupos o a individuos específicos en la comunidad.
A pesar de intentos bien intencionados de promover un sentido de comunidad generalizado, es bien conocido que la democracia promueve el interés de grupos especiales por sobre el interés de la comunidad en general. Aquello es el resultado de una creciente politización de la vida, que ocurre cuando mecanismos dependientes del dominio de las mayorías determinan la distribución de la riqueza y los bienes.
Al final, la politización resultante de los intentos de aplicar derechos colectivos es la principal causa del desposeimiento de los individuos. La expansión de la naturaleza y dirección de la intervención estatal reemplaza los derechos individuales, excepto como miembro de un grupo.
El empobrecimiento de la vida es el inevitable costo y consecuencia de un proyecto que define los derechos humanos en términos de grupos. En vez de una tendencia histórica y cultural de ver y resolver los problemas de una manera privada, más problemas son vistos como merecedores de una solución política. Y como consecuencia, cuando las soluciones políticas reemplazan las soluciones individuales, es muy probable que se produzca una expansión progresiva de las restricciones y la burocracia.
El autor es doctor en economía, amigo de la Fundación Libertad (www.fundacionlibertad.org.pa)
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