Una futura suegra sindicalista, culta, sencilla y divorciada
ISABEL LONGHI-BRACAGLIA
DE EL MUNDO
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Paloma Rocasolano quiso ir sencilla a la pedida de mano de su hija Letizia.
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MADRID, España. —La sangre de Letizia Ortiz no será azul, pero dicen que le sobran genes de peleona, de defensora de los principios en los que cree. Tiene de quién haberlo heredado: su madre, Paloma Rocasolano, la mujer con tres hijas, 51 años, madrileña, separada de su marido desde el día después de la primera boda de la prometida del príncipe, enfermera de profesión, sindicalista por vocación y... desde el jueves pasado, tema único de conversación en todos los lugares en los que ha trabajado. Allí donde la futura reina de España es solo “la niña de Paloma”.
“¡Claro! en cuanto la vi en la tele la reconocí... Si hace solo 15 días vino Paloma por aquí, le preguntamos por Letizia, que tal le iba en el telediario, y nos dijo que estaba toda la familia muy contenta”, se atreve a contar una enfermera en los pasillos del centro de salud de Moratalaz (sur plebeyo de Madrid), al que estaba adscrita la futura suegra del príncipe. ¯Hombre, yo de suegra del príncipe me imagino a alguien como Federica de Grecia, pero seguro que Paloma lo hará estupendamente”.
No es fácil lograr que una colega de la madre de la prometida de don Felipe hable de ella. Su nueva condición parece haberla convertido en un tema tabú. “Es que no quiero perjudicarla”, se disculpa otra enfermera que se niega a desvelar algo sobre Paloma Rocasolano. “Pero si trabajando aquí no le he dado la primicia (?) ni a mi hija, que es periodista!”, asoma la cabeza desde la sala de curas un enfermero que dice haber compartido tareas sanitarias con la aludida durante muchos años.
“Mira, lo único que podemos decir es que es una persona estupenda, muy reivindicativa, muy preocupada por los derechos de las enfermeras”, zanja otra colega. “Cuando viene por aquí, si hay mucho trabajo, enseguida se pone a ayudarnos”.
A ayudar porque Paloma Rocasolano hace tiempo que no ejerce en materia sanitaria. Está liberada como delegada del sindicato del sector SATSE en el área 1 de atención primaria. Milita en la causa sindical desde 1991 y su función consiste (¿consistía?) en recorrer los ambulatorios de la zona sur de Madrid en apoyo de sus colegas, recogiendo sus quejas, solucionando sus problemas.
“Ella es muy culta, lee mucho, sobre todo libros de arte, y dice que va a seguir con su vida normal”, cuentan cuatro compañeras de siglas y profesión que estuvieron en casa de la madre de Letizia. “Lo normal”, hasta el sábado 1 de noviembre, era que, además de su ronda por los centros de salud, cada lunes participaba en una reunión con el resto de los delegados de atención primaria. Paloma Rocasolano había dicho que acudiría a la cita también ayer, pero su silla se quedó vacía.
Aquel fin de semana permaneció atrincherada en su casa de Vicalvaro, muy cercana a la de su hija. Y en su último intento por salir, el muro de cámaras que custodian la entrada volvió a echarla para atrás. “Está tranquila, quizás algo desbordada por la situación, pero tranquila. No para de recibir llamadas, está con tres teléfonos a la vez”, revelan sus amigas.
A Paloma Rocasolano le llegan sobre todo felicitaciones, muchas de sus compañeras, y alguna petición de invitación a la boda real como broma. En casa descuelga el teléfono Erika, otra de sus hijas: “Estamos felices, encantados” es la consigna.
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