Panamá, 12 de noviembre de 2003
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Con o sin quinta papeleta

Les pido a los legisladores por favor: no gasten tiempo, dinero y recursos del pueblo discutiendo lo que Martín Torrijos envió a la Asamblea

Mario Pezzotti
pezzottipella@ayayai.com

Las elecciones generales del 2 de mayo próximo van a girar en torno al tema de la Asamblea Constituyente. Nada hay en las propuestas electorales de los candidatos presidenciales que despierte tanto revuelo como este concepto. Por algo es. No se trata de una simple promesa electoral más, no nos encontramos ante cualquier espejismo politiquero. En esta ocasión nos parece a todos más real que antes. ¿Razones? Principalmente, que el Estado, el Gobierno y los poderes constituidos han llegado al borde del abismo por falta de legitimidad. Ojo, que no hablo de legalidad. La legalidad podrá estar en la ley. La legitimidad la concede y retira el pueblo, que es de donde emana. Ya el pueblo no soporta más.

El lío comenzó cuando se inició el tema de la quinta papeleta. Un organismo que goza de toda la credibilidad de la ciudadanía, el Foro Panamá 2020, mejor conocido por su propuesta Visión 2020, plantea la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente, para lo cual recomienda incluir en los comicios electorales del año 2004 una quinta papeleta para que el pueblo panameño decida sobre su convocatoria o no. Actualmente tenemos cuatro papeletas establecidas para el día de las elecciones: presidente, alcalde, legisladores y representantes de corregimiento. La quinta papeleta sería para hacer una consulta y su respuesta sería sí o no. Aunque esta consulta no es vinculante, le otorga al mandatario que la obedezca la legitimidad para hacerlo, pues estaría ejecutando el querer popular. Esa reforma integral del Estado sería hecha por el pueblo panameño por medio de una Asamblea Constituyente y no por una cuestionada Asamblea Legislativa, desprestigiada y sin ninguna credibilidad en la sociedad. Es la materialización del concepto más puro de democracia.

El presidente Guillermo Endara, quien aspira nuevamente al solio presidencial, puso de manifiesto el pasado 20 de octubre, en su documento público titulado “Mi compromiso con el pueblo: nueva Constitución para reformar el Estado”, que apoyaba la propuesta del Foro Panamá 2020 por considerar que es un método adecuado, justo y democrático de auscultar la genuina voluntad nacional, aprovechando los comicios generales de esa fecha, lo que constituye un significativo ahorro para el erario público. Y agrega el documento: “(...) al votar por Guillermo Endara debe entenderse que se está votando también por la convocatoria a una Asamblea Constituyente cuyo objetivo fundamental es la reforma del Estado”.

¡Y se formó el lío...! Eso fue suficiente. Casi todos los políticos se asustaron porque el tema de la constituyente les pone la piel de gallina. Son conscientes de que para ellos –la clase política– eso es sinónimo de que una era acaba y otra nueva comienza. El PRD, único contendor que tiene el presidente Endara en su campaña electoral, salió rápidamente a decir que no estaba de acuerdo, que eso era peligroso, que hacer cualquier cambio en los comicios en época pre-electoral era introducir un elemento desestabilizador e inquietante en la pureza de los mismos. Todos recordarán esas expresiones. Un Martín Torrijos asustado, sin la lección bien aprendida, varió la versión días después y habló de “realizar cambios a la Constitución” y prometió hacer llegar su propuesta a la Asamblea Legislativa actual para que se evaluara e iniciaran los procesos correspondientes. Pero falló en una cosa: olvidó que la legitimidad de nuestro Organo Legislativo se había acabado. Y la sabiduría de nuestro pueblo percibió que Martín Torrijos se acomodaba a la situación. Primero que no, y luego que quizá. Lo peor fue cuando presentó el documento a la Asamblea, pues incluía la creación de la figura de una constituyente, pero con un proceso lento y aburrido realizado por los legisladores actuales. Figúrense ustedes... Pero de todas formas, el documento había sido presentado, y con lo rápido que esos señores crean comisiones accidentales y aprueban leyes a medianoche, me asusté. Varios amigos me preguntaron al respecto.

Para esclarecer las dudas, decidí escribirle al presidente Endara, a fin de aclarar mi duda y poder conocer su posición al respecto. Dentro de su ajetreada agenda sacó unos minutos para contestarme, y como se trata de un tema nacional, me atrevo a transcribir ambos textos:

“Señor presidente: El PRD-PP ha cambiado de posición varias veces sobre su propuesta de cambios constitucionales desde que usted dijo que apoyaba la recomendación de Visión 2020. (...) persiguen neutralizar su iniciativa, ganar tiempo y finalmente reglamentar a su gusto la creación de la figura de una Asamblea Constituyente que, cuando la terminen de cocinar y salga del horno, seguramente no se podrá ni comer. Igual que la ley de transparencia... Varias personas me han preguntado, ¿si el PRD-PP o el propio pacto MAMI siguen adelante con esta iniciativa, el presidente Endara qué va a hacer en el momento que llegue a la Presidencia, si ya el proceso de aprobación de esas reformas constitucionales propuestas por ellos estará en desarrollo? ¿El presidente Endara tirará eso por tierra, desconociendo ese proceso que estará andando y convocará lo que Visión 2020 y él han propuesto para el 1 de septiembre próximo, como si los PRD-PP no hubiesen hecho nada? No me atreví a contestar. Le pregunto: ¿qué haría usted ante esa eventualidad? Me gustaría saber qué piensa al respecto”. Hasta allí mi carta. Y la respuesta del presidente Endara no se hizo esperar mucho:

“Estimado amigo: Agradezco la pregunta. Estoy convencido de que lo que produzca el pacto MAMI, Martín Torrijos, Mireya Moscoso o la actual Asamblea Legislativa no tendrá valor alguno que se pueda usar. Además, aunque tuviere un gran valor intrínseco, carecerá de credibilidad, por lo que todo el mundo sospechará que en alguna parte hay una trampa, o que el pacto MAMI tendrá un veneno incoloro, inodoro e insípido que traerá nuevamente la frustración y la desilusión. Nadie querrá que se haga algo con un origen tan miserable y pervertido. Mi promesa es clarísima y está contenida en mi declaración sobre la constituyente para reformar el Estado, y que tiene la frase que considero la más importante: “(...) con quinta papeleta o sin quinta papeleta, me comprometo como presidente de la República de Panamá a convocar a una Asamblea Constituyente una vez tome posesión del cargo”. Hasta aquí la respuesta del presidente Endara.

Más claro, el agua. Les pido a los señores legisladores por favor: no gasten tiempo, dinero y recursos del pueblo discutiendo lo que Martín Torrijos envió a la Asamblea. El 1 de septiembre lo vamos a desechar.

El autor es abogado

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