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En Colombia da resultado línea dura contra la violencia

Sus asesores lo presentan como un adicto al trabajo, un mandatario inflexible en tiempos de guerra que toma las decisiones difíciles y evita las expresiones habituales del poder

Juan Forero

BOGOTA, Colombia. -Por varios años, el conflicto de Colombia ardió, alimentado con las drogas, con rebeldes marxistas y paramilitares de la derecha política ganando terreno y tornándose cada vez más violentos, al tiempo que Estados Unidos invertía miles de millones de dólares para tratar de controlar el caos.

Pero hoy, tras 15 meses en el cargo, el presidente colombiano, Alvaro Uribe, está emprendiendo acciones en lo tocante a lidiar con la violencia del país –que todo parece indicar, es irresoluble– las cuales sugieren que ya está preparado para actuar con mayor audacia que sus predecesores.

A diferencia de sus predecesores, quienes demostraron ser ineficaces para controlar la guerra, Uribe ya expuso un plan coherente que explica claramente cómo podría ser capaz Colombia de salir de su atolladero.

Bajo su programa democrático de seguridad, se han emprendido medidas enfocadas a debilitar a los insurgentes, desarmar a los escuadrones de la muerte e instalar una presencia del Estado en regiones que han sido olvidadas desde hace mucho en este país de 40 millones de habitantes.

Incluso antes del retroceso del mes pasado en un referendo, Uribe sigue gozando de lo que algunos expertos califican como un nivel notable de respaldo popular, aunado a una encuesta electoral tomada pocos días después de la votación del 25 de octubre, la cual lo presentó con el mismo índice de aprobación que antes, 77%. En teoría, ese respaldo le da una ventaja política para llevar a cabo su audaz programa.

En la práctica, sin embargo, Uribe está enfrentando algunos obstáculos nuevos. La semana pasada, su ministro del Interior, Fernando Londoño, responsabilizado por algunos de no haber logrado reunir el apoyo necesario para el referendo, presentó su dimisión. Después, por la noche del domingo, el Gobierno anunció que la ministra de la Defensa, Martha Lucía Ramírez, también había dimitido.

“El se tiene que adaptar a la otra realidad”, dijo Fernando Cepeda, ex ministro del Gobierno y experto político. “Tiene que mostrar flexibilidad. De no hacerlo, podría caer”.

Colombia está lejos de resolver un conflicto que ha durado 39 años y se estima que ha cobrado 200 mil vidas humanas. Uribe es criticado por algunos grupos de los derechos humanos, diplomáticos extranjeros e integrantes del Congreso de Estados Unidos, los cuales afirman que su programa ha dado paso a un aumento en el número de detenciones arbitrarias y que una ley antiterrorismo que se ha propuesto reduciría las libertades.

La ley que se propuso, que en efecto otorgaría impunidad a integrantes de milicias de la derecha política, afirman sus detractores, podría verse como una forma de recompensar los abusos sobre los derechos, aunque el Gobierno lo muestra como el primer paso hacia el desarme de la fuerza de 13 mil combatientes.

Uribe, quien es considerado por muchos funcionarios en la administración Bush como un promotor confiable de los intereses estadounidenses, puede señalar cierto éxito en la pacificación del país. La tasa de homicidios, que llegó a 32 mil en el último año del gobierno anterior, ha registrado un descenso del 16%, en tanto que los secuestros han bajado en 22%. Las matanzas colectivas de pobladores –denominado por Colombia como masacres– también han disminuido.

Estados Unidos ha invertido 2 mil 500 millones de dólares desde el 2000 para ayudar a Colombia en el combate a la drogas y los rebeldes. Durante algún tiempo, todo parecía indicar que los rendimientos de esos recursos eran insustanciales. Hoy, al parecer la inversión está contribuyendo para generar algunos resultados.

“El presidente Uribe es un líder excepcional”, dijo Roger F. Noriega, el subsecretario de Estado para asuntos del Hemisferio Occidental. “Nuestra política está funcionando. La producción de coca, los actos de violencia y los ataques guerrilleros se redujeron en general durante el año pasado, y eso es un logro notable”.

Colombia ha logrado salir de una larga recesión, superando los pronósticos y registrando un crecimiento económico del 3% el año pasado. Algunos economistas afirman que el país está empezando a devolverle la confianza a los inversionistas, en buena medida debido a la imagen de Uribe como un prudente administrador fiscal, determinado a establecer la seguridad.

Asimismo, ayuda el hecho de que sus asesores lo presenten como un adicto al trabajo, un mandatario inflexible en tiempos de guerra que toma las decisiones difíciles y evita las expresiones habituales del poder.

Ya desaparecieron las grandes cenas de Estado y los largos viajes por capitales europeas. En su lugar, Colombia tiene un presidente que practica yoga y se levanta para irse a trabajar antes del amanecer.

Se muestra apasionado con respecto a los caballos paso fino de Colombia, cuyo paso es muy suave, pero no ha ido a un cine en años, como tampoco a bailar o a tomarse un trago, lo cual es una conducta inusual para la mayoría de los colombianos.

“Su estilo es frenético”, afirmó Mules Frechette, uno de los ex embajadores estadounidenses aquí. “Se levanta muy temprano, llama a sus ministros. Convoca a los generales, algo que nunca se hacía antes, para decirles, ‘Metieron las patas, por qué no hicieron esto, por qué no hicieron aquello?”.

El mandatario de Colombia se ha ganado buena parte del respaldo a través de una campaña de relaciones públicas que, por varios meses, ha abarcado reuniones municipales en los rincones más distantes del país. En los días previos al referendo apareció en programas matutinos de la televisión e incluso en la versión colombiana del reality show Big Brother.

Los gestos han contribuido para borrar recuerdos de Andrés Pastrana, su predecesor inmediato, bajo cuya administración la violencia salió de control, y de la fallida presidencia de Ernesto Samper plagada por la corrupción, que llegó a su fin en 1998.

Los logros de Uribe han provenido en su mayoría del frente de la seguridad, donde ha incrementado el presupuesto militar con un impuesto que en el pasado habría sido impensable, además de nombrar a Ramírez, dura ministra de la Defensa que a veces se muestra abrasiva, para impulsar lo que alguna vez fue un letárgico ejército para combatir a los rebeldes.

De manera similar, ha permitido a Estados Unidos hacer lo que le venga en gana para lograr su objetivo de acabar con los vastos cultivos de coca, planta que se emplea en la producción de cocaína. Los pronósticos de Naciones Unidas dicen que la fumigación aérea financiada por Estados Unidos reducirá los cultivos de coca en 50% durante este año, aunque todo parece indicar que el cultivo se está desplazando hacia el sur, a Bolivia y Perú.

Los viajes de Uribe a provincias rurales que han sido desgarradas por la guerra fueron uno de los factores que se sumaron para cimentar su mensaje de control, aun al tiempo que las FARC han tratado de asesinarlo en varias ocasiones.

En agosto, luego de que un grupo de insurgentes abrió fuego sobre su helicóptero, prosiguió hasta su destino, el poblado norteño de Granada. “Nunca nos vamos a ir de aquí”, les aseguró Uribe ante 2 mil pobladores que vinieron a escucharlo. “Las FARC tienen que salir de aquí, al igual que de todo el territorio de Colombia”.

The New York Times News Service

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