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Solo queda lamentarnos
REINALDO A. WEEKS D.
rweeks@prensa.com
El incidente ocurrido la noche del miércoles,
en el Estadio Nacional, minutos antes del encuentro entre las
selecciones de béisbol de Estados Unidos y Panamá, además de
ser lamentable, deja en evidencia que pese a la planificación
y medidas de seguridad que se adoptaron para hacer frente a cualquier
tipo de eventualidad en el coliseo, a la hora de la verdad, estas
no funcionaron.
Después de que el cohete pirotécnico hizo
impacto en las graderías de sombra del sector derecho hiriendo
a por lo menos 10 personas, tres de ellas de gravedad, lo que
siguió fue aún más triste. Los minutos que se tardaron en evacuar
de las gradas a las víctimas más afectadas para trasladarlas
a un centro hospitalario para la debida atención médica, fue
un tiempo muy valioso que a la postre puede marcar la diferencia
entre la vida y la muerte. Mientras que algunos voluntarios procedían
a auxiliar a los heridos, policías y otros miembros de seguridad
corrían de un lado a otro tratando de abrir la ruta para el acceso
de la ambulancia, que según se explicó después debía haber estado
cerca, en una de las puertas del túnel que sale al terreno de
juego, a fin de que la evacuación se diera por esa vía, aunque
en la práctica no fue así.
Para colmo de males cuando finalmente una
ambulancia pudo ingresar al coliseo por el jardín central, tras
superar un número plural de dificultades para llevarse a los
heridos, los tres de mayor gravedad tuvieron que ser montados
en el mismo vehículo.
Por otro lado, quedó al descubierto una
vez más la endeble seguridad, al igual que el eterno problema
de acceso y salida que hay en torno al ''Gigante de Cerro Patacón'',
tanto para el público, como para que los organismos de protección
y rescate puedan actuar con la debida celeridad para afrontar
cualquier eventualidad que ponga en peligro la vida de los fanáticos
que asistan a ese coliseo a presenciar cualquier espectáculo.
Luego del lamentable accidente del miércoles
que mantiene en estado delicado a uno de los heridos de nombre
Ricardo Vega, de seguro que ahora se tomarán una serie de correctivos
por parte de los organismos de seguridad y protección civil,
así como de los mismos organizadores del torneo y del patronato
del Estadio Nacional, lo cual me parece bien.
Sin embargo, no importa lo que hagan las
autoridades, el acceso y salida del Estadio Nacional seguirá siendo
una pesadilla; mientras no habiliten vías alternas. ¿De qué vale
que se pongan tres vías de entrada o salida, si para ingresar
al área de estacionamiento solo se cuenta con una sola puerta,
que se convierte en un embudo?
Ahora se habla de limitar la cantidad de
autos al área del estacionamiento del estadio y que los demás
fanáticos lo hagan en los buses que tiene el comité organizador.
Sin embargo, ¿quién garantizará que con el tranque que se forma
al momento de la salida, estos transportes podrán retornar a
buscar al público que no pueda abordarlos en el primer viaje?
Para concluir, solo me resta señalar que
este accidente debe ser investigado a fondo, ya que no se trata
solamente de que la empresa responsable de los juegos pirotécnicos
asuma los gastos médicos de los heridos, toda vez que al parecer
hay algunos de ellos que quedarán con secuelas permanentes, sino
que además hay que hacer una exhaustiva revisión de todos los
aspectos humanos y de logística para salvaguardar la vida del
mayor número de personas en una eventualidad.
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