Si las ruinas hablaran
ANA MATILDE ICAZA
aicaza@prensa.com
| Cortesía del
socio Gaspar Pacheco |
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La terraza Bolívar y el edificio
principal de lo que fue sede del Club Unión desde
el 3 de noviembre de 1917.
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Observar unas ruinas es la manera de visualizar
el pasado y sus costumbres. Pero si las ruinas del antiguo Club Unión —luego
Club de Clases y Tropas— hablaran, serían las más bochinchosas de
la localidad.
Desde las familias más prestigiosas de Panamá,
los altos comandantes y generales de la República, hasta los más
artísticos y excéntricos de la capital, han festejado en lo que
hoy son pedazos de cemento en pleno Casco Antiguo.
El Club Unión
El Club Unión abrió sus puertas en 1917 a un selecto
grupo de la más alta sociedad del momento. “La fachada fue copiada
de un club en Londres”, recuerda el historiador aficionado Harry
Castro S.
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| Vista desde adentro de lo que fue el Club
Unión. |
Al entrar “te encontrabas con una escalera amplia
de madera negra con bronce que conducía a dos salones grandes con
piso de madera”, cuenta Rita de De Obarrio al recordar las fiestas
que allí se celebraban. De los salones salías a unos balcones que
colgaban sobre una terraza enorme que daban al mar, donde los domingos
las familias se reunían a cenar. En conclusión, “era de los mejores
edificios de sus tiempos”, opina De Obarrio, quien visualiza a
su papá “con un frac y a mi mamá con traje largo” para ir a las
fiestas del Club.
En aquellos tiempos, las muchachas iban a los bailes
solo si las golondrinas iban. ¿Golondrinas? Sí, “unas viejas de
porra que se metían en todo. Ellas se parqueaban en los balcones
a ver todo lo que ocurría en la terraza”, recuerda De Obarrio de
sus tiempos de adolescente. “Te vi que le agarraste la mano a fulanito”,
dice De Obarrio personificando a todas sus tías y amigas de su
mamá, que iban de chaperonas.
¿Qué contarían las ruinas del antiguo Club Unión?
Contarían, según Harry Castro, de un guardaespalda
que le pegó al portero por no dejar entrar al presidente de ese
entonces, quien no era socio. O le dirían la historia de un “fulano
muy conocido, que era parrandero y mujeriego, y una vez trató de
entrar con dos mujeres de ‘mala vida’ y el portero no lo quiso
dejar entrar”.
El Club de Clases y Tropas
En 1969, el Club Unión abandonó este privilegiado
lugar para mudarse a Punta Paitilla. Entonces pasó a manos de la
Guardia Nacional. “Era un centro de recreación y esparcimiento
para la mayoría de las tropas”, aseguró el general retirado Rubén
Darío Paredes. Era aquí donde los miembros de la Guardia se reunían,
iban al gimnasio, comían y hasta festejaban fiestas nacionales
y personales. “Recuerdo que había hasta una escuela de formación
para policías”, dice Paredes.
Luego, el mar, el tiempo, las bombas y tiroteos
que se han dado en el área y el abandono hicieron estragos sobre
esta edificación, que ahora solo son retazos de lo que alguna vez
fue.
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