Panamá, 8 de noviembre de 2003
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Londres, con reservas, se prepara para Bush

Es una visita de Estado en la cual la reina es la persona que invita, el huésped se aloja en el palacio de Buckingham, y los planes se hacen con varios años de anticipación

Warren Hoge

LONDRES. -El presidente estadounidense, George W. Bush, quien ha sido resguardado de las protestas en viajes recientes, llegará a Gran Bretaña en una visita de Estado en dos semanas, y la policía local está sopesando cómo ejercer control sobre las manifestaciones callejeras que se han prometido sin tener que recurrir a medidas enfocadas a controlar muchedumbres, lo cual podría verse como una forma de limitar la libertad de expresión.

“Se llevarán a cabo manifestaciones considerables a causa de la visita del presidente Bush: entre 50 mil y 60 mil personas”, aseguró sir John Stevens, el jefe de Scotland Yard, a la Autoridad de Quejas Policiales. “Aparte de garantizar su seguridad, lo cual es nuestra inquietud principal, tenemos que asegurarnos de que se permitan efectuar las manifestaciones de la manera normal que se ve en esta democracia”.

Bush es el mandatario estadounidense con menor popularidad en la memoria entre los britones, y el primer ministro Tony Blair ha sido castigado por sus detractores como el poodle del presidente estadounidense, por ser el aliado leal de Bush y combatir en una impopular guerra en Irak encabezada por Estados Unidos.

“Uno de los problemas centrales para Bush en Gran Bretaña es que, si bien es recibido con un respeto cauteloso en el número 10 de la calle Downing, su unilateralismo y estilo informal de Texas no caen bien entre las clases que murmuran, mismas que lo consideran como una persona sumamente peligrosa y algo similar a un bufón”, dijo Anthony King, catedrático de gobierno en la Universidad de Essex.

King dijo que, aunque Bush lucre con la aparición junto a Blair, la presencia del mandatario estadounidense es una responsabilidad para el primer ministro británico.

“La visita de Bush le recordará a la gente, y no solo a integrantes de las clases que murmuran a toda velocidad, lo que Blair ha hecho y sobre lo que ellos más odian”, notó, “esto es, unirse a Estados Unidos en la guerra en contra de Irak”.

En su reciente visita a Australia, otro aliado de Estados Unidos durante la guerra de Irak, Bush se marchó luego de 21 horas y fue conducido de inmediato por caminos despejados de gente ordinaria. Evitó Sydney, donde decenas de miles de personas habían salido a las calles a protestar por la guerra previamente en este año, para favorecer en su lugar a Canberra, la ciudad capital, que es menos contenciosa.

Blair ha demostrado una firme solidaridad con Bush incluso al tiempo que eso le ha costado el respaldo de muchos electores, y se puede anticipar que será visto junto al presidente estadounidense durante buena parte de la visita de tres días.

Seguramente encontrarán protestas durante la visita por parte de militantes que representan a una amplia variedad de causas, de quienes se espera que se reúnan aquí. “Muchos grupos y activistas se están uniendo para convertir Londres en un sitio inhóspito para Bush”, pronostica el sitio de resistencia global en internet. “Necesitamos que la bienvenida en ese lugar sea tan nula como se pueda”.

La policía de Londres fue criticada severamente en 1999, después de que emprendiera una dura represión sobre las acciones dirigidas en contra del entonces presidente chino que estaba de visita, Jiang Zemin, y un portavoz de Scotland Yard dijera que en vista de ese episodio, la policía actualmente estaba recibiendo asesoría para garantizar que los deberes policiales fueran “apropiados, relevantes y proporcionales”.

Ghada Razuki, portavoz de la coalición detengan la guerra, dijo que si bien la policía estaba restringiendo el acceso al centro gubernamental, no estaban haciendo surgir objeciones con respecto a planes para grandes manifestaciones callejeras y una manifestación en el tradicional foro de la disensión de Londres, la Plaza Trafalgar.

“La policía nos ha dicho de manera directa que es nuestro derecho constitucional efectuar una marcha, y que ellos desean mantenerlo así”, dijo Razuki.

Durante el viaje de Bush por Asia en octubre, tanto la programación como las disposiciones de seguridad aseguraron que el mandatario viera a muy pocos manifestantes. Se reunió con dirigentes indonesios en Bali, isla turística dominada por hinduistas donde el sentir antiestadounidense no es tan intenso como en Yakarta, la capital de lo que es el país musulmán más populoso del mundo.

En Manila, los manifestantes fueron mantenidos lejos de Bush, y su llegada al Congreso de las Filipinas se demoró hasta que fue posible dispersar a una enorme muchedumbre.

En Gran Bretaña, Bush viajará por helicóptero y limusina y es poco probable que enfrente a manifestantes de manera personal, pero la presencia de estos será mucho más visible en comparación con su recorrido por Asia.

“Queremos asegurarnos de que las mayores oportunidades para fotografía sean las de las calles repletas de manifestantes”, explicó Razuki, cuyo grupo atrajo a más de un millón de manifestantes antibélicos hasta Hyde Park, en febrero.

Diversos periódicos locales han informado que tanto la reina como el presidente estadounidense se sintieron decepcionados al enterarse de que no estarían participando en el tradicional recorrido en carruaje a lo largo del mall hasta el palacio de Buckingham, pero oficiales estadounidenses en Londres aseguraron que nunca había existido dicho plan.

No obstante, un asesor en la calle Downing buscó distanciarse del argumento que presentaron algunos detractores con respecto al inoportuno momento que Bush eligió para venir a Gran Bretaña. Es una visita de Estado, dijo, una en la cual la reina es la persona que invita, el huésped se aloja en el palacio de Buckingham, y los planes se hacen con varios años de anticipación.

Bush llegará a Londres por la noche del 18 de noviembre y dará inicio a la parte pública de su visita a la mañana siguiente, con una recepción formal seguida de un discurso en un salón público en Londres –cuyo nombre aún no se ha dado a conocer– ante un público compuesto de dignatarios. Esa noche, la reina ofrecerá un banquete en su honor en el palacio de Buckingham. Finalmente, el presidente de Estados Unidos saldrá del país el 21 de noviembre, después de reunirse con Blair.

The New York Times News Service

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