PSICOLOGO EN CASA
Deshacerse del rencor
ALICIA REGO
ESPECIAL PARA LA PRENSA
revista@prensa.com
Dice
el escritor estadounidense Frederick Buechner que de los siete
pecados capitales, la ira es el más divertido. Lamerse las heridas,
besar las aflicciones del pasado, paladear las amargas discusiones
por venir, degustar los dolores infligidos y recibidos, de alguna
manera es banquete digno de reyes. La gran desventaja es que
uno mismo se devora. Porque los huesos del banquete son los de
uno.
Y es cierto. Los que dedican mucho tiempo a rumiar
heridas pasadas albergando resentimientos que cada vez se vuelven
más rancios, se hacen daño a sí mismos. Algo que no es infrecuente,
ya que son muchos los que en algún momento de sus vidas han tenido
que pasar por situaciones duras sin contar con las destrezas necesarias
para afrontarlas sanamente. En vez de ello se tomaron la ofensa
demasiado a pecho, culpabilizando al ofensor de los sentimientos
propios e inventándose una historia de rencor que no parece tener
fin.
De esto es precisamente lo que se habla en el libro ¡Perdonar
es sanar! de Fred Luskin (director y cofundador del programa
del perdón de la Universidad de Stanford), una guía de lo más
interesante que es una excepción para los que como yo creen que
los libros de autoayuda no son demasiado útiles ni científicos.
Nada más lejos de la realidad con esta obra, que además de directa
y cálida combina los resultados de muchas investigaciones que
demuestran por qué perdonar es beneficioso para la salud con
un método comprobado y fácil de aplicar.
¿Guarda usted resentimiento?
Creo que, a más de uno, indagar un poco más en
el tema le vendría como anillo al dedo. Incluso podría ser usted.
Quizás guarde en su foro interno algún rencor que le impide seguir
creciendo como persona. Para saberlo piense en alguna herida personal
y cómo le aflige ahora. Cierre los ojos y evoque en su mente aquel
doloroso suceso que la ha provocado.
Mientras lo recuerda piense o escriba brevemente
un resumen sobre aquella experiencia. Es decir, cuente la historia
de lo que pasó, en papel o en la cabeza. Ahora analice lo que pasa
cuando piense en ello en estos momentos. Por ejemplo, ¿cuál es
el pensamiento más recurrente al recordar el suceso? Luego tenga
en cuenta cómo se siente y fíjese cómo reacciona su cuerpo al revivir
el dolor.
Ahora intente dar respuesta a las siguientes preguntas:
- ¿Piensa usted en esa triste situación más de
lo que piensa en las cosas buenas de la vida?
- Al acordarse de ella ¿siente incomodidad física
o alteración emocional?
- ¿Repite la historia una y mil veces en la cabeza?
Si respondió afirmativamente a cualquiera de estas
interrogantes es probable que guarde rencor y le conceda al agravio
demasiado espacio en su cabeza. Un rencor derivado de situaciones
muy duras, que nace cuando se recibe algo que no se quería o no
se obtiene algo que se esperaba. Una infidelidad, el asesinato
de un ser querido, el engaño de una amigo, una infancia triste
producto de progenitores distantes o agresivos, la traición de
su socio o ser abandonado por la pareja, por ejemplo Un rencor
del que hay que deshacerse si se quiere dejar de sufrir. Algo que
solo se logra si se perdona al supuesto victimario.
El poder del perdón
Pero no por él, sino por uno, porque hay que matizar
que —según Luskin— el perdón no implica excusar al otro o pretender
que nada ha pasado. No es en beneficio del que ha ofendido, sino
para la sanación de uno mismo
Y es que al perdonar se recupera la tranquilidad
y la fe. Se aprende a controlar los sentimientos y por encima se
mejora la salud. Y no solo la mental. Fascinantes estudios de los últimos
años además de demostrar que aprender a perdonar reduce la depresión,
aumenta la esperanza y ayuda a sanar las relaciones, establecen
conexiones con la presión arterial, tensión muscular y las respuestas
inmunológicas.
También indican que los que culpan a otros de sus
problemas se enferman más, por ejemplo, del corazón o de cáncer,
mientras que librarse del yugo del rencor y la retaliación ayuda
a la reducción de los síntomas físicos del estrés, entre ellos
dolores musculares y de espalda, y mareos.
Tomar la decisión de desprenderse del pasado y
retomar el presente es pues vital. Sobre todo en momentos como
estos en los que las consultas médicas están atiborradas de pacientes
con problemas psicosomáticos a la par que el mundo convulsiona
por la violencia y clama venganza.
Conscientes de que no debemos aferrarnos a los
agravios y continuar siendo víctimas de quienes nos han ofendido,
la Fundación Piero Martínez de la Hoz llevó a cabo el 18 de este
mes el seminario “El perdón como herramienta de recuperación emocional”.
Actualmente sus puertas están abiertas para el que necesite ayuda
en este sentido.
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