Panamá, 28 de octubre de 2003
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PSICOLOGO EN CASA
Deshacerse del rencor

ALICIA REGO
ESPECIAL PARA LA PRENSA
revista@prensa.com

Dice el escritor estadounidense Frederick Buechner que de los siete pecados capitales, la ira es el más divertido. Lamerse las heridas, besar las aflicciones del pasado, paladear las amargas discusiones por venir, degustar los dolores infligidos y recibidos, de alguna manera es banquete digno de reyes. La gran desventaja es que uno mismo se devora. Porque los huesos del banquete son los de uno.

Y es cierto. Los que dedican mucho tiempo a rumiar heridas pasadas albergando resentimientos que cada vez se vuelven más rancios, se hacen daño a sí mismos. Algo que no es infrecuente, ya que son muchos los que en algún momento de sus vidas han tenido que pasar por situaciones duras sin contar con las destrezas necesarias para afrontarlas sanamente. En vez de ello se tomaron la ofensa demasiado a pecho, culpabilizando al ofensor de los sentimientos propios e inventándose una historia de rencor que no parece tener fin.

De esto es precisamente lo que se habla en el libro ¡Perdonar es sanar! de Fred Luskin (director y cofundador del programa del perdón de la Universidad de Stanford), una guía de lo más interesante que es una excepción para los que como yo creen que los libros de autoayuda no son demasiado útiles ni científicos. Nada más lejos de la realidad con esta obra, que además de directa y cálida combina los resultados de muchas investigaciones que demuestran por qué perdonar es beneficioso para la salud con un método comprobado y fácil de aplicar.

¿Guarda usted resentimiento?

Creo que, a más de uno, indagar un poco más en el tema le vendría como anillo al dedo. Incluso podría ser usted. Quizás guarde en su foro interno algún rencor que le impide seguir creciendo como persona. Para saberlo piense en alguna herida personal y cómo le aflige ahora. Cierre los ojos y evoque en su mente aquel doloroso suceso que la ha provocado.

Mientras lo recuerda piense o escriba brevemente un resumen sobre aquella experiencia. Es decir, cuente la historia de lo que pasó, en papel o en la cabeza. Ahora analice lo que pasa cuando piense en ello en estos momentos. Por ejemplo, ¿cuál es el pensamiento más recurrente al recordar el suceso? Luego tenga en cuenta cómo se siente y fíjese cómo reacciona su cuerpo al revivir el dolor.

Ahora intente dar respuesta a las siguientes preguntas:

- ¿Piensa usted en esa triste situación más de lo que piensa en las cosas buenas de la vida?

- Al acordarse de ella ¿siente incomodidad física o alteración emocional?

- ¿Repite la historia una y mil veces en la cabeza?

Si respondió afirmativamente a cualquiera de estas interrogantes es probable que guarde rencor y le conceda al agravio demasiado espacio en su cabeza. Un rencor derivado de situaciones muy duras, que nace cuando se recibe algo que no se quería o no se obtiene algo que se esperaba. Una infidelidad, el asesinato de un ser querido, el engaño de una amigo, una infancia triste producto de progenitores distantes o agresivos, la traición de su socio o ser abandonado por la pareja, por ejemplo Un rencor del que hay que deshacerse si se quiere dejar de sufrir. Algo que solo se logra si se perdona al supuesto victimario.

El poder del perdón

Pero no por él, sino por uno, porque hay que matizar que —según Luskin— el perdón no implica excusar al otro o pretender que nada ha pasado. No es en beneficio del que ha ofendido, sino para la sanación de uno mismo

Y es que al perdonar se recupera la tranquilidad y la fe. Se aprende a controlar los sentimientos y por encima se mejora la salud. Y no solo la mental. Fascinantes estudios de los últimos años además de demostrar que aprender a perdonar reduce la depresión, aumenta la esperanza y ayuda a sanar las relaciones, establecen conexiones con la presión arterial, tensión muscular y las respuestas inmunológicas.

También indican que los que culpan a otros de sus problemas se enferman más, por ejemplo, del corazón o de cáncer, mientras que librarse del yugo del rencor y la retaliación ayuda a la reducción de los síntomas físicos del estrés, entre ellos dolores musculares y de espalda, y mareos.

Tomar la decisión de desprenderse del pasado y retomar el presente es pues vital. Sobre todo en momentos como estos en los que las consultas médicas están atiborradas de pacientes con problemas psicosomáticos a la par que el mundo convulsiona por la violencia y clama venganza.

Conscientes de que no debemos aferrarnos a los agravios y continuar siendo víctimas de quienes nos han ofendido, la Fundación Piero Martínez de la Hoz llevó a cabo el 18 de este mes el seminario “El perdón como herramienta de recuperación emocional”. Actualmente sus puertas están abiertas para el que necesite ayuda en este sentido.


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