Panamá, 28 de octubre de 2003
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Los estados de ánimo en el proceso de educación infantil

E.M. SUAREZ
DE FIRMAS PRESS

La relación de los padres a la hora de entenderse con sus hijos radica en los estados de ánimo y la conducta tanto de los mismos padres como de los hijos.

Esto significa que cuando alguien “está de buenas” o “se siente bien” tiende a ver la vida de manera positiva.

Esto resulta en un comportamiento más comprensivo, tolerante y propenso a perdonar las conductas negativas en los demás.

De igual manera, cuando los padres “están de buenas”, educan y disciplinan al niño de una manera respetuosa que estimula en éste los cambios adecuados.

Mientras que cuando los padres “están de malas”, tienden a ver la vida —y los problemas que ésta les plantea— de forma intolerante y dispuestos al castigo.

Sin una buena comprensión de los diversos estados anímicos, la misión de los padres podría verse plagada de inconsistencias. No importa qué trastorno de conducta exhiba un muchacho, si éste cuenta con el amor y la comprensión por parte de sus padres, podrá superarlo.

El sentido común básico debe ser el eje cuando se trata con niños. Por ejemplo, hay criaturas que tienden a manifestarse negativamente cuando sienten hambre o cuando están cansados.

Algunos necesitan más tiempo de descanso que otros o tener ratos de juegos tranquilos o que no se les sobreexcite con ninguna actividad.

En la medida en que el niño vaya adquiriendo autocontrol y sentido de la responsabilidad, irá frenando su comportamiento negativo.

Recuerde que los niños también poseen emociones y son muy susceptibles a los estados de ánimo de sus padres. La impaciencia, las reacciones exageradas y la ira asustan a los chicos y nunca provocan un resultado positivo.

Hay que tener en mente que cada muchacho es distinto y que los resultados obtenidos con uno tal vez no sean aplicables para otro.


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