Panamá, 28 de octubre de 2003
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A celebrar los 100 años con la selección

Abel Augusto Zamorano

A escasos días de que Panamá alcance en el reloj de la historia 100 años de existencia, recibe como valioso regalo la oportunidad de participar como equipo deportivo en un evento mundial de fútbol. ¿Qué mejor regalo para quienes han venido trabajando por años en el desarrollo de este deporte? De verdad, esto constituye un valioso homenaje a la patria en este centenario.

Si me preguntaran qué significado le doy a la palabra patria, diría que es la expresión inefable de un júbilo que veo en los rostros de niños, adolescentes, adultos y viejos que sonríen, gritan, ovacionan, se emocionan y hasta lloran cuando su equipo nacional debuta en un campo de juego, y qué campo de juego tan valioso como ese césped mundialista de Emiratos Arabes Unidos. Es también esa alegría gigantesca de ver ondear nuestra insignia tricolor en aquellos lejanos lares, no obstante cercanos, pues nos unen los indestructibles lazos del sentimiento patriótico.

Pero es bueno entonces destacar que este triunfo es la tarea cotidiana de muchas personas que día a día sacrifican gran parte de sus vidas familiares, sociales y profesionales para dedicarle tiempo a tan hermoso deporte. El fruto de ese sacrificio resonará en un estadio lejano al terruño, resonará en los Emiratos Arabes Unidos en las notas de nuestro himno nacional, entonadas con fuerza y orgullo por nuestros jugadores.

Las felicitaciones son para todos esos héroes anónimos que jamás sabremos de sus rostros y que siempre laboran incansablemente, y también para aquellos que desde hace mucho tiempo comenzaron a creer que algún día Panamá lograría ese objetivo. Gente con una fe inquebrantable en el fútbol panameño, gente que desde tiempos pretéritos sentó las bases de esta obra que hoy se dibuja en el horizonte deportivo; dirigentes, jugadores que desde hace tiempo comenzaron a trabajar en condiciones distintas a las actuales. Esos hombres iniciaron la tarea que hoy fructifica.

De aquellos legendarios personajes, Romel Fernández se erige como el símbolo patrio del fútbol y a cuya memoria dedicamos este y los triunfos futuros.

Felicitaciones que se confunden con el agradecimiento para quienes no se rinden y soportan la responsabilidad de la victoria y la profesionalización del deporte nacional; así como a los dirigentes actuales. En ese sentido, justo es reconocer el papel desempeñado por Ariel Alvarado, a quien el destino le ha colocado sobre los hombros –cual Atlas deportivo– la responsabilidad de representar nuestro fútbol organizado a nivel federado.

También felicito a los protagonistas, a cada uno de los jugadores que vestirán la camiseta panameña y que sin duda alguna lucharán para que Panamá ocupe un sitial de respeto entre los grandes.

Cómo no elogiar a un equipo que para llegar a la posición que hoy aplaudimos, tuvo que dejar en el camino a países con una trayectoria futbolística de mayor trascendencia que la nuestra y con un deporte más organizado a nivel profesional.

Esa victoria inicial nos lleva a reflexionar, en el sentido de que debemos pensar siempre como país no solamente en este deporte, sino en la mayoría de las labores que hacemos en equipo. Una reflexión que abra las mentes cerradas de técnicos que no abandonan sus caprichos y les impide aceptar que solo los mejores son los llamados a permanecer en el plantel que nos representa.

Una reflexión que penetre en las mentes de los árbitros para que sean más cuidadosos en sus decisiones, ya que un buen fútbol es inexistente sin un buen arbitraje. Una reflexión que atraviese los lentes de los medios para que dirijan sus reportajes de manera constructiva en beneficio del deporte y no individualizar sus ataques en contra de dirigentes que, como todo humano, no están exentos de errores.

Una reflexión que ponga de relieve, que aún cuando degustemos las mieles de la victoria, no debemos perder la grandeza de la humildad; característica propia de los grandes hombres y mujeres de la historia.

Finalmente, esa reflexión debe alcanzar a la fanaticada y llamarla a que siga apoyando fielmente a su selección, ya que sin espectadores no hay interés deportivo, y es a ella a quien, definitivamente, se deben los equipos y selecciones.

Todo lo anterior se vuelve un grano de arena en el océano que representa la palabra patria, galardonada en este mundial. Todos debemos asumir el ejemplo que nos da la selección panameña ahora, convertida en embajadora de nuestros deseos e ilusiones deportivas y en el legado que al igual que atletas de otras ramas del deporte le obsequian a la patria en sus 100 años de libertad y esperanza.

El autor es abogado

Además en opinión

Martín Torrijos y la Policía Nacional: Guillermo A. Cochez
Conversión y nueva Constitución: Néstor Jaén S.J.
Carta a los candidatos: Magela Cabrera Arias
A celebrar los 100 años con la selección: Abel Augusto Zamorano





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