Panamá, 28 de octubre de 2003
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Carta a los candidatos

Los electores tenemos el poder y la responsabilidad de mantener una visión crítica de la realidad y de oponernos tenazmente a la manipulación de las campañas electorales

Magela Cabrera Arias

Los diarios me indican que la corrupción goza de buena salud en todos los países y en todos los ámbitos. Se corrompen ideales, carreras, políticos, jueces, legisladores, incluso amistades y amores. Lo triste de ese espectáculo es que la corrupción no solo es inmoral, es un ataque contra nuestro medio de vida. No es fortuito que los países ricos sean también los más transparentes, ni que los más pobres sean los más corruptos. Pero no te confundas, esa mala hierba crece en todas partes, la diferencia radica en que en algunos países, como en Panamá, le ponen abono –más conocido como impunidad y olvido– y en otros, intentan combatirla con transparencia y fiscalización.

Acá, además, muchos están aquejados de muy mala memoria y pareciera que también de sordera. Este es el caso de los legisladores, ministros, políticos y magistrados. Hacen oídos sordos, nunca mejor dicho, a las peticiones de la gente: queremos saber cómo se usa el dinero de los contribuyentes, basta de nepotismo y de gastos superfluos; demandamos: buena atención de salud, agua potable, buen transporte público, mejores condiciones para la educación, trabajo digno, etc. Pero no, la sordera parece ser irreversible y profunda. Imaginen lo grave de la enfermedad: de un total de 71 legisladores, 60 pretenden reelegirse, según evidencian las encuestas que los señalan como ineficientes y corruptos conforme a la opinión del pueblo. De esos calificativos tampoco se salvan los miembros del Organo Ejecutivo y del Judicial.

El fenómeno de la corrupción ha sido ampliamente descrito y documentado. Los diarios nos entregan puntualmente, casi cada día, uno nuevo. Algunos sucesos entran en la esfera de la ficción, como sabrá cualquiera que haya seguido la saga del rosario de escándalos que nos indigestan el desayuno cada mañana. Lo grave es que el fenómeno tiene el beneplácito y la complicidad de la clase política e incluso de algunas instituciones; siempre, obviamente, a costa de nosotros los contribuyentes que invariablemente acabamos pagando la fiesta.

La sociedad, aunque aún no está de acuerdo en la forma, parece haber alcanzado un claro consenso en que desea que se convoque a una Asamblea Constituyente que, por una parte, facilite frenar la voracidad, deshonestidad y corrupción tanto de la clase política corrupta como de otros individuos nocivos al país; además de que permita una mayor y efectiva participación a los ciudadanos en los asuntos que atañen directamente a su calidad de vida. Ha quedado claro que ya no queremos que legisladores, magistrados, empresarios ni persona alguna ostente inmunidades, privilegios y exoneraciones que solo ahondan la ya profunda inequidad en la distribución de la riqueza existente en Panamá.

No obstante, aquí cabe recordarles a los candidatos que la gente sabe “que la fiebre no está en la sábana”; que percibimos que la gravedad del problema no radica en las leyes y que reconocemos que el obstáculo fundamental es la ausencia de ética y honestidad. Basta ya de confundir el oficio de político con el de charlatán de feria en el que los candidatos ofertan alegre e irresponsablemente –como si sacasen conejos de una chistera– cuanto asunto saben que preocupa a los ciudadanos. ¡Cuánta coincidencia!, ahora, repentinamente todos los candidatos, incluso los que antes se habían declarado abiertamente en contra, están de acuerdo en que la Constitución actual debe cambiarse. Ello me lleva a pensar que un populismo corrosivo y tramposo impregna la oferta del día de muchos de ellos; trastocando lo que debería ser una confrontación de ideas, de proyectos políticos y de propuestas detalladas, en una caricatura grotesca con soluciones mágicas para todos los problemas.

La esperanza radica en el pueblo; pero uno con buena memoria. Milán Kundera afirma en uno de sus libros que la lucha de las personas contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. ¡Y tiene razón!, no olvidemos quiénes son los que han defraudado a los ciudadanos con promesas incumplidas y abiertas prácticas de nepotismo y corrupción. Los electores tenemos el poder y la responsabilidad de mantener una visión crítica de la realidad y de oponernos tenazmente a la manipulación de las campañas electorales. Como votantes debemos mantener la moral y no abandonarla, alquilarla y mucho menos venderla. Debemos exigir a los candidatos que se pronuncien con propuestas específicas, dirigidas a dar respuesta a las demandas sociales y políticas de la mayoría nacional, y a erradicar los problemas que mantienen a la gente en la pobreza y al país en una grave crisis económica y social. Queremos oír cómo lo harán, queremos propuestas articuladas y coherentes con la realidad del país. Basta ya de palabrería hueca y viles ataques al contrincante político para captar votos y desviar la atención pública de los verdaderos asuntos de Estado.

Una forma verdaderamente nacionalista de conmemorar los 100 años como república independiente es luchar y participar en una radical transformación política y social del país. Eso solo lo podremos hacer con la colaboración de todos los que conformamos esta nación. Luchemos por lograr, a través de una Asamblea Nacional Constituyente igualitariamente organizada para los miembros de la sociedad panameña, un debate ciertamente democrático en el cual se garantice la participación de todos y en el que se expresen las necesidades y propuestas de todos y cada unos de los que formamos la nacionalidad panameña.

Necesitamos la colaboración de los medios de comunicación que hasta ahora han evitado contextualizar y dar marcos de referencia, lo cual impide que la mayoría de los ciudadanos entienda qué, por qué y cuál es el significado de lo que ocurre en Panamá. ¡Arriba corazones, arrimemos el hombro que juntos podemos lograrlo!

La autora es arquitecta

Además en opinión

Martín Torrijos y la Policía Nacional: Guillermo A. Cochez
Conversión y nueva Constitución: Néstor Jaén S.J.
Carta a los candidatos: Magela Cabrera Arias
A celebrar los 100 años con la selección: Abel Augusto Zamorano





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