Jóvenes se involucran en prácticas satánicas
Un grupo de 10 jóvenes del primer ciclo de Pocrí está involucrado en este tipo de cultos
ZABDY BARRIA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
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ESPECIAL PARA LA PRENSA / Z. Barria
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Los jóvenes que realizan prácticas satánicas
pintan signos en las paredes externas de varios edificios. |
AGUADULCE, Coclé. — Para sólo diferenciarse de los demás jóvenes de su edad, Minerva (nombre ficticio) empezó a practicar el satanismo. Actividad que inició a los 13 años y ahora, que tiene 17, intenta salir de ese mundo que cambió tanto su vida como la de su familia.
Testimonio
Aprendió a adorar lo malo al ingresar a grupos satánicos. “Escuchaba rock, jugaba la ouija y todo lo que practiqué lo conocí sin querer”, indicó.
Comentó que esta música le daba valor y fuerza para actuar diferente a los demás jóvenes.
Se infligía heridas en su cuerpo y en varias ocasiones intentó suicidarse.
A medida que transcurría el tiempo aumentaba su conocimiento en estas prácticas.
Tenía la capacidad de reclutar jóvenes para su grupo, por lo que se convirtió en líder.
Contó que hacía pactos con el diablo, le entregaba jóvenes y a cambio le pedía popularidad, fama y belleza.
“Si quieres entrar tienes que cortarte o ponerte en medio de la calle y cuando viene un carro quítate, si eres tan valiente”, así le decía Minerva a los jóvenes que querían formar parte de su grupo.
Consiguió lo que deseaba, pero también sufrió las consecuencias de estas prácticas.
Estuvo recluida en el hospital por crisis nerviosa ya que intentó agredir a su madre.
“Soy víctima. Esto no es como la droga, que puede uno salir, siempre habrá algo en nosotros que nos querrá llevar por ese camino”, agregó.
Una fuerza espiritual
Manuel Jiménez, pastor del Tabernáculo de La Fe de Aguadulce, en Coclé, define el satanismo como: “una fuerza espiritual, que de manera engañosa, se introduce en las personas y poco a poco se adueña de su voluntad”.
Dijo que son muchos los jóvenes que lamentablemente se inclinan en adorar a satanás, prácticas que están llevando a las escuelas.
En la escuela
Una inspectora del Primer Ciclo de Pocrí, vio algo extraño entre un grupo de estudiantes del plantel.
Los jóvenes tenían marcas de heridas en sus brazos.
Preocupada, avisó al director del plantel e iniciaron las investigaciones.
Víctor Agudo, encargado del plantel, dijo que aproximadamente 10 estudiantes, entre varones y niñas, llevan sus brazos marcados, heridas hechas, al parecer, con arma blanca.
Marcas no muy profundas, sin embargo, le llamó la atención que la mayoría de los estudiantes provenían de una misma aula de clase y algunos son miembros del cuadro de honor.
Una de las explicaciones que dieron al director es que un joven que reside en Pocrí y que estudia en la ciudad capital les dijo que en gran parte de los centros educativos de Panamá los estudiantes se marcaban los brazos para demostrar valentía.
Con esto, ellos quieren demostrar que forman parte de un grupo de valientes, recalcó.
El dirección del plantel programó una reunión con los padres de los jóvenes implicados en el caso.
El decreto No.162 del Ministerio de Educación, establece sanciones para los estudiantes que utilicen armas o que se agredan.
En este caso, los jóvenes fueron suspendidos, sanción que fue impuesta con el consentimiento de sus padres.
El porqué delas prácticas
Milagros Tuñón, médico psiquiatra del Hospital Rafael Estévez, dice que la práctica de ritos satánicos por parte de jóvenes es frecuente, no solo en Aguadulce, sino en todo el mundo.
Ellos se involucran en estos cultos porque se sienten frustrados, apartados de la sociedad, de la familia, tienen carencias afectivas.
Manifiestan su oposición de lo que les daña y lo que ven mal.
Detalló que el joven, en su etapa de niño a adolescente, demuestra rebeldía y en estos grupos le dan la oportunidad de rebelarse en contra de la sociedad.
“Entran por curiosidad, buscan algo que los haga diferentes, se identifican con los líderes de estos grupos hasta el punto de imitarlos porque sienten que están dentro de una familia”, indicó.
Pero también ha conversado con muchos adolescentes que temen hasta de hablar del tema porque sienten que les puede ocurrir algo malo.
Un problema social
La legisladora Teresita de Arias recordó que en Panamá el problema del desempleo golpea de manera directa a las familias, situación que se traduce en pobreza.
A ello se suma la delincuencia y la pérdida de los valores de la sociedad.
“Esto lleva a veces que a la gente muy joven y desorientada pertenezca a sectas y prácticas dañinas, que afectan sus vidas”, agregó.
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