Investigación amenaza con desatar tormenta política en la Casa Blanca
WASHINGTON, DC (EFE). —El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha abierto una investigación formal sobre la filtración del nombre de una agente de la CIA, en una iniciativa que amenaza con desatar una auténtica tormenta política en el seno de la Casa Blanca.
El fiscal general y cabeza del Departamento, John Ashcroft, confirmó ayer la apertura de la investigación e indicó que ha pedido tanto a la Casa Blanca como a la Agencia Central de Información (CIA) que conserve todos los documentos, incluidos listados de llamadas telefónicas y correos electrónicos, que puedan ser relevantes al caso.
Pero Ashcroft, un estrecho colaborador de Bush, no quiso indicar porqué ha rechazado que sea una comisión independiente la que se haga cargo del caso en vez del Departamento del Justicia, una instancia gubernamental.
“La investigación está abierta, por lo que no voy a hacer más comentarios”, indicó.
La oficina del presidente George W. Bush ha indicado que cooperará por completo con el Departamento de Justicia en la investigación, que examinará las acusaciones de que funcionarios de la Casa Blanca filtraron a la prensa el nombre de la agente secreta Valerie Plame como venganza contra su esposo, el ex embajador Joseph Wilson.
Wilson es uno de los mayores críticos a la política de Washington acerca de las supuestas armas de destrucción masiva en Irak. El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan, declaró ayer que “el presidente George W. Bush ha ordenado que se coopere plenamente con la investigación”.
Bush, aseguró McClellan, “es el primer interesado en que todo esto se aclare”, ya que “opina que la filtración de material clasificado es algo muy grave y una fuente de preocupación”. El nombre de Plame apareció publicado en una columna de amplia distribución del periodista Robert Novak, que aseguró que “dos altos funcionarios de la administración” le habían proporcionado la identidad.
Los dedos apuntaron inmediatamente a Karl Rove, el principal asesor político de Bush.
La Casa Blanca ha negado tajantemente estas acusaciones: “simplemente no es verdad” que Rove tenga nada que ver con la filtración, según declaró McClellan el lunes.
La oposición demócrata y los críticos del Gobierno estadounidense consideran que el caso pone en entredicho la integridad del propio Bush y exigen una investigación encabezada por un organismo ajeno al Ejecutivo.
El senador demócrata por Nueva York, Charles Schumer, quien envió el lunes una carta a Bush y Ashcroft en este sentido, dijo ayer en el pleno del Senado que la filtración “no solo es algo sucio, es como un ataque a traición” producido por una “razón frívola y sucia”, la represalia porque “Wilson revelara la verdad”. El líder demócrata en el Senado, Tom Daschle, indicó que el rechazo de la Casa Blanca a una investigación independiente hace surgir “verdaderas preocupaciones acerca de la objetividad y el grado hasta el que están dispuestos a averiguar esto”.
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