Panamá, 24 de septiembre de 2003
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CSS: ¿qué hacer?

Trabajadores y empresarios tienen que volver a sentarse a negociar para encontrar qué hacer para salvar el programa de Invalidez, Vejez y Muerte

Miguel Montiel Guevara

El pasado 17 de septiembre asistí a una asamblea general de estudiantes, profesores y empleados administrativos en el paraninfo de la Universidad de Panamá. Varios colegas docentes, así como dirigentes estudiantiles, hicieron uso de la palabra para expresar su apoyo al colega Juan Jované. Encendidos discursos reiteraron una y otra vez la pertinencia de la Universidad de Panamá para manifestarse sobre la actual crisis de la Caja de Seguro Social. En la reunión se presentó el propio Prof. Jované, quien con breves palabras saludó a la audiencia, agradeció su apoyo y sentenció que él estará siempre dispuesto para defender las dos instituciones más arraigadas en el corazón del pueblo panameño: la Universidad de Panamá y la Caja de Seguro Social, y denunció la amenaza de privatización como uno de los mayores peligros que pesa sobre las dos. La asamblea terminó con vítores por la defensa de la autonomía de ambas instituciones.

Quiero señalar mi satisfacción y reconocimiento a los grupos estudiantiles que convocaron la asamblea –por varios hechos que allí acontecieron–, antes de dar mi opinión sobre el problema concreto de la Caja. Sentí que volvía a mis años de estudiante de los sesenta, cuando todos los graves problemas nacionales los discutíamos en asambleas multitudinarias en el paraninfo, y me felicité por haber sido parte de los esfuerzos que hiciera el Dr. Gustavo García de Paredes en sus anteriores rectorías, junto con el desaparecido Egbert Wetherborne, para que los muchachos hicieran eso mismo en el llamado Foro Universitario, creado para el debate de asuntos trascendentales que exigieran la toma de decisiones en conjunto. Demostraron el poder de convocatoria que legitima la toma de acciones que nos afectan a todos. Pero además, demostraron madurez al aprobar la realización de actos de protestas que no fueran contraproducentes por el perjuicio que ocasionan a terceros y, sobre todo, se comprometieron a no caer en la provocación que lleve al cierre de la Universidad. Eso es actuar con inteligencia y no solo con coraje, que sabemos que a ellos les sobra. Ojalá cumplan lo pactado. Dicho esto, paso a lo siguiente.

Salí de la reunión haciéndome la misma pregunta con la que entré: ¿qué hacer ante el problema de la Caja de Seguro Social? Por los devastadores efectos que ha tenido en otros países, me opongo a la privatización de la seguridad social. Es una obligación irrenunciable del Estado. Pero hubo algunos planteamientos desconcertantes para mí. Tal es caso de la propuesta hecha por uno de los oradores para que el sector de los trabajadores no participe más del llamado Diálogo Nacional por la Caja de Seguro Social, propuesta que, en mi opinión, fue aprobada en medio de mucha emoción, pero poca reflexión. Creo que es un error, sobre todo viniendo de los universitarios. Los vietnamitas, por ejemplo, guerreaban en Vietnam, pero al mismo tiempo estaban sentados en París negociando con los estadounidenses. Trabajadores y empresarios tienen que volver a sentarse a negociar para encontrar qué hacer para salvar el programa de Invalidez, Vejez y Muerte, que es el único de los tres programas de seguridad social en el que no han logrado coincidir. Y si a pesar de todos los esfuerzos no llegan a ponerse de acuerdo, que se lleve a referéndum la propuesta de unos y otros para que sea el pueblo quien decida finalmente, porque como alguien dijo una vez, “la voz del pueblo es la voz de Dios”. Sea.

El autor es catedrático titular de filosofía


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