Panamá, 24 de septiembre de 2003
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Memorias de un poste de luz…

Realmente no entiendo por qué insisten en seguir pegando su foto, si es para que hablen tan mal de ellos. Puede ser que algo muy bueno debe haber si ganan

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Soy un poste de la luz… llevo casi 30 años de estar en el mismo sitio. Como habitante de la ciudad puedo dar fe de muchas cosas que han ocurrido y que me ha tocado presenciar (y soportar) silenciosamente sin derecho a quejarme… A pesar de mi rígida firmeza también he podido ver cómo ha evolucionado el mundo a mi alrededor. Bueno… voy a contarles mi historia…

Siempre he vivido en Calle 50, me “sembraron” cuando era de dos vías. Desde el día que me colocaron (fui de los primeros de cemento) he tratado de cumplir mi trabajo de la mejor forma posible. Originalmente tenía que soportar solamente el peso de cables de electricidad. Después, agregaron los de teléfono, televisión por cable y, recientemente, uno que le llaman fibra óptica y que aparentemente lleva por dentro una cosa llamada “data” con la que funciona el internet y de la que depende la comunicación de casi todos los humanos hoy. Siempre me ha causado cosquillas cuando apoyan en mí escaleras de extensión por las que suben intrépidas personas que trastean los cables en mi cabeza. He tolerado terribles sustos cuando en mi cabellera han explotado transformadores por causa de rayos y lluvias. Afortunadamente nunca me ha ocurrido nada serio. Mis amigos y yo hemos sido propiedad de los estadounidenses de la Fuerza y Luz, de los panameños del IRHE y de los españoles de FENOSA y ELECTRA. Mis pies han tolerado muchas veces la humedad generada por perros que pasan día a día junto a mí “marcando su territorio” o incluso por alguno que otro borracho que, por no llegar a un baño, ha utilizado mis pies para eliminar sus tibios líquidos corporales.

Algo en lo que he sido muy afortunado es en que, después de todos estos años, he salido ileso de las agresiones que mi especie es víctima por parte de los malvados “diablos rojos”. He tenido varios vecinos que han sufrido terribles accidentes cuando esos irresponsables, haciendo carreras o tratando de llegar primero a la parada les han embestido las piernas causándoles todo tipo de lesiones. Dichoso yo que me he salvado.

Pero también he servido para cosas buenas y he presenciado cosas terribles. Hace ya muchos años (en 1987, creo) me tocó ver cómo un grupo de maleantes bajaban de carros e incendiaban la Mansión Danté... esos animales gritaban algo así como “sediciosos, sediciosos…”. Realmente nadie vino a detenerlos y luego vinieron otros a tomarse fotos como si aquello fuera una gracia. Un tiempo después viví una época muy bonita, donde todos los mediodías se formaban unos tremendos carnavales. Invariablemente, los empleados de los bancos alrededor de donde vivo, salían a la calle con globos, a agitar pañuelos blancos, a hacer caravanas y a tocar pitos y pailas. Siempre insultaban a alguien a quien le decían “cara de piña” y tocaban con la bocina del carro “una cancioncita” muy simpática que significada “el que no brinca es sapo”. Pero después de unos meses, todos los días, aparecían unos bichos vestidos de negro que golpeaban con mangueras y palos a aquella gente que participaba de los “carnavales blancos”. En muchas ocasiones los “sediciosos” (como les decían) se escondían detrás de mí y mis amigos para que no los golpearan. Tratamos de ayudarlos pero nuestros recursos eran muy pobres. Lo peor fue que a pesar de nuestro esfuerzo, todo fue por gusto… eventualmente terminaron con ellos… aunque un día llegaron unos soldados de verdad, vestidos de verde y vi cómo aquellos valientes “doberman, batalloneros y CODEPADI” escapaban y se escondían como gallinas asustadas. Supongo que al famoso MAN lo habrán encerrado después de eso, porque ya nadie habla de él.

Pero también he aportado mi granito de arena a la historia del país… ¿Por qué?... porque cada cinco años me llenan de pegotes de colores con unas caras de gente a quienes llaman candidatos. Y los hay de todos los tipos… vota sí, vota no, presidentes, alcaldes, legisladores y representantes… He podido notar que muchos de los transeúntes que pasan por allí ni siquiera ven los letreros. Entre esa gente que he “lucido” en mi barriga hay algunos tan, pero tan desagradables, que ni los perros se acercan a orinar cuando ponen sus fotos… (al menos algo bueno tienen). Pero lo peor de todo es que la gente al pasar dice toda clase de palabrotas cuando ve esas fotos sobre mí… Ladrón, coimero, estafador, corrupto, “bailalavara”, “rebuscón”, arrastrado, “lamebota”, vendido, y muchas otras cosas de ellos y sus mamás que no repito porque una vez oí a una señora cuando regañaba a un niño porque “esas palabrotas no deben decirse”. Yo realmente no entiendo por qué insisten en seguir pegando su foto, si es para que hablen tan mal de ellos. Puede ser que algo muy bueno debe haber si ganan. Lo peor de todo es que por las noches llegan unos tipos y ponen letreros encima de los que pusieron la noche anterior lo que, después de tres meses, representa un tremendo peso para nosotros. Ah… y cuando pasan las famosas elecciones casi ninguno se preocupa de quitar los pegotes y tenemos que esperar que la lluvia, el sol, el viento y la historia se encarguen de desintegrarlos.

En fin… están comenzando a pegar de nuevo las dichosas fotos con gente tan desagradable como en ocasiones anteriores. Ojalá esta vez hubiera alguno que mereciera que se dijera algo bueno al pasar junto a mí… pero, de acuerdo con lo que he escuchado, los de ahora son tan malos como los anteriores. Qué triste mi destino… mantenerme firme, escuchar, callar, aguantar, y seguir viendo cómo utilizan mi ombligo para mentirle a la gente decente que convive con nosotros en la ciudad… Espero que el día que me caiga, tenga la dicha de aplastar a algunos de estos mentirosos que tanto daño me han hecho a mí y a mis vecinos panameños durante lo que ha durado mi estática existencia…

El autor es médico cardiólogo

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Memorias de un poste de luz…: Daniel R. Pichel
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