De día y sin tapujos
Cabe preguntarse si no será que los gubernamentales planificadores de infortunios lo que están buscando es enrarecer el ambiente electoral
Adela García de Castro
¿Sería acaso mucho pedir que nos dijeran la verdad? Y me refiero a todos: los que mandan, los de a pie, los que informan y los que solo quieren salir en la foto. Porque verá usted, entre lo que nos dicen y luego hacen, lo que dan por un hecho y al día siguiente desdicen, lo que en el fondo quieren, pero no se atreven a confesar, y lo que dicen a medias, yo ya no sé si pensar, mal pensar o no pensar en lo absoluto (y le digo, aquí entre nos, que aunque quiero ceñirme a mis más puros y hasta cándidos propósitos; constantemente se me enciende en la cabeza el foquito de “piensa mal y acertarás”).
Siempre queda, claro está, la posibilidad de decirse uno mismo: ¡...! (autocensurado, aunque le doy una pista por si quiere seguirla: es la frase sobre unos pastores que muy coloquialmente acostumbra soltar Gerardo González). Pero bueno, llegar a ese extremo tampoco es aconsejable porque equivaldría a encerrarse bien brava en el closet o sumarse al ya nutrido grupo de avestruces sin cabeza visible, que a ratos abren un ojo para no perderse el cuento completo. Y las circunstancias no lo aconsejan, creo yo; más vale prestar atención al turno completo, porque sino la avalancha de cosas que está sucediendo te emplaza con un: estás bota’o. Y ya sabe usted que “tongo bota’o no pone boleta”.
Y hablando del rey de Roma: ¿qué le parecieron estimado lector las recientes vistas televisadas de los uniformados sofocando a los manifestantes? Uno no quiere juzgar así porque sí, pero (y voy a emplear las palabras dichas por un pocotón de gente, para que luego no digan que la que se pasó de la raya fui yo): ¡qué brutalidad! ¡Qué expresiones tenían en las caras! Y me pregunto: ¿en qué escuelita habrán matriculado a los señores policías? Dicen que algo les dieron –pero vaya usted a saber si es cierto– y hasta dicen que los antimotines de acá fueron reemplazados por los duchos guardafronteras de Darién (me imagino que para allá deben haber mandado a los de tránsito ¿no? Aunque quién sabe, porque como por esos lares el tráfico es tan tupido, va y tampoco pueden con él).
En fin, hasta puede ser que con eso de que era 11 de septiembre simplemente se contagiaran de los bestiales malos ejemplos de esa fatídica fecha. Porque si no, ¿a santo de qué tamaña reacción por unos tranques de calles y una tiradera de piedras? (que por lo demás han sido bastante frecuentes durante este gobierno). ¿No hubiera bastado con una actuación disuasiva de rutina?
Ahora bien, cabe preguntarse si no será que los gubernamentales planificadores de infortunios lo que están buscando es enrarecer el ambiente electoral, porque los arnulfistas –¡finalmente!– ya la están viendo perdida (con alianza o sin ella). Lo cierto es que, a pesar de los pesares, el miedo no ha cundido entre las filas de empleados del Seguro, obreros, estudiantes, maestros y profesores (independientemente de lo que diga la ministra), de los diversos gremios de la salud involucrados (a pesar de las amenazas) y de los aguerridos jubilados. ¿Y entonces qué? ¿Más represión? ¿Posposición de las elecciones? ¿Desautonomía del Seguro Social? ¿Aseguramiento de la caja menuda para tapujar lo que todo Panamá, si no sabe, sospecha?
Ojalá y no sea realmente eso lo que está detrás de la jugada. Pero qué nos dejan para pensar correctamente, si el zigzagueo ha sido mayúsculo: primero, que eso de que Jované iba para afuera no era cierto; luego que su destitución era provisional, pero antes de los 30 días previstos para los descargos ya están sacando de sus puestos a un tarrantantán de gente que trabajaba con él (uno de ellos manifestó que el director provisional le dijo, que ya sabe usted quién le había mandado a renunciarlo; a lo que el éste contestó que eso no había sido así, pero el renunciado sigue afirmándolo).
Hacen y desdicen; niegan y hacen...
¿Y a todo esto, la Caja de Seguro Social? Muy mal, ¿y usted?
La autora es licenciada en historia y editora
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