Constitución
El pueblo panameño sabe que la actual Constitución Política tiene más remiendos que una desteñida colcha campesina
José M. González C.
berbeser@hotmail.com
Los gobernantes, los gobernantes garrapatas, saben que las constantes reformas les permiten chupar incesantemente y sin temor la savia habida en el tesoro nacional. Lo hacen a sabiendas de que la débil ley y la miope justicia no les dan alcance, porque cobardemente se esconden en los oscuros vericuetos de la intrincada maraña de las reformas hábilmente elaboradas.
El pueblo está hastiado de la Constitución que abortaron los sanguinarios tiranos que por 21 años asolaron e hipotecaron al país.
El pueblo está demandando una Constitución que sea fiel intérprete de los intereses y sentir del pueblo. El pueblo ya no solo no soporta, sino que eructa la Constitución que nos impusieron, metralla en mano, los fatuos gorilas. Hoy por hoy, esa Constitución solo sirve a los intereses de los corruptos que desgraciadamente tenemos que soportar.
Es realmente inconcebible que aún hoy tenga validez el aborto tetarológico llamado revocatoria de mandato. Ese fenómeno jurídico es inaceptable. ¿Cómo es posible que el voto emitido libremente y a conciencia por el pueblo quede a merced de los aberrantes caprichos del tótem llamado CEN (Camarilla Enemiga Nacional)?
La Constitución civilizada que nos urge, ha de decapitar la nefasta revocatoria de mandato, pues, los “sabios” miembros del CEN con desfachatez le dicen al legislador: “Te cuadras callada y dócilmente a nuestras órdenes, porque de lo contrario te daremos una patada en el trasero y te mandamos de patitas para tu casita”. El timorato legislador, a quien lo único que le viene a romo cacumen son los 10 mil dólares, presto se arrodilla ante el despiadado centurión CEN y presa de incontenible temblor le reza al tótem una oración incoherente, prometiendo incondicional sumisión. ¡Cuánta degradación!
La nueva Constitución establece que todo nombrado para administrar justicia ha de ser independiente políticamente. El nombrado con cínica sonrisa y desfachatez chocante escribe: “presento renuncia irrevocable al partido que hasta hoy me ha distinguido como uno de sus fieles miembros”.
El baladí argumento esgrimido por la Procuraduría General de la Nación de carecer de tiempo y poder legal para deshilar el ovillo de inconfesables delitos, creo que justifica un nuevo tribunal o fiscalía. Sé que el nuevo tribunal o fiscalía a crearse no está establecido en Constitución alguna de los países libres y soberanos de este convulsionado mundo. Sin embargo, ¿por qué no puede ser Panamá el primero en instituirlo? Ya es hora de imponer pautas, ser creadores y no vulgares copiones de lo extranjero.
El nuevo tribunal o fiscalía estará facultada para investigar toda clase de corrupción, tales como desfalcos, exoneraciones injustificadas, subastas y licitaciones amañadas, contratos, tratos y tratados turbios, así como a todo aquel que se sospeche haya cometido ilícitos contra el Estado, aunque vista de cuello y corbata, y aunque sea “compadre” de la primera mandataria.
Sé que los rutinarios trilladores de las estrechas y fangosas sendas vociferarán denuestos y escupirán esputos virulentos porque dirán que todo esto es un imposible, una quimera, una utopía.
La nueva Constitución tiene que cortar de tajo el cúmulo de canonjías, prebendas, privilegios e inmunidades con que cuentan los mediocres “padres de la patria”. Tiene esta que eliminar (prohibir):
1. Viajes al exterior sufragados por el Estado. 2. Pago de teléfono y celular. 3. Exoneración de impuesto sobre compra de autos. 4. Gasolina. 5. Pago al suplente cuando este actúa como legislador. 6. Reelecciones indefinidas (solo permitirá una reelección: cinco ó 10 años de bufonadas bastan). 7. Aprobación por insistencia de todo proyecto ley ya vetado que prohíja inmunidades, privilegios y canonjías al legislador. 8.Y un sinfín de bandideces más.
La nueva Constitución tendrá que eliminar el codiciado jamón llamado subsidio electoral. El subsidio electoral es inaudito, pues, son muchos los grandes problemas nacionales de toda índole que están urgidos de pronta solución. Esto prima sobre el derroche de dinero en pomposas juergas electorales.
En la nueva Constitución que se necesita con carácter de urgencia, los nominados para magistrado, juez, fiscal, procurador y contralor serán evaluados por la honorable Corte de Justicia y no por el poder ejecutivo, puesto que la cúpula del poder ejecutivo pretenderá siempre controlar todo el andamiaje político.
Para terminar, cabe preguntarse si habrán pensado los inflados de vanidad que están en la cima del poder, aunque sea por un minuto, acerca del inmenso dolor desgarrador que taladra el corazón de los padres y madres que con lágrimas que queman se abrazan al oír el llanto lastimero, angustioso y agonizante del hijo porque la filosa guadaña de doña Parca le está haciendo añicos el estómago. ¡No, que va! A los que por designios del destino saquean el país, les ponen a la mesa opíparos manjares, finos vinos y deliciosos postres. Entonces, ¿para qué atormentarse pensando en el infeliz que muere lentamente echado en el polvoriento piso de un tugurio o en una pestilente pocilga?
El autor es educador jubilado
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