Panamá, 24 de septiembre de 2003
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¡Ni un paso atrás!

Chávez es un farsante, un incapaz, un egocéntrico y capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder; eso se sabía mucho antes que llegara a la Presidencia

Tomás Paredes Royo

Esta frase de triste recordación y engaño para muchos panameños, la utiliza hoy la oposición venezolana que quiere la salida de Hugo Chávez de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela. Este hermano país, con el cual estoy unido por sangre, debate su futuro entre la anarquía, la incapacidad, la incredulidad, la tozudez y la altanería de muchos, ciertamente malos ingredientes para buscar la paz, la unidad y la prosperidad que tanto necesitan los venezolanos. Sin embargo, por el desarrollo de los acontecimientos parece que, en la crisis de Venezuela, la suerte está echada.

La sociedad venezolana es digna de estudio. De hecho, hay algunos trabajos sesudos que han estudiado la baja autoestima colectiva, la toma centralizada de las decisiones políticas, privilegio de unos cuantos, y la ausencia de una institucionalidad para explicar la falta de articulación y vinculación de la gestión del Estado con las necesidades de la población. Por ello, en el tiempo surgió una sociedad dividida, sometida al vaivén de los aciertos y errores de los gobiernos de turno, donde el juega vivo, la influencia, el oportunismo y el bien individual valen mucho más que la honradez, el acatamiento a las leyes, el respeto a las autoridades y el bien común de la ciudadanía.

Pero como suele suceder en estos casos, todos hablan de la hediondez del muerto, pero nadie hace nada, mucho menos aceptar parentesco con el mismo. Mientras tanto, políticos, militares, banqueros, industriales, curas, transnacionales, comerciantes, y una clase media profesional surgida del bienestar económico que ha tenido en promedio Venezuela gracias a sus múltiples y valiosos recursos naturales, se fueron haciendo de un país donde campea la corrupción, el tráfico de influencias y la impunidad, dejando de lado a una población creciente, cada vez más pobre, con menos oportunidades de trabajo, aislada de los beneficios de salud, educación, vivienda y transporte, temas de sustancia en los discursos demagogos de cada cinco años al momento de elegir presidente.

Por lo tanto, es falso pretender que los vientos huracanados que hoy cosecha Venezuela fueron sembrados por el actual gobierno, el cual más bien es uno de los resultados de los 40 años de “democracia” que vivió ese país a partir de los 60, y que los historiadores del actual régimen han querido bautizar como la IV República. Que Chávez es un farsante, un incapaz, un egocéntrico y capaz de cualquier cosa para mantenerse en el poder; eso se sabía mucho antes que llegara a la Presidencia. Pero bueno, lo que se vivía en Venezuela antes de Chávez, eso que todos esos privilegiados creían que nunca acabaría, daba cabida a la posibilidad de que surgiera cualquier cosa, incluso un fenómeno como Chávez.

Hoy Venezuela está paralizada. Como bien dicen los que juegan dominó, bastante popular en ese país, el juego está trancado. La empresa Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), de propiedad del Estado, tiene sus principales refinerías y sistemas de distribución paralizados. El SENIAT, organismo que cobra los impuestos, tiene a sus funcionarios apoyando el paro. El descontento y las manifestaciones de rechazo a Chávez son cada día mayores y abiertas a lo largo y ancho del territorio de ese país. Incluso su esposa, María Isabel, de quien se encuentra separado, ha solicitado al pueblo presionar por la renuncia del presidente, manifestando que Venezuela no se puede hundir por culpa de un hombre.

Atrás, moribundo, queda un esfuerzo por dialogar y llegar a un acuerdo entre el gobierno y la oposición, con la presencia y mediación de César Gaviria, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA). Esta iniciativa, como de costumbre, llegó demasiado tarde y por tal razón ninguno de los bandos le dio la menor oportunidad de éxito. Durante este tiempo de diálogo ciertamente sucedió lo contrario a lo prometido públicamente por las partes. Se incrementó la anarquía en el país, con resultados que lamentar ante muertos y heridos adicionales a los del 11 de abril. La dirigencia, tanto de tirios como de troyanos, logró hablar su verdad hasta la saciedad, pero demostró una incapacidad crónica para escuchar la verdad de la otra parte. En las sesiones de trabajo reinó la incredulidad ya que las acciones y hechos en la calle se encargaron de matar las palabras y promesas de la mesa. Incluso, la tozudez y la altanería de los líderes que no estaban sentados a la mesa de negociación, lograron aniquilar la humildad, la tolerancia y la creatividad para buscar una salida institucional a la crisis de Venezuela.

Así las cosas, mientras más se grita con euforia en las calles y medios de comunicación de Venezuela “Ni un paso atrás”, menos se conoce cómo se dará ese paso hacia delante para resolver los serios problemas que confronta el país y enrumbarlo por un sendero de democracia y de respeto hacia todas las corrientes de pensamiento y clases sociales. ¿Y Chávez? Será presidente hasta que los militares que lo apoyan se cansen de cargar un supuesto proceso de cambios que se quedó en lo cosmético y en lo retórico, y no logró profundizar y llegar hasta los más necesitados, la inmensa mayoría de los venezolanos.

El autor es empresario

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