Jóvenes políticos
Jóvenes, no seamos una voz más en la lucha por saber quién grita más alto; seamos verdaderos constructores de la patria
Nehemías Jaén
Por primera vez en tantos años de ser lector de La Prensa, al que considero el mejor diario del país, he leído un artículo bajo la autoría de un estudiante de bachillerato (“Un ejemplo digno de no seguir”, de Erick H. Santamaría 23/8/03), razón por la cual quiero felicitarlo por la iniciativa presentada, y sobre todo a la persona encargada de la sección de opinión.
Sin ánimo de ser intolerante con las opiniones publicadas por grandes personajes panameños, dejaré de lado las propias, por algún tiempo, relacionadas con el acontecer nacional.
Definitivamente la política no se lleva en la sangre, y ni hablar de los apellidos; por eso estoy totalmente convencido de que los ideales o lineamientos de uno u otro partido político son transmitidos de generación en generación y con el correr de los años el individuo, que se ha convertido en un tiro al blanco de ideas y pensamientos, deberá tener la madurez emocional e intelectual para aceptar o rechazar aquello que los padres le quisieron imponer, o simplemente las circunstancias en que le tocó o le toca vivir y, por ende, desarrollarse.
En estos momentos en que muchas personas quieren caminar de la mano con la juventud para alcanzar sus objetivos es cuando, más que nunca, los jóvenes tenemos que hacer un alto para reflexionar y revisar si verdaderamente estamos preparados para enfrentar el que reto que significa la toma de decisiones veraces y objetivas, y sobre todo independientes.
Es que ya no podemos seguir siendo títeres de nuestros adultos, no podemos seguir imitando actos que no deberían llamarse ejemplo; pero, al fin y al cabo, de ellos hay buenos y malos.
Tenemos que ser nosotros los que limpiemos la imagen, teñida de todos los colores, de nuestra política nacional, y que quede claro que rechazo los grupos estudiantiles-universitarios que sin bases ni fundamentos se tiran a la calle como vulgares y corrientes, que pareciera que la escuela no pasó por ellos sino ellos por la escuela. Estamos llamados a hacer una política diferente.
Se nos ha vendido eso de que somos la gente del futuro. No seamos tontos, ¿cómo vamos a ser el futuro sin haber tomado posición en el presente?, ¿cómo cambiar la política istmeña si nos limitamos a la indiferencia y a la apatía por lo que nos rodea?, además de no tomar parte desde ahora en las decisiones si no nos pronunciamos.
Es que a veces pareciera que solo vemos un canal de televisión o leemos un solo periódico; con esto quiero dejar planteado que debemos hacer un cambio radical, el cual no se limita a escuchar una sola voz u opinión, para que no caigamos en el círculo vicioso de repetir lo que ya ha sido mil veces repetido, sino que con argumentos podamos presentar formal y respetuosamente nuestras opiniones y consideraciones sobre aquello que nos preocupa con el fin de que estas sean posibles soluciones.
Jóvenes, no seamos una voz más en la lucha por saber quién grita más alto; seamos verdaderos constructores de la patria para que los valores idealizados dejen de serlo, y convirtamos nuestros ideales en verdadera expresión de verbo y acción.
El autor es legislador juvenil y estudiante graduando del colegio La Salle de Margarita
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