Arzobispo profético
Nuestro arzobispo y los obispos de las otras iglesias están actuando proféticamente, con una inspiración superior, para llevar la voz de otros con un objetivo altruista: la búsqueda del bien común
Jorge Gamboa A.
Nuestro pastor, monseñor José Dimas Cedeño, en los últimos tiempos ha ejercido su ministerio en forma profética. En las acepciones del término profeta, reconocidas por nuestras escrituras además de las revelaciones divinas del futuro, la acepción más conocida por la mayoría es la de ser un hombre dotado de conocimientos superiores, hombre inspirado, o también el que lleva la palabra en nombre de otro hombre.
En su intervención en la toma de posesión de la nueva junta directiva de la Asamblea Legislativa y en la Cita Eucarística, monseñor Cedeño habló alto y claro, llevando la palabra en nombre de otros hombres, en forma inspirada y con conocimientos superiores; llamó la atención a los políticos para que corrijan sus actuaciones, censuró la corrupción, la violencia, también tocó a los medios de comunicación y a los periodistas para que promuevan lo bueno, censuren lo malo y dejen de estar publicando imágenes que atentan contra la dignidad de víctimas y familiares.
Habló de que en el centenario de la República debemos darnos un nuevo orden, en la confluencia de la mayor participación de sus ciudadanos. Esto no es otra cosa que dotarnos de un nuevo orden constitucional.
El Foro panamá 2020, el cual cuenta con el aval expreso del arzobispo al haber participado en algunas de sus asambleas y haber exhortado a que se continúe ese tipo de trabajo, ha propuesto en su seno, por una amplia mayoría, con la objeción de un solo sector, que se consulte al pueblo en los próximos comicios sobre la voluntad de ese pueblo para darse un nuevo orden constitucional a través de un ejercicio constituyente, el de mayor participación democrática conocido.
Esta misión profética, la de ser portavoz de los anhelos de otros hombres, también la desarrollan los obispos miembros del Comité Ecuménico Nacional, que aglutina a las iglesias cristianas históricas de Panamá, las que, según entiendo, creen también que es un momento crucial de la vida política de nuestra República para darnos un nuevo orden, un orden más justo, más ético, más humano y desde el punto de vista de ellas, más cristiano, es decir, de un Estado de servicio para los más pobres, donde el ser humano sea el centro de la acción del Estado y no el crecimiento económico.
Para desarrollar esto último, las Iglesias Cristianas del Comité Ecuménico –entre las que está la católica, entiendo– ven con buenos ojos el mecanismo de la consulta popular a través de una “quinta papeleta” en los comicios venideros, consulta que daría un mandato al nuevo gobierno que se instale el 1 de septiembre de 2004, para que en un periodo de tres a seis meses convoque a elecciones de constituyentes de libre y partidaria postulación, los cuales pueden trabajar ad honorem por tres meses o no más de seis meses, con el único fin de dotarnos de una nueva Constitución, respetando los términos de los elegidos por las otras cuatro papeletas en esos comicios de mayo próximo.
Nuestro arzobispo y los obispos de las otras iglesias están actuando proféticamente, con una inspiración superior, para llevar la voz de otros con un objetivo altruista: la búsqueda del bien común; entendiendo que el ejercicio constituyente es un instrumento para que los hombres de buena voluntad sean bienaventurados.
El autor es odontólogo y político
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