Agosto en París: kilómetros en busca de una buena ‘baguette’
Hanns-Jochen Kaffsack
DE DPA
PARIS, Francia. —Hay que caminar kilómetros para conseguir una buena
baguette.
En las panaderías de la vuelta de la esquina, los hornos están fríos, y los maestros panaderos están de vacaciones en la provincia.
También los restaurantes cercanos tienen las cortinas echadas. La única alternativa es buscar en las guías gastronómicas algún local que esté abierto en otro barrio de la ciudad. Eso sí. El camino hacia allí es más agradable, porque las calles están vacías y el metro no está en huelga.
Es agosto en la capital de Francia. Y en este mes, París es diferente.
A pesar de todos los esfuerzos de repartir las vacaciones de verano en varios meses, agosto sigue siendo el mes de descanso de los parisinos. Quien se tenga que quedar (o quiera), disfruta por eso de un ambiente especial en la ciudad junto al Sena.
Puede ir al cine con aire acondicionado. Refrescarse en las piscinas públicas. Y por la noche dar un paseo debajo de la Torre Eiffel o por las Jardines de las Tullerías cerca del Louvre. “Fuera de las dificultades con la
baguette,
“agosto tiene verdaderas ventajas”, opina Patrick, un artista de 59 años de edad. Y la abogada Nathalie, de 40, comenta: “La vida cotidiana es mucho más agradable”.
Cuando no suben los valores de ozono con el calor, el aire —con al menos un cuarto menos de tráfico— es claramente mejor. Además, el conductor encuentra rápidamente aquello que en los restantes 11 meses del año le cuesta nervios y muchas vueltas por su barrio: una plaza de aparcamiento.
En la ciudad, cuyos habitantes registran el mayor consumo de tranquilizantes de Europa, todo transcurre de manera más relajada. En los mercados menos abastecidos, por ejemplo, el cliente es el rey.
En el metro, en tanto, hay más música y mendigos de lo habitual. Después de todo, hay muchos turistas en la ciudad.
Fuera de los túneles del metro hay más conciertos de jazz y música clásica que nunca. La música y los cines al aire libre en los parques son el gran éxito del verano, así como la “playa de París”, junto al Sena, que es visitada por millones de personas.
La
canicule
, el fuerte calor de las últimas semanas, adelantó un poco los síntomas del otoño. Los plátanos ya se deshicieron de parte de sus hojas.
A la mañana siguiente, otra vez toca hacer el largo camino en busca del pan. Al menos, pronto abrirá el pequeño restaurante de la esquina. Pero entonces también estarán de regreso todos los demás. Y París volverá a ser la metrópoli ruidosa y enervante de siempre.
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