Vendo tus lágrimas
No podríamos pedir que el periodismo renuncie a su deber de informar, pero cuando la información involucra a personas, debemos respetarlas
Rolando Aparicio O.
Hace unos años escribí sobre la utilización que los medios de comunicación les dan a las tragedias que suceden en el mundo entero; al parecer el mal hábito se ha convertido en vicio.
Seguimos viendo una y otra vez escritos o imágenes que nos hablan del mundo real en que vivimos. Las epidemias en las ciudades, los accidentes de la naturaleza, huracanes, terremotos e inundaciones; las guerras y sus secuelas, los accidentes de tránsito y la violencia intrafamiliar que son en verdad situaciones de la vida y que están presentes.
Querer negar que estos acontecimientos se dan o que no son reales es tratar de ocultar el sol con una mano. Cuando amanece cada día, nos corresponde llevar una vida lo más coherente con el ser humano; nunca permitir que las calamidades del mundo nos aterroricen como para no salir de nuestras casas. Pero de llegar un momento difícil en el día, estar dispuestos a enfrentarlo y salir victoriosos.
Pienso que los medios de comunicación fallan en ocasiones, al aprovechar la emotividad envuelta en los accidentes, tragedias y enfermedades de las personas. Informar sobre lo sucedido está dentro de las funciones del periodismo; también podría el profesional de la información hacer una investigación más profunda sobre algún caso específico que considere oscuro o injusto. De esa manera la profesión del periodismo estaría ofreciendo un servicio a la justicia y el respeto de los derechos de los ciudadanos.
Cuando en la sociedad los medios de comunicación se fueron olvidando de sus metas y objetivos se empezaron a catalogar según colores, rojo, amarillo...entonces pueden seguir siendo profesionales, aun cuando lo que escriben o muestran en los medios se aleja cada vez más de los principios éticos que deben regir toda profesión, incluyendo el periodismo. Hay que estar atentos a la voz que me dice cuándo no cumplo, cuándo es incorrecto, qué debo mostrar y qué información nunca debo callar.
No podríamos pedir que el periodismo renuncie a su deber de informar, pero cuando la información involucra a personas, debemos respetarlas en su dignidad. Aun después de muerto el peatón tiene dignidad, como el conductor que lo arrolló, y los familiares que lloran a su ser querido. ¿Informar o vender lágrimas?
Sale el profesional de la comunicación y recorre kilómetros para hacer a una madre recordar con dolor a su hija muerta en una trifulca callejera. La muerte de su hija fue hace unos meses, pero el solo hecho de recordarla la hace llorar... El profesional graba ese rostro y a la hora de mayor audiencia vende sus lágrimas. Los que ven el programa (o leen sus palabras) sin darse cuenta están siendo utilizados también; las técnicas de mercadeo saben asociar emociones con productos.
Al día siguiente, la madre que fue visitada el día anterior queda con su recuerdo una vez más herido; los que vieron el programa y ayer dijeron “pobre mujer”, hoy siguen trabajando en sus vidas, y el periodista se viste de su color preferido y vuelve a salir en busca de más emociones para vender.
El autor es sacerdote de la Iglesia católica
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