Panamá, 27 de agosto de 2003
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Clérigos moderados luchan con militantes en Irak

Oficiales de la ocupación encabezada por Estados Unidos reconocen que ninguna comunidad es más crucial que las de los chiítas

Neil MacFarquhar

NAJAF, Irak. -Los clérigos que tienen influencia sobre la mayoría de musulmanes chiítas de Irak están trabados en una violenta lucha de poder, la cual enfrenta a los ayatolás más viejos y establecidos, quienes aconsejan paciencia ante la ocupación que encabeza Estados Unidos, en contra de una facción más militante, ansiosa por fundar un Estado islámico.

Se sospecha que los militantes han perpetrado diversos ataques, incluyendo el del fin de semana pasado, diseñado para eliminar o cuando menos perturbar a los académicos religiosos de Najaf, al tiempo que los chiítas sienten que ha llegado su momento.

El derramamiento de sangre empezó en abril, con el asesinato del joven y prominente clérigo Abdel Majid al-Joei, en el interior del santuario más sagrado de la ciudad. Ese asesinato sigue siendo un tema con potencial explosivo que, tanto la policía como fiscales, confirmaron a regañadientes por primera vez este lunes, en el sentido de que aproximadamente 12 sospechosos habían sido detenidos este mes y que estaban pendientes más arrestos.

El tenso enfrentamiento se está desarrollando entre los retorcidos callejones de esta santa cabecera, una batalla por la dirigencia de la comunidad chiíta de Irak, misma que representa el 60% de los aproximadamente 25 millones de habitantes.

En una esquina yacen los ancianos ayatolás, arracimados en torno al gran ayatolá Alí al-Sistani, todos apostándole a que solamente es cuestión de tiempo antes de que Estados Unidos produzca un Estado democrático que los chiítas puedan dominar tan solo mediante su número.

Dispersos entre ellos existen opositores de mayor activismo a la ocupación estadounidense, los cuales respaldan a Moktada al-Sadr y creen que los chiítas deberían buscar con determinación un Estado islámico, basado en el modelo de mandato clerical de Irán.

Si bien no están haciendo un llamamiento por una guerra santa de modo directo, los jóvenes clérigos insinúan la probabilidad. Nadie señala directamente a Sadr, el descendiente de una larga fila de clérigos ilustres, pero la policía, fiscales y oficiales de Estados Unidos, sin mencionar a najafíes ordinarios, señalan en particular a su grupo como la fuente de la violencia.

“Todos en la ciudad esperaban que ocurriera algo similar”, dijo Qassim Shabbar, comerciante de Najaf, con respecto a la probable participación de Sadr en los actos violentos más recientes. Un atentado con bomba el domingo pasado, afuera de la residencia de un ayatolá conservador, Moammed said al-Hakim, dio muerte a tres hombres.

Un aspecto que está opacando toda la discusión acerca del poderío chiíta es el interrogante del papel que Irán juega aquí. Oficialmente, los iraníes han dicho que desean un Irak estable y democrático, anticipando que eso traería el dominio de los chiítas.

Sin embargo, algunos líderes iraquíes albergan sospechas de que Irán desea mantener preocupado a Estados Unidos con un Irak inestable, en vez de volver su atención a la vecina república islámica, y por tanto está apoyando a Sadr, o peor aún, a los restos diseminados del Ansar al-Islam, grupo de militancia islámica que oficiales de Estados Unidos creen que ha estado tramando ataques en contra de objetivos occidentales en Bagdad.

En las consecuencias inmediatas del asesinado de Joei, hijo de un reverenciado gran ayatolá que fue muerto bajo Sadam Husein, residentes de Najaf se mostraron demasiado temerosos como para hablar al respecto. Pero hace unas cuantas semanas, con toda deliberación, colgaron pancartas en las calles y hablaron con franqueza de sus sospechas en cuanto a que Sadr, o cuando menos sus seguidores, tenían algo que ver en ello.

“Deshonor y humillación a los herejes, los asesinos”, leía una de las pancartas cerca de la oficina de Sadr. De manera similar, algunos residentes dijeron que sus oponentes se estaban escurriendo hasta la puerta de la oficina por las noches, pegando fotografías de Joei sobre ella.

El jeque Ahmed Shabani, uno de los asesores de Sadr, negó que los seguidores de Sadr hubieran participado en algún acto de violencia.

Conservadores en Najaf consideran a Sadr y a sus seguidores como agentes provocadores. La diferencia entre los dos grupos está claramente de manifiesto durante cualquier evento religioso, tan clara como la diferencia entre un grupo de gente que prefiere la música para bailar y un grupo de amantes de música sinfónica.

Los seguidores de Sadr están totalmente envueltos en el fervor, entonando cánticos llenos de ardor en contra de Estados Unidos. “¡Somos Sadr en contra de los infieles!”, al tiempo que brincan y golpean sus pechos rítmicamente a pesar del calor de agosto. Los seguidores del clérigo en edad más avanzada, incluso sus partidarios jóvenes, toman asiento llenos de cortesía, en formación, o se quedan de pie, cantando melifluos lemas apolíticos.

Entre las propuestas más polémicas de Sadr ha estado la formación de una popular milicia que, según afirman sus asesores más importantes, proporcionaría mayor seguridad en barrios chiítas. De igual forma, se concibe como una policía de la moralidad, que haría valer normas de conducta musulmana en sitios públicos.

“No es un ejército para crear desestabilización o para socavar la seguridad”, destacó el jeque Mohammed Fartousi, uno de los principales asesores de Sadr en Ciudad Sadr, enorme barriada de Bagdad con una población de 2 millones que alberga las bases populares de respaldo para Sadr. “Ayudará a los oprimidos”.

Los militantes tienen cuidado de no arriesgarse a la ira de las fuerzas estadounidenses y no los mencionan por nombre, pero la amenaza de comprometerlos se percibe muy claramente casi en cada sermón, en cada entrevista.

“No contamos con aviones ni tanques ni artillería, como nuestros enemigos”, destacó Fartousi, jurando que decenas de miles de voluntarios que se están registrando para el Ejército de los Mahdi que defenderán barrios chiítas de cualquier ataque “incluso si llegamos al grado de que se nos acaben las piedras, entregaremos nuestros cuerpos”.

En Najaf, prominentes clérigos emitieron declaraciones sarcásticas acerca de las perspectivas de cualquier tipo de milicia popular protegiendo figuras o santuarios del chiísmo.

Con todo, algunos comerciantes en Bagdad temen que ya se haya moldeado alguna forma de violenta clandestinidad religiosa. Prácticamente cada licorería en la ciudad –comercio limitado de manera exclusiva a los cristianos debido a que el islamismo prohíbe el alcohol– ha sido objeto de ataques con bombas incendiarias o con proyectiles en las noches, en meses recientes.

Los jóvenes clérigos en torno a Sadr argumentan que el alcohol debería ser prohibido, pero enfatizan que no están usando la violencia para impedir su venta.

Oficiales de la ocupación encabezada por Estados Unidos reconocen que ninguna comunidad es más crucial que las de los chiítas.

Un oficial de alto rango entre los ocupantes describió el consentimiento tácito de los ayatolás de alto rango hacia el hecho de que las fuerzas de ocupación dirijan temporalmente el país como un factor estratégico, enfocado a establecer qué estabilidad hay. “Resulta esencial conservar el apoyo de los chiítas para el éxito de la coalición”, concluyó.

The New York Times News Service

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