Panamá, 20 de agosto de 2003
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BUEN COMER
Rino’s

El ambiente es un poco rococó, pero la comida es familiar

ARISTOLOGA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
revista@prensa.com

La tercera es la vencida. Por la vieja casona de la Avenida Federico Boyd ya pasaron Italianni’s y Stone’s, y ahora la ocupa Rino’s, la más reciente propuesta que dirigen los hermanos Tamburrelli hacia un mercado más sofisticado. Aunque la fórmula elegida en esta ocasión —ambiente sofisticado a precios accesibles— es sensata, su ejecución puede resultar algo confusa. La decoración es barroca: manteles de borlas, frisos barrocos y lámparas art nouveau con una buena dosis de oropel. Para los que gusten de este estilo, perfecto. Para otros, puede resultar un poco excesivo, pero lo que sí consta es que en la mayoría de los detalles se nota una ejecución esmerada.

El nivel de la comida es superior al de los negocios originales de la familia, y está al nivel de, por ejemplo, Alberto’s (que también es propiedad del otro hermano, Alberto Tamburrelli), y el servicio estuvo muy bueno, no solo en nuestra mesa sino en mesas contiguas, que estuvimos observando.

El menú es kilométrico y Rino, que está al pie del cañón, nos comentó su intención de depurarlo durante los próximos meses. Lo que sería bueno porque actualmente es más de lo que puede abarcar una mente privada de proteínas, como la mía en ese momento.

Para resolvernos el problema de pasar por los numerosos epígrafes —que si antipastos fríos y calientes, bandejas para picar, sopas, bruschettas, paninis y ensaladas—, de entrada nos decantamos por una bandeja de mariscos que traía un pulpo al carbón buenísimo, calamar a la plancha muy bueno también, almejas al ajillo riquísimas y —por equivocación— en vez del seviche frito que reza el menú, croquetas. Nos quejamos y trajeron el seviche frito que tuvo reacciones mixtas, ya que a los RDT les gustó, pero a mí me pareció un tris mariscoso. Las cebollas alimonadas típicas que lo acompañan sí estuvieron ricas.

La bandeja de carnes trae filete, puerco liso y pechuga troceados, pero todos salteados juntos, lo que les quita la gracia. Aunque no recomiendo esta última, necesito decir que ambas bandejas traen unos patacones buenísimos. Además probamos unas berenjenas rebosadas con tsatziki que estuvieron ¡espectaculares! Las berenjenas finitas, perfectamente cocidas dentro de su masa crocante y delgada, son dignas de libro de texto. La tsatziki no tiene mucho ajo, eso sí. Probamos unos buffalo wings , que no nos gustaron.

Pedimos varias pastas y un risotto con champiñones, que según el menú es hecho con arroz Arborio. Tras un largo debate entre nosotros, y luego con Rino, llegué a la conclusión de que sí, era Arborio, pero sobrecocido, por lo que el grano creció demasiado y terminó pareciendo arroz criollo. Tampoco ayudó el que usen bechamela para darle textura cremosa al mejunje. En resumen, fue para olvidar. Entre las pastas, pedimos unos raviolis rellenos de ricotta con salsa de tomate, perfectamente normales, pero he de decir que me gustaron más las pastas secas, entre las que probé unos penne alla Arrabiata con salsa de tomate, jamón, hongos y un tris de picante que me gustó y una alla Carbonara que estuvo estupenda. En ocasión posterior, me hice traer otra Carbonara, de incógnito, y estuvo igual de rica que la que me sirvieron como Aristóloga. También estuvieron excelentes las pizzas, aunque la Rino Suprema (peperone, salami, jamón, pollo, aceitunas, almejas y hongos) trae demasiado chéchere para mi gusto. Me gustaron mucho más las pizzas más sencillas, como la de queso. Las bruschettas también están ricas, y aunque la de hongos gratinados sabe muy bien, la de tomate gratinada también hace una rica sensación en boca, entre el tomate fresco y el queso derretido y la masa de foccaccia que les queda muy bien.

También probamos unos penne con langosta y pesto donde el pesto, que estuvo sabroso, hizo que la langosta sobrara; fettucine a la Médici (espinacas y bechamela) simples pero reconfortantes, y otra, que no figura en el menú, con salsa rosé y langostinos. Se puede pedir un plato con un dúo o trío de pastas, pero en ese caso sugiero que no se mezclen muchos sabores a la vez.

Entre los platos fuertes, el filete a la pimienta verde de RDT estuvo demasiado duro para mi gusto y el pollo Cordon Bleu, relleno de jamón cocido y queso mozarella, trajo una salsa con un toque de vino que estuvo sabrosa. Ahora, definitivamente hay que recordar que el concepto (a pesar de la decoración rococó) es de restaurante familiar, y no hay que esperar un fond de veau , ni mucho menos. Estas salsas son estilo gravy con su dosis de cubito, y dudo que le sea tarea fácil a Tamburrelli sacarles el cubito del hipotálamo a todos sus cocineros. Pero ubiquémonos, que por los precios está bien.

Otro día lo dediqué a los mariscos: recomiendo los langostinos al maracuyá y, si lo tienen fresco, el centollo al natural, que en esa ocasión estuvo tan perfecto, que prescindí de mantequillas y mayonesas y me lo comí solito (y solita, sin darle “fítin” a nadie).

Los postres estuvieron buenos: una mousse de guanábana con su mal necesario (en los restaurantes, a las mousses hay que ponerles un poco de gelatina por cuestión de logística) pero coronada de crema de batir genuina, no la sintética, que fue la favorita de la mesa; un mejunje de chocolate con amaretto congelado que estuvo muy sabroso y un delicia de café helado que estuvo rico. A mi RDT “chocohólica” le encantó el tartufo de chocolate, a base de helado y galletas. Hacen varios dulces a base de los helados que (no sorprende) también producen los hermanos. El cheesecake no es de helado y es bastante competente. También pedimos un café al manjar blanco que estuvo sabrosón. La lista de vinos falta por terminar (me gustaría ver más vinos italianos en la mezcla) pero lo que tienen lleva precios muy razonables y tienen, además, bar completo y menú para niños con muy buenos precios.

El restaurante está muy bien pensado: tiene un par de terrazas al fresco donde se puede fumar, rampa y estacionamientos para discapacitados, valet parking y música en vivo de jueves a sábado. Dixit.

Calificación: ***

Presupuesto: $$

Dirección: Avenida Federico Boyd

Horario: de lunes a domingo, de 12 del día a 12 medianoche. Los fines de semana cierran más tarde, dependiendo de los clientes.

Teléfono: 223-1090

Acceso a discapacitados: Rampa y estacionamientos, valet parking.

Aceptan: todas las tarjetas

Recomendamos: Berenjenas apanadas con tzatziki (B/. 5.00), lingüini a la Carbonara (B/. 5.75)

Buena relación costo-calidad: Bruschetta alla Napolitana (B/. 2.50), bandeja de mariscos (B/.17.95)


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